Comentarios y aportes para la Lectio Divina de la semana XXII del Tiempo Ordinario
Lunes 1 de septiembre de 2008
Arturo
Presentación
1 Cor 2,1-5
Estamos en la semana de la carta a los Corintios, donde la mejor fuente de información sobre la vida y la personalidad de san Pablo nos las muestran sus cartas. Corinto era una de las primeras ciudades del Imperio, más importante que Atenas, que había perdido su papel político y se había refugiado en la vida intelectual. Todas las actividades de los grandes puertos prosperaban: turismo, comercio, hasta la prostitución y el libertinaje. Una ciudad tan próspera y moderna como Corinto, medio griega, medio romana, debió impresionar a san Pablo. Pablo se hospedó en casa de Äquila y Priscila y su predicación se mantuvo al comienzo dentro del marco de la sinagoga.
¿Cuál es la sabiduría del Señor?
San Pablo: esa sabiduría es el crucificado.
Para Jesús: es su propia misión de liberación, de gracia y de anuncio de la Buena Nueva.
Lectura del texto de san Lucas 4, 16-30
16Llegó a Nazaret, donde se había criado. El sábado entró en la sinagoga, según su costumbre, y se levantó para tener la lectura. 17Le entregaron el volumen del profeta Isaías y, desenrollando el volumen, dio con el pasaje donde estaba escrito:
18El Espíritu del Señor descansa sobre mí,
porque él me ha ungido.
Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres,
a proclamar la libertad a los cautivos
y la vista a los ciegos,
a poner en libertad a los oprimidos
19 a proclamar el año favorable del Señor (Is 611 2)
20Enrolló el volumen, lo devolvió al sacristán y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él 21y empezó a hablarles:
-Hoy ha quedado cumplido este pasaje ante vosotros que lo habéis escuchado.
22Todos se declaraban en contra extrañados del discurso sobre la gracia que salía de sus labios y decían:
-Pero, ¿no es éste el hijo de José?
23Él les repuso:
-Seguramente me citaréis el proverbio aquel: “Médico, cúrate tú”; todo lo que nos han dicho que ha ocurrido en esa Cafarnaún, hazlo también aquí en tu tierra.
24Y añadió:
-Os aseguro que a ningún profeta lo aceptan en su tierra. 25Pero no os quepa duda de que en tiempo de Elías, cuando no llovió en tres años y medio y hubo una gran hambre en toda la región, había muchas viudas en Israel; 26y, sin embargo, a ninguna de ellas enviaron a Elías, pero sí a una viuda de Sarepta en el territorio de Sidón. 27Y en tiempo del profeta Eliseo había muchos leprosos en Israel y, sin embargo, ninguno de ellos quedó limpio, pero sí Naamán el sirio.
28Al oír aquello, todos en la sinagoga se pusieron furiosos 29y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad y lo condujeron hasta un barranco del monte sobre el que estaba edificada su ciudad, para despeñarlo. 30Pero él se abrió paso entre ellos y emprendió el camino.
Breve explicación del texto
La escena tiene lugar en la sinagoga de Nazaret, esta ciudad es donde lo han educado, ha crecido, es suficientemente conocido, es bastión del nacionalismo más exaltado, merced a su complicada orografía, que favorecía la resistencia armada contra las tropas de ocupación. Jesús regresa a su pueblo con la aureola de predicador y taumaturgo de que viene rodeado por su actividad en Cafarnaún (cf. 4,23). Jesús tiene por costumbre acudir a la sinagoga el sábado, para enseñar y encontrarse con el pueblo (4,15). En Nazaret, sin embargo, proclama el cambio total que se ha producido en su vida después de la gran experiencia de Dios que ha tenido en el Jordán. Jesús tiene ahora plena conciencia de ser el Mesías que ha de inaugurar el reinado definitivo de Dios en la historia de la humanidad. Pero sabe muy bien que su mesianismo no comulga con el triunfalismo que lo rodea. Las tentaciones del desierto han servido para clarificar este concepto.
