Comentarios y aportes para la Lectio Divina de la semana XXII del Tiempo Ordinario

Lunes 1 de septiembre de 2008

Arturo

Presentación

1 Cor 2,1-5

Estamos en la semana de la carta a los Corintios, donde la mejor fuente de información sobre la vida y la personalidad de san Pablo nos las muestran sus cartas. Corinto era una de las primeras ciudades del Imperio, más importante que Atenas, que había perdido su papel político y se había refugiado en la vida intelectual. Todas las actividades de los grandes puertos prosperaban: turismo, comercio, hasta la prostitución y el libertinaje. Una ciudad tan próspera y moderna como Corinto, medio griega, medio romana, debió impresionar a san Pablo. Pablo se hospedó en casa de Äquila y Priscila y su predicación se mantuvo al comienzo dentro del marco de la sinagoga.  

¿Cuál es la sabiduría del Señor?

San Pablo: esa sabiduría es el crucificado.

Para Jesús: es su propia misión de liberación, de gracia y de anuncio de la Buena Nueva.

 

Lectura del texto de san Lucas 4, 16-30

16Llegó a Nazaret, donde se había criado. El sábado entró en la sinagoga, según su costumbre, y se levantó para tener la lectura. 17Le entregaron el volumen del pro­feta Isaías y, desenrollando el volumen, dio con el pasaje donde estaba escrito:

18El Espíritu del Señor descansa sobre mí,

porque él me ha ungido.

Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres,

a proclamar la libertad a los cautivos

y la vista a los ciegos,

a poner en libertad a los oprimidos

19 a proclamar el año favorable del Señor (Is 611 2)

20Enrolló el volumen, lo devolvió al sacristán y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él  21y empezó a hablarles:

-Hoy ha quedado cumplido este pasaje ante vosotros que lo habéis escuchado.

22Todos se declaraban en contra extrañados del discurso sobre la gracia que salía de sus labios y decían:

-Pero, ¿no es éste el hijo de José?

23Él les repuso:

-Seguramente me citaréis el proverbio aquel: “Mé­dico, cúrate tú”; todo lo que nos han dicho que ha ocu­rrido en esa Cafarnaún, hazlo también aquí en tu tierra.

24Y añadió:

-Os aseguro que a ningún profeta lo aceptan en su tierra. 25Pero no os quepa duda de que en tiempo de Elías, cuando no llovió en tres años y medio y hubo una gran hambre en toda la región, había muchas viudas en Israel; 26y, sin embargo, a ninguna de ellas enviaron a Elías, pero sí a una viuda de Sarepta en el territorio de Sidón. 27Y en tiempo del profeta Eliseo había muchos leprosos en Israel y, sin embargo, ninguno de ellos quedó limpio, pero sí Naamán el sirio.

28Al oír aquello, todos en la sinagoga se pusieron furiosos  29y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad y lo condujeron hasta un barranco del monte sobre el que estaba edificada su ciudad, para despeñarlo. 30Pero él se abrió paso entre ellos y emprendió el camino.

 

Breve explicación del texto

La escena tiene lugar en la sinagoga de Nazaret, esta ciudad es donde lo han educado, ha crecido, es suficientemente conocido, es bastión del nacionalismo más exaltado, merced a su complicada orografía, que favorecía la resistencia armada contra las tropas de ocupación. Jesús regresa a su pueblo con la aureola de predi­cador y taumaturgo de que viene rodeado por su actividad en Cafarnaún (cf. 4,23). Jesús tiene por costumbre acudir a la sina­goga el sábado, para enseñar y encontrarse con el pueblo (4,15). En Nazaret, sin embargo, proclama el cambio total que se ha producido en su vida después de la gran experiencia de Dios que ha tenido en el Jordán. Jesús tiene ahora plena conciencia de ser el Mesías que ha de inaugurar el reinado definitivo de Dios en la historia de la humanidad. Pero sabe muy bien que su mesianismo no comulga con el triunfalismo que lo rodea. Las tentaciones del desierto han servido para clarificar este concepto.

El ambiente de la sinagoga es de suma expectación. Pretende que Jesús se pronuncie públicamente a favor de la causa nacio­nalista y que se ponga del lado de los fanáticos. Jesús es quien toma la iniciativa de levantarse para tener la lectura. Recordemos que la liturgia  se componía de oraciones y lecturas. La parte central era la lectura de algunos pasajes de la Ley (primeros cinco libros de la Biblia) y luego uno de los profetas; después de la lectura venía un comentario edificante para la asamblea. Jesús hace y comenta la lectura del pasaje. El respon­sable de la sinagoga pone en sus manos el rollo del profeta Isaías, que contenía ciertas profecías mesiánicas que todos se sabían de memoria. Jesús abre el volumen en el pasaje preciso (4,17: «dio», después de buscarlo, «con el pasaje donde estaba escrito») donde se habla sin ambages del cambio histórico que el Mesías debía llevar a cabo a favor de Israel y contra las naciones paganas que lo oprimen. Lee en voz alta este pasaje, pero interrumpe la lectura al final del primer hemistiquio de un verso, silenciando el otro hemistiquio que todos esperaban. El texto de Isaías (61,ls) decía:

«El Espíritu del Señor descansa sobre mí,

/ porque él me ha ungido…

para proclamar el año favorable del Señor

/ y el día del desquite (de Dios).»

  • Þ La homilía de Jesús

Después que proclama el texto de Isaías, Jesús pronuncia su brevísima homilía: “Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy” (4,22). Es como si hubiera dicho: “Esto ya no es más una promesa profética, se ha cumplido con mi acción”.

La Buena noticia del Reino en boca de Jesús entonces es ésta:

- El anuncio de la buena noticia a los pobres…

¡Se ha cumplido hoy!

