Como todos ustedes saben se aproxima la fecha en que comenzará la XX Asamblea Provincial. No quisiera dejar pasar más tiempo sin hacer llegar a todos una corta motivación en relación con este evento.
Hay diversos tipos de reunión, de encuentros. El nuestro es (debe ser) un encuentro de fe y en la fe. Una reunión que debe servirnos para fortalecer nuestros lazos eudistas, para mirarnos con objetividad, para arriesgar diálogos abiertos, para buscar el crecimiento de cada eudista, de cada candidato, de cada asociado y para ver (de manera inteligente y con esperanza) para dónde queremos los eudistas llevar la Provincia.
Quiero que coloquemos nuestra atención en esta última expresión: “llevar la Provincia”. La Provincia Eudista de Colombia no camina sola, ella camina hacia donde nosotros (como colectivo y con compromiso personal) la llevemos. Si nuestra acción sobre ella no es consciente, planeada, articulada, entonces ella – por el peso de la inercia – seguirá caminando pero con un caminar pesado y, quizá, desorientado.
Lo peor que puede sucedernos es acostumbramos demasiado a las realidades. Ello puede afectar incluso estas reuniones previstas por las Constituciones, haciendo de ellas simples reuniones de trámite (las Constituciones dicen que hay que hacer Asamblea Provincial por lo menos cada seis años, entonces hagamos Asamblea). No se trata de “hacer Asamblea por hacerla” sino porque la necesitamos.
Durante las visitas provinciales que he podido realizar durante este semestre, muchos han expresado su preocupación por la actual coyuntura que estamos viviendo y por el futuro que nos espera (o, mejor, por el futuro que nos corresponde construir). Debemos tomar consciencia de que lo que está en juego es la vida de la Provincia y, en ella, nuestra propia vida, pues – creo yo – la suerte de la nave es también la suerte de los tripulantes y pasajeros. Y en esta nave que llamamos Provincia no debe haber ni tripulante ni pasajero pasivo. En esta nave no deberíamos caer en la lógica del “me lleven”, “me hagan”, “me den”, sino en la lógica del “llevemos”, “hagamos”, “demos”…tenemos que crear posibilidades. No podemos quedarnos esperando a que las cosas sucedan; es nuestro deber “hacerlas suceder”.
No quisiera que cayéramos en una actitud de desinterés, pensando que esta Asamblea es un problema de quienes fueron elegidos para participar en ella en calidad de delegados. De estos últimos se espera, en su participación, clara actitud de fe, una buena dosis de amor por la Congregación, sentido eclesial, compromiso con el mundo, apertura y delicadeza para el diálogo, posiciones claras, objetivas y mesuradas; sana actitud crítica, actitud “propositiva” y decisión de construir con otros en la perspectiva del bien común. De todos los miembros de la Provincia se espera actitud de fe, apoyo orante, interés por el debate, compromiso real con la vida de la Provincia y con las decisiones que surjan de la Asamblea.
Nuestras Constituciones nos recuerdan que:
“La asamblea provincial trata todos los asuntos que tienen un interés general para la Provincia” (Cfr. Const. 100) Entre esos asuntos, en especial podemos subrayar:
a) El estado del personal y de las obras.
b) El desarrollo de proyectos especiales decididos anteriormente.
c) La organización de la vida de la Provincia en sus grandes líneas.
d) La realidad económica y financiera de la Provincia y la proyección a futuro.
e) Algunos temas claves que – coyunturalmente – puedan estar afectando la vida de la Provincia en su caminar histórico.
Hago, pues, un llamado a todos: incorporados, candidatos y asociados a entrar en un clima de Asamblea. Sugiero que en cada comunidad local se ore y se celebren eucaristías con esta intención. Si algunos están de vacaciones, desde donde estén, entren en comunión con la Asamblea Provincial. Pidamos a San Juan Eudes que interceda por nosotros, pues se trata de su “petite congrégation”; roguemos a Nuestra Señora que avive en nosotros el deseo de acoger la orientación que ella dio a los servidores en la Boda en Caná “Hagan lo que Él (Jesús) les diga” (Jn 2,5). Supliquemos al Señor Jesús que así como lo hizo con sus primeros discípulos – después de su resurrección – “sople” sobre nosotros su Espíritu Santo y haga de nosotros sus “Discípulos y misioneros, para que nuestros pueblos tengan vida en Él.”
P. Alirio Raigozo Camelo, cjm
Superior Provincial 13-06/2008 | |