El ambiente de la sinagoga es de suma expectación. Pretende que Jesús se pronuncie públicamente a favor de la causa nacionalista y que se ponga del lado de los fanáticos. Jesús es quien toma la iniciativa de levantarse para tener la lectura. Recordemos que la liturgia se componía de oraciones y lecturas. La parte central era la lectura de algunos pasajes de la Ley (primeros cinco libros de la Biblia) y luego uno de los profetas; después de la lectura venía un comentario edificante para la asamblea. Jesús hace y comenta la lectura del pasaje. El responsable de la sinagoga pone en sus manos el rollo del profeta Isaías, que contenía ciertas profecías mesiánicas que todos se sabían de memoria. Jesús abre el volumen en el pasaje preciso (4,17: «dio», después de buscarlo, «con el pasaje donde estaba escrito») donde se habla sin ambages del cambio histórico que el Mesías debía llevar a cabo a favor de Israel y contra las naciones paganas que lo oprimen. Lee en voz alta este pasaje, pero interrumpe la lectura al final del primer hemistiquio de un verso, silenciando el otro hemistiquio que todos esperaban. El texto de Isaías (61,ls) decía:
«El Espíritu del Señor descansa sobre mí,
/ porque él me ha ungido…
para proclamar el año favorable del Señor
/ y el día del desquite (de Dios).»
- Þ La homilía de Jesús
Después que proclama el texto de Isaías, Jesús pronuncia su brevísima homilía: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy” (4,22). Es como si hubiera dicho: “Esto ya no es más una promesa profética, se ha cumplido con mi acción”.
La Buena noticia del Reino en boca de Jesús entonces es ésta:
- El anuncio de la buena noticia a los pobres…
¡Se ha cumplido hoy!
- La proclamación de la liberación a los cautivos
y la recuperación de la vista a los ciegos
¡Se ha cumplido hoy!
- La liberación de los oprimidos
¡Se ha cumplido hoy!
Jesús proclama que la profecía se acaba de cumplir en su persona (4,21: «Hoy ha quedado cumplido este pasaje ante vosotros que lo habéis escuchado») y centra su homilía en la inauguración del Año Santo por excelencia, «El año favorable del Señor», pero omite cualquier referencia al desquite y castigo contra el Imperio romano opresor. De ahí que «todos estaban extrañados de que mencionase tan sólo las palabras sobre la gracia» (4,22a).
La autoridad para realizar la misión viene de la unción con el Espíritu. El texto de Isaías originalmente piensa en la unción de un profeta (como en 1 Reyes 19,16); de hecho, según el pensamiento de los rabinos de la época de Jesús “un profeta habla en el Espíritu Santo”.
Aplicación al hoy
Nos encontramos con el “acto inaugural” de la misión de Jesús según Lucas. El texto de Isaías le servirá de telón de fondo para anunciar lo nuclear de su ministerio: dar buena noticia a los pobres, anunciar libertad a los cautivos, visión a los ciegos, liberación a los oprimidos, año de gracia para todos. Indudablemente estamos ante la irrupción de algo totalmente nuevo. Jesús no es un profeta más, sino el gran profeta por excelencia que anuncia la inauguración de una nueva etapa para todo el pueblo. Por eso “todos tenían los ojos fijos en él”. Alguien que quiere que las cosas cambien según el designio de Dios. Indudablemente que esto le traería incomprensión, pues no todos estaban dispuestos a entender la novedad del mensaje ni a dejarse arrebatar por esta propuesta inédita. Jesús les hace ver su incredulidad y su escepticismo. Por eso quieren despeñarlo, esto es, quitarlo de en medio porque se percibe como una amenaza. Bien sabemos que todo profeta trae esperanza para el pueblo, pero también devela situaciones contrarias al plan de Dios. Por eso el profeta es incómodo, controvertido, polémico. Sin embargo, esa es la esencia de nuestra vocación cristiana: ser profetas de esperanza en un mundo cansado de esperar y ahogado por la técnica y el mercado.
Martes 2 de septiembre de 2008
Moisés - Antolín
Presentación
San Pablo, nos sigue presentando la sabiduría de la cruz, esa sabiduría y poder nos han sido dados por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros. Pero, sólo el Espíritu es el que nos da la gracia de cambiar, dejar malos hábitos, dejar miedos e incluso, dejar atrás todo lo que nos aleja del Señor: el pecado.
El hombre con su sola inteligencia no puede comprender las cosas del Espíritu de Dios. En cambio el hombre espiritual puede juzgar correctamente todo.
En esta tarea de lucha contra el mal, nosotros debemos empeñarnos, primero reconocer el mal que existe en nuestro interior y, luego, el que está asediando a nuestros hermanos.
Lectura del texto de Lucas 4, 31-37
31Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y el sábado les estuvo enseñando. 32Quedaban impresionados por su enseñanza, porque hablaba con autoridad,
33Había en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu, un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces:
34-¡Deja! ¿Qué tienes tú contra nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú, el Consagrado por Dios.
35Jesús le conmino:
-¡Cállate la boca y sal de él!
El demonio lo tiró por tierra allí en medio, pero salió de él sin hacerle ningún daño.
36Todos se quedaron estupefactos y comentaban entre ellos:
-¿Qué modo de hablar es éste, que con autoridad y fuerza da órdenes a los espíritus inmundos y salen?
37Su fama iba llegando a todos los lugares de la comarca circundante.
Breve explicación del texto
Jesús continúa su enseñanza en un espacio más ventilado, donde se entrecruzan toda clase de ideologías y de intereses. Cafarnaún es un mundo en pequeño. Sigue frecuentando la sinagoga, con el fin de encontrar público a quien proclamar la buena noticia. Pero su enseñanza no es como la de los letrados, funcionarios de la palabra de Dios, a quienes no les va ni les viene nada. «Quedaban impresionados por su enseñanza, porque hablaba con autoridad» (4,32). Habla por propia experiencia y con convicción; cree en lo que dice, y lo dice con fuerza, de tal manera que libera a quien lo escucha.
El espíritu de la sinagoga se pone en guardia. Están alarmados, porque la gente se les va detrás de Jesús. Este espíritu malo se encarna de alguna manera en un individuo: «Había en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu, un demonio inmundo» (4,33).
Un endemoniado es un hombre poseído por una ideología que le enajena completamente la libertad y lo hace hablar como instrumento de otro. Este personaje, enmarcado por el escenario sinagogal, representa una parte del público, que se alarma ante el mesianismo que Jesús pretende exponer. Habla en plural: « ¡Deja! ¿Qué tienes tú contra nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos?» Tienen miedo de que el patriotismo nacionalista pierda terreno. Recuerda a Jesús su origen y tradición familiar. Si continúa hablando así, hará fracasar la liberación de Israel. «Sé quién eres tú, el Consagrado por Dios» (4,34), añade. Está bien enterado de que es el Mesías. Lo sabe por los de Nazaret, donde Jesús se presentó como el Ungido por Dios.
Pero este Mesías no se corresponde con las nobles y bien justificadas expectativas nacionalistas que recurren a la violencia para sacudirse el yugo que los violenta. De hecho, no hay otra manera de liberarse de las tropas de ocupación que la guerra santa.
Jesús no se deja instrumentalizar. Libera con un conjuro al hombre poseído por aquella ideología de muerte y le devuelve su condición de hombre libre, que piensa por si mismo. Este no es, de ninguna manera, un caso aislado. La gente no para de preguntarse: «¿Qué modo de hablar es éste, que con autoridad y fuerza da órdenes a los espíritus inmundos y salen?» (4,36). Es palabra que crea espacios de libertad, es palabra que al mismo tiempo que es pronunciada actúa y libera, es la Palabra ungida con el Espíritu creador de Dios que continúa el proceso de humanización del hombre en medio de tantos arribistas que se arrogan el poder de Dios en beneficio de sus intereses mezquinos. La noticia se esparce por todos los rincones de la comarca.
Aplicación al hoy
Luego del anuncio de su misión, Jesús va de Nazaret a Cafarnaún para continuar su ministerio. La gente se asombra porque les “habla con autoridad”, es decir, con argumentos respaldados en la vida. No es pura palabrería como los fariseos o los escribas. Son palabras que transmiten vida y “encienden el corazón de quienes le escuchan”. En el interior de la sinagoga hay un hombre con un espíritu inmundo. Hasta la institución religiosa más importante para el mundo judío estaba contaminada de corrupción y de falsedad; tengamos en cuenta que el redactor utiliza la primera persona del plural para referirse al endemoniado. El hombre no soporta la presencia de Jesús, porque lo pone en evidencia. Pero la palabra de Jesús tiene fuerza liberadora que es capaz de dominar el mal y expulsarlo, pues no serán la muerte, la enfermedad o la maldad quienes tengan la última palabra sobre la humanidad, sino la Palabra de Dios. Este hecho corrobora lo dicho antes: su palabra tiene autoridad para derrotar las fuerzas del mal que dominan al ser humano. Nuestra palabra tendrá autoridad, fuerza liberadora cuando esté suficientemente respaldada por el testimonio de vida. De lo contrario, serán palabras que “se lleva el viento”.
Miércoles 3 de septiembre de 2008
Gregorio Magno
Presentación
San León Magno, nació en el año 540 y murió en el 604, gobernó la Iglesia durante 14 años (590-604). No obstante su deteriorada salud, realizó una obra considerable. En la contemplación encontraba la fuente de su acción. Fue un organizador de la liturgia, basta recordar la promoción del canto gregoriano, se caracterizó por su familiaridad con la sagrada Escritura.
Lectura del texto de Lucas 4, 38-44
38Dejó la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba aquejada de fiebre muy alta, y le rogaron por ella. 39El, de pie a la cabecera, conminó a la fiebre y se le pasó. Levantándose en el acto, se puso a servirles.
40Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con más variadas dolencias se los llevaron, y él, aplicándoles las manos a cada uno de ellos, los fue curando. 41De muchos salían también demonios, gritando:
-¡Tú eres el Hijo de Dios!
El les conminaba y no les permitía decir que sabían que era el Mesías.
42Al hacerse de día salió y se marchó a un lugar despoblado. Las multitudes lo andaban buscando, dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. 43El les dijo:
-También a las otras ciudades tengo que dar la buena noticia del reinado de Dios, pues para eso me han enviado.
44Y anduvo predicando por las sinagogas del país judío.
Breve explicación del texto
Primero en la sinagoga de Nazaret («Todos se declaraban en contra»), después en la de Cafarnaún («¿Has venido a destruirnos?»), ahora «en casa de Simón», en todas partes predomina el mismo espíritu: «La suegra de Simón estaba aquejada de fiebre muy alta» (4,38). La «fiebre», también en nuestro contexto cultural, puede expresar un patriotismo enfervorizado y fanático. Pero postra a la persona y le arrebata toda libertad de movimientos. Lucas describe el entorno «familiar» de Simón, futuro discípulo de Jesús, vinculándolo -aunque de forma indirecta («suegra»)- al movimiento o ideología zelota. Jesús conmina a la fiebre, como lo había hecho en Cafarnaún, y ésta se va. Cuando la fiebre (de poder) se va, ella «se puso a servirles» (4,39). El espíritu de servicio será la tónica del grupo de Jesús.
«Al hacerse de día salió y se marchó a un lugar despoblado» (lit. «desierto») (4,42a). Una vez que pierde su vigencia el precepto del «sábado», comienza el «día» propiamente dicho, es el «día» de su vida pública, que culminará en la cruz (23,45: «al eclipsarse el sol»), durante el cual desarrollará toda su actividad liberadora en el «desierto» de la sociedad, donde pululan toda clase de ambiciones de poder que intentarán inútilmente desviarlo de su propósito y apoderarse de él: «Las multitudes lo andaban buscando, dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese» (4,42b).
Lo que en el primer «desierto» venía expresado en lenguaje simbólico, bajo la imagen del Tentador, que trataba de desviarlo del camino que él iba recorriendo en el seno de la sociedad hostil gracias al empuje constante y permanente del Espíritu («el Espíritu lo fue llevando por el desierto durante cuarenta días -la duración de su vida-, mientras el diablo lo tentaba», 4,1-2), en este segundo «lugar despoblado» viene expresado en un lenguaje más sencillo, bajo la imagen de las multitudes que andan a la búsqueda de un líder o gurú que les solucione todos los problemas espirituales…, temporales y políticos.
«Jesús les dijo: “También a los otros pueblos tengo que dar la buena noticia del reinado de Dios, pues para eso he sido enviado”» (4,43). Jesús tiene una visión demasiado amplia para los horizontes estrechos de sus contemporáneos de Cafarnaún…, ¡y de los de hoy! Eso de «el Pueblo de Dios» en sentido excluyente (con artículo y en mayúscula), como si los demás pueblos no lo fuesen también, no responde al designio del Dios Creador del universo. Ni «pueblo de Israel» ni ningún otro. También a los «otros pueblos», en nuestro derredor no judíos, sino paganos y paganizados, debemos anunciarles que son tan «pueblo de Dios» como se llamó a sí mismo Israel y como pretendemos llamarnos nosotros. A no ser que por «el pueblo de Dios» entendamos el pueblo constituido por los pobres, desheredados y desaparecidos, el pueblo crucificado, a la cabeza del cual está el Crucificado de Nazaret.
Aplicación al hoy
El anuncio del reino de Dios está acompañado de signos de salvación. Jesús sale de la sinagoga, símbolo de la institución religiosa, y entra en la casa, símbolo de la comunidad del reino que va creciendo desde la pequeñez y la familiaridad. Pero en la casa también hay presencia del mal. Ahora es una mujer enferma con una fiebre muy alta. Le piden a Jesús que haga algo por ella. El increpa a la fiebre, y la mujer se levanta y se pone a servirles. Otras personas postradas por la enfermedad o poseídas por espíritus del mal son llevadas a la presencia de Jesús para que las cure. Jesús sigue demostrando su poder frente al mal. Definitivamente el reino de Dios ha irrumpido con fuerza en medio de la historia para vencer a la muerte e implantar la vida en abundancia. Esa es también nuestra misión: dejar atrás las fiebres causadas por el egoísmo, la ambición y la injusticia, y ponernos a servir a Jesús, que es servir incondicionalmente al reino de Dios. La comunidad eclesial, cuerpo de Cristo, está llamada a continuar la obra de Jesús a lo largo de la historia generando un dinamismo salvador capaz de llegar a todos los pueblos del mundo.
Jueves 4 de septiembre de 2008
Irma - Rosalía
Presentación
La vocación cristiana no tiene exclusividades de ningún tipo. Dios llama al estudiante, al profesional, mujer, obrero…para que utilizando sus cualidades y carismas, le sirva al Señor. El cristiano vive en la alegría del Señor: vivir en la presencia de Jesús.
Lectura del texto de Lucas 5, 1-11
5 1Mientras la multitud se agolpaba alrededor de él para escuchar el mensaje de Dios, estando él también a la orilla del lago, 2vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. 3Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le rogó que la sacase un poco de tierra. Se sentó y, desde la barca, se puso a enseñar a las multitudes.
4Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
-Sácala adonde haya fondo y echad vuestras redes para pescar.
5Simón le contestó:
-Jefe, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, fiado en tu palabra, echaré las redes.
6Asi lo hicieron, y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. 7Hicieron señas a los socios de la otra barca para que fueran a echarles una mano. Fueron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. 8Al ver esto, Simón Pedro se postró a los pies de Jesús, diciendo:
-Apártate de mi, Señor, que soy un pecador.
9Es que él y todos los que estaban con él se habían quedado pasmados por la redada de peces que habían cogido, 10y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón:
-No temas; desde ahora pescarás hombres vivos.
11Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Breve explicación del texto
La llamada de los primeros discípulos tiene como marco el lago de Genesaret. Lucas, a diferencia de Mateo y de Marcos, evita denominarlo «mar», pues su travesía connotaría la salida/éxodo del territorio judío hacia los paganos, siendo así que para Lucas el punto de partida del éxodo del Mesías ha de ser precisamente el centro espiritual de la religiosidad judía, Jerusalén (cf. Lc 24,47-48; Hch 1,8). En el encabezamiento del episodio de la pesca -anticipado en relación con el de Jn 21,1-14- Lucas establece una referencia implícita («también él») a un pasaje conocido de los lectores, la profecía de Ezequiel sobre el río de aguas salutíferas que mana del templo y sanea las aguas del mar (Ez 47,1-10): «Mientras la multitud se agolpaba alrededor de él para escuchar el mensaje de Dios, también él se paró a la orilla del lago de Genesaret y vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes» (Lc 5,1-2).
Se cumple la profecía: «Se pararán pescadores a sus orillas, procedentes de Engadí hasta Eglain; habrá tendederos de redes» (Ez 47,l0a). Ahora bien, en nuestro caso -como veremos inmediatamente, los pescadores han pasado la noche bregando y no han pescado absolutamente nada (Lc 5,5), mientras que allí se prometía una «pesca variada, tan abundante como la hay en el mar Grande, una cantidad extraordinaria» (Ez 47, l0b). El contrapunto servirá para dar relieve a la actuación de Jesús.
Mientras que allí era el agua que manaba del templo la que saneaba las aguas, aquí será la enseñanza de Jesús la que calificará la actividad de los pescadores: «Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le rogó que la sacase un poco de tierra. Se sentó y, desde la barca, se puso a enseñar a las multitudes» (Lc 5,3).
Jesús se vale de dos grupos humanos ya constituidos, simbolizados por las dos barcas, liderados ambos por Simón, para ejemplarizar el alcance de la nueva enseñanza que imparte a la gente. La enseñanza de Jesús se traduce de inmediato en hechos palpables: «Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Sácala adonde haya fondo y echad vuestras redes para pescar”» (5,4). Simón reconoce que el liderazgo de Jesús es superior al que él ejercía sin fruto: «Jefe, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, fiado en tu palabra, echaré las redes» (5,5).
El término «jefe» es buena muestra del concepto que Pedro se ha formado de Jesús después de haber escuchado su enseñanza. A partir de ahora, los discípulos, siempre que se dirijan a Jesús, lo llamarán así, pues lo consideran un líder. La «noche» representa el pasado infructuoso de la actividad del grupo, que, capitaneado por Simón, ha experimentado la ineficacia de los medios humanos, en los que tanto confiaba.
El resultado de la nueva actividad asumida por el grupo bajo las directrices de la enseñanza de Jesús es totalmente otro: «Así lo hicieron, y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes» (5,6). La nueva experiencia es compartida de inmediato por los socios de la otra barca, el otro grupo humano que había compartido hasta ese momento los ideales propugnados por Simón, llenándose de tal modo las barcas que casi se hundían (5,7). La única diferencia que existe entre su actividad anterior y la presente es el contenido nuevo de la enseñanza impartida por Jesús. El fruto abundante será una constante de la actividad humana llevada a cabo bajo las directrices de Jesús.
«Al ver esto, Simón Pedro (la primera vez que se presenta en el Evangelio el calificativo de “Pedro” “piedra”, “duro de mollera”) se postró a los pies de Jesús, diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” (5,8). Pedro está en contradicción consigo mismo: si bien no es un judío practicante (cf. 4,38), se siente indigno/impuro ante Jesús, que viene a liberar precisamente a los que se tienen o son tenidos por «pecadores/descreídos» (cf. 5,32).
El texto evangélico insiste en la existencia de una comunidad humana y en el liderazgo de Simón, previos a la llamada de Jesús: «Es que él y todos los que estaban con él se habían quedado pasmados por la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón» (5,9-10a).
Jesús asume las realidades humanas, pero cambia su dirección: «No temas; desde ahora pescarás hombres vivos» (5,10b). Uno y otro grupo dejan los valores en que confiaban hasta ahora, y empiezan el seguimiento de Jesús (5,11), seguimiento al que serán invitados de ahora en adelante todos los que quieran ser sus discípulos. No se trata de un simple consejo evangélico, sino de una condición indispensable para llegar a ser miembros del grupo de Jesús. Este «dejarlo todo», por otro lado, comporta un cambio total en la escala de valores, cambio que no se realiza en un instante ni por un acto de generosidad, por muy pensado y reflexionado que se quiera hacer, sino día tras día, en la medida en que cada uno va integrando los valores del reino en la experiencia cotidiana.
Aplicación al hoy
La obra misionera de Jesús no se reduce a un pueblo o un minúsculo momento de la historia de la humanidad. El reino de Dios es una propuesta integral y total. Porque afecta todas las dimensiones del ser humano, y porque no se agota en momentos específicos y lugares determinados, sino que resulta “válida” para todos los que quieran construir una cultura según los valores evangélicos. Para continuar este proyecto, Jesús necesita de un grupo de personas que se dejen sorprender por esta noticia maravillosa que va transformando la realidad. Por eso llama a un grupo de discípulos (y discípulas) para que vengan a “echarle una mano” dejando su quehacer cotidiano y asuman una nueva aventura que desestabiliza y, a la vez, entusiasma. Estas personas toman el riesgo de seguirle. Seguramente tenían miedo e incertidumbre. Pero se ponen en camino tras las huellas de Jesús. Disponen sus habilidades para el arte de la pesca al servicio del anuncio del reino. Hoy necesitamos mujeres y hombres dispuestos a correr este riesgo y apostarle todo al proyecto del reinado de Dios, a pesar de nuestras limitaciones, falencias y temores. Por el camino iremos despejando dudas y aprendiendo a enfrentar dificultades. Lo importante es comenzar la caminada. ¿Te arriesgas?
Viernes 5 de septiembre de 2008
Victorino - Bta. Teresa de Calcuta
Presentación
Con el ayuno reconocemos que la vida y las cosas materiales que poseemos no nos pertenecen, sino que son un don, un regalo que hemos recibido del buen Dios. El verdadero significado del ayuno es abstenerse de comer o abstenerse de algo que nos gusta para generar vida, esto es dar vida, ese es el verdadero sentido del ayuno, que en nuestro caso es dar vida espiritual.
Nosotros debemos hacer creíble el Evangelio con la vida, en eso consistió la santidad de la Madre Teresa y su servicio efectivo a los pobres.
Lectura del texto de Lucas 5, 33-39
33Ellos le dijeron:
-Los discípulos de Juan ayunan a menudo y tienen sus rezos, y lo mismo los fariseos discípulos; los tuyos, en cambio, a comer y a beber.
34Jesús les contesto:
-¿Acaso podéis hacer que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? 35Llegarán días en que les arrebaten al novio; entonces, aquellos días, ayunaran.
36Les propuso también una comparación:
-Nadie corta un manto nuevo para echarle una pieza a un manto viejo; de lo contrario, el nuevo quedará cortado y al viejo la pieza no le irá bien. 37Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, el vino nuevo reventará los odres: el vino se derramará y los odres se echarán a perder. 38No, el vino nuevo se echa en odres nuevos. 39Pero nadie, acostumbrado al de siempre, quiere uno nuevo, porque dice: “Bueno está el de siempre”.
Breve explicación del texto
Los discípulos de Jesús se comportan de una manera anómala con respecto a los otros grupos religiosos: no tienen ninguna regla de la comunidad, no cumplen con los rezos prescritos ni ayunan; no llevan, en una palabra, una vida ascética como sería de esperar de un nuevo movimiento religioso. Jesús es el responsable de este desenfreno: «¡a comer y a beber!» (5,33).
La respuesta de Jesús rompe todos los esquemas -los de entonces y los de los movimientos religiosos modernos-: concibe el reino de Dios como unas bodas orientales que nunca se acaban; él es el novio y los discípulos los amigos del esposo:
«¿Acaso podéis hacer que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos?», es decir, mientras dura la boda. «Llegarán días en que les arrebaten al novio» -precisamente los mismos que ahora le hacen el reproche arrebatarán violentamente al novio para darle muerte; «entonces, aquellos días -y sólo aquellos días-, ayunarán», los «tres días», símbolo de una totalidad, en la que Jesús estuvo muerto (5,34-35).
El ayuno, como las otras prácticas ascéticas, es un signo de muerte y no de vida. Jesús no concibe el reino como una funeraria, ni tampoco a Dios como un Dios de muertos y panteones. Solamente, como signo de duelo y de respeto, los días en que los portadores de muerte se lleven al novio, porque les molesta que cree tanta vida y alegría entre los suyos, entonces, en aquellos días precisos -y si se quiere, cuando se haga memoria de ello una vez al año, ayunarán… por culpa de ellos.
La parábola que añade Jesús, construida como de costumbre a partir de experiencias de la vida cotidiana, tanto de la mujer (manto viejo/pieza nueva) como del hombre (odres viejos/vino nuevo), muestra que hay un abismo entre las prácticas religiosas de la antigua alianza y las que debería evidenciar la nueva Alianza que inaugura Jesús. De hecho, en muchísimos aspectos estamos todavía en el Antiguo Testamento. Y es que la fuerza de la costumbre -también hoy- nos hace rechazar el cambio: «Pero nadie, acostumbrado alvino de siempre, quiere uno nuevo, porque dice: “Bueno está el de siempre”» (5,39).
La novedad del reino comporta el riesgo de vivir una nueva experiencia, la de hacer las cosas contando con la fuerza del Espíritu, el Vino nuevo. Quien intenta mezclarlo con prácticas, ritos, renuncias, mortificaciones y otras formas comunes a todas las religiones no hace otra cosa que poner un pedazo nuevo en un vestido viejo recortando retales del manto nuevo…, aunque esté de moda. El que esto hace se queda en cueros, «porque el nuevo quedará cortado y al viejo la pieza no le irá bien».
Aplicación al hoy
Los fariseos y los letrados, expertos expositores de la Ley y los profetas, cuestionan el proceder de Jesús y sus discípulos porque no se ajusta a las tradiciones establecidas por la religión oficial. Más aún, según el texto que hemos leído parece que las prácticas de Jesús y sus seguidores son motivo de escándalo porque desafían el status vigente. Jesús responde con tres parábolas que dejan ver la novedad del reino con respecto a la caducidad del esquema mental vigente. El novio y sus amigos que están alegres por su presencia, el remiendo nuevo en el vestido viejo, y el vino fresco colocado en recipientes viejos. El contenido del reino no es para ser vertido en viejas y caducas estructuras, sino para inaugurar una era totalmente novedosa que no se deja atrapar en tradiciones e instituciones que pretendan ahogarlo. Nosotros tampoco estamos libres de esta tendencia. Queremos agotar las posibilidades insospechadas del mensaje liberador y humanizador del Evangelio en instituciones, estructuras, normas, ritos, tradiciones. Pero es imposible, porque el reino sigue creciendo allí donde menos lo esperamos, en quienes menos sospechamos y de la manera menos pensada. La alegría del reino nadie la puede arrebatar, porque el “novio” se ha quedado para siempre con nosotros.
Sábado 6 de septiembre de 2008
Zacarías - Eva
Presentación
Jesús, el hombre libre de verdad, es una experiencia fundamental de Dios. En últimas un cristiano debe tener los mismos sentimientos de Cristo, en eso consiste el estilo de vida de un cristiano.
Lectura del texto de Lucas 6, 1-5
6 1Un día de precepto atravesaba él por unos sembrados; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. 2Unos fariseos les dijeron:
-¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?
3Jesús les replicó:
-¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros sintieron hambre? 4Entró en la casa de Dios, cogió los panes de la ofrenda - que sólo a los sacerdotes está permitido comer -, comió él y les dio a sus compañeros.
5y añadió:
-El Hombre es Señor del precepto.
Breve explicación del texto
En la primera parte, después de enunciar el principio: «Desde ahora pescarás -liberarás- hombres vivos», Lucas nos presenta a Jesús reintegrando los marginados de Israel y restableciendo la condición de persona al hombre privado de movimientos libres y responsables; en la segunda parte, después de enunciar un nuevo principio: «El vino nuevo se echa en odres nuevos», lo ejemplarizará en dos episodios.
Hay un cambio de escenario y de coordenadas temporales: «Un día de precepto atravesaba él por unos sembrados» (6,1a). Jesús es quien ha tomado la iniciativa de «atravesar unos sembrados». Los discípulos hacen uso de la misma libertad que les había inculcado el Maestro: «Sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano» (6, 1b). Cuando menos te lo esperas, aparecen unos espías fariseos. ¿De dónde han salido? Están al acecho por doquier, como garantes de la Ley que son: «¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?» (6,2). Si David lo hizo, responde Jesús, también podemos hacerlo nosotros: «El Hombre (lit. “El Hijo del hombre”, semitismo para designar el Hombre en su plenitud, portador del Espíritu) es Señor del precepto sabático» (6,5). Toda la creación está a disposición del hombre. Dios es el Creador, pero no de una vez para siempre, dedicándose después a descansar. Dios continúa trabajando, y el hombre ha de continuar sirviéndose de ella para su provecho. No se puede coartar la libertad del hombre, y menos en nombre de Dios. El precepto sabático ha caducado.
Aplicación al hoy
Esta semana culmina con los escándalos que provoca Jesús por sus prácticas desafiantes para el mundo cultural y religioso judío. Recordemos: la proclamación de su misión en la sinagoga de Nazaret provocando la ira de sus paisanos; la expulsión de espíritus inmundos incluso al interior de la misma sinagoga; la conformación del grupo de seguidores procedentes del mundo de la impureza; la controversia con los fariseos y escribas por las prácticas poco piadosas de sus discípulos. Ahora Jesús llega al colmo de su osadía al pretender cuestionar la sagrada institución del sábado. Pero no sólo la cuestiona, sino que se atreve a decir que el “Hijo del Hombre” es el Señor del sábado, siendo que el único que puede estar por encima de las instituciones religiosas es Dios. Con esta postura de Jesús queda claro que lo religioso ha de servir para humanizar y dignificar a la persona humana, y no para convertirla en factor de dominación esclavizante. Nuestros espacios religiosos deben ser lugares de vida, de esperanza, de fe y de amor que permitan a las personas sentirse amadas por Dios y por los hermanos. Nuestra gente está sedienta de espiritualidad; pero de una espiritualidad que humanice y construya personas libres y autónomas.