- La proclamación de la liberación a los cautivos

y la recuperación de la vista a los ciegos

¡Se ha cumplido hoy!

- La liberación de los oprimidos

¡Se ha cumplido hoy!

Jesús proclama que la profecía se acaba de cumplir en su persona (4,21: «Hoy ha quedado cumplido este pasaje ante vosotros que lo habéis escuchado») y centra su homilía en la inauguración del Año Santo por excelencia, «El año favorable del Señor», pero omite cualquier referencia al desquite y castigo contra el Imperio romano opresor. De ahí que «todos estaban extrañados de que mencionase tan sólo las palabras sobre la gracia» (4,22a).

La autoridad para realizar la misión viene de la unción con el Espíritu. El texto de Isaías originalmente piensa en la unción de un profeta (como en 1 Reyes 19,16); de hecho, según el pensamiento de los rabinos de la época de Jesús “un profeta habla en el Espíritu Santo”.

Aplicación al hoy

Nos encontramos con el “acto inaugural” de la misión de Jesús según Lucas. El texto de Isaías le servirá de telón de fondo para anunciar lo nuclear de su ministerio: dar buena noticia a los pobres, anunciar libertad a los cautivos, visión a los ciegos, liberación a los oprimidos, año de gracia para todos. Indudablemente estamos ante la irrupción de algo totalmente nuevo. Jesús no es un profeta más, sino el gran profeta por excelencia que anuncia la inauguración de una nueva etapa para todo el pueblo. Por eso “todos tenían los ojos fijos en él”. Alguien que quiere que las cosas cambien según el designio de Dios. Indudablemente que esto le traería incomprensión, pues no todos estaban dispuestos a entender la novedad del mensaje ni a dejarse arrebatar por esta propuesta inédita. Jesús les hace ver su incredulidad y su escepticismo. Por eso quieren despeñarlo, esto es, quitarlo de en medio porque se percibe como una amenaza. Bien sabemos que todo profeta trae esperanza para el pueblo, pero también devela situaciones contrarias al plan de Dios. Por eso el profeta es incómodo, controvertido, polémico. Sin embargo, esa es la esencia de nuestra vocación cristiana: ser profetas de esperanza en un mundo cansado de esperar y ahogado por la técnica y el mercado.

 

Martes 2 de septiembre de 2008

Moisés - Antolín

Presentación

San Pablo, nos sigue presentando la sabiduría de la cruz, esa sabiduría y poder nos han sido dados por medio del Espíritu Santo que habita en nosotros. Pero, sólo el Espíritu es el que nos da la gracia de cambiar, dejar malos hábitos, dejar miedos e incluso, dejar atrás todo lo que nos aleja del Señor: el pecado.

El hombre con su sola inteligencia no puede comprender las cosas del Espíritu de Dios. En cambio el hombre espiritual puede juzgar correctamente todo.

En esta tarea de lucha contra el mal, nosotros debemos empeñarnos, primero reconocer el mal que existe en nuestro interior y, luego, el que está asediando a nuestros hermanos.

Lectura del texto de Lucas 4, 31-37

31Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y el sábado les estuvo enseñando. 32Quedaban impresionados por su ense­ñanza, porque hablaba con autoridad,

33Había en la sinagoga un hombre que tenía un espí­ritu, un demonio inmundo, y se puso a gritar a grandes voces:

34-¡Deja! ¿Qué tienes tú contra nosotros, Jesús Naza­reno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú, el Con­sagrado por Dios.

35Jesús le conmino:

-¡Cállate la boca y sal de él!

El demonio lo tiró por tierra allí en medio, pero salió de él sin hacerle ningún daño.

36Todos se quedaron estupefactos y comentaban entre ellos:

-¿Qué modo de hablar es éste, que con autoridad y fuerza da órdenes a los espíritus inmundos y salen?

37Su fama iba llegando a todos los lugares de la co­marca circundante.

 

Breve explicación del texto

Jesús continúa su enseñanza en un espacio más ventilado, donde se entrecruzan toda clase de ideologías y de intereses. Cafarnaún es un mundo en pequeño. Sigue frecuentando la sina­goga, con el fin de encontrar público a quien proclamar la buena noticia. Pero su enseñanza no es como la de los letrados, funcio­narios de la palabra de Dios, a quienes no les va ni les viene nada. «Quedaban impresionados por su enseñanza, porque ha­blaba con autoridad» (4,32). Habla por propia experiencia y con convicción; cree en lo que dice, y lo dice con fuerza, de tal manera que libera a quien lo escucha.

El espíritu de la sinagoga se pone en guardia. Están alarma­dos, porque la gente se les va detrás de Jesús. Este espíritu malo se encarna de alguna manera en un individuo: «Había en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu, un demonio inmun­do» (4,33).

Un endemoniado es un hombre poseído por una ideología que le enajena completamente la libertad y lo hace hablar como instrumento de otro. Este personaje, enmarcado por el escenario sinagogal, representa una parte del público, que se alarma ante el mesianismo que Jesús pretende exponer. Habla en plural: « ¡Deja! ¿Qué tienes tú contra nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos?» Tienen miedo de que el patriotismo na­cionalista pierda terreno. Recuerda a Jesús su origen y tradición familiar. Si continúa hablando así, hará fracasar la liberación de Israel. «Sé quién eres tú, el Consagrado por Dios» (4,34), añade. Está bien enterado de que es el Mesías. Lo sabe por los de Nazaret, donde Jesús se presentó como el Ungido por Dios.

Pero este Mesías no se corresponde con las nobles y bien justificadas expectativas nacionalistas que recurren a la violencia para sacudirse el yugo que los violenta. De hecho, no hay otra manera de liberarse de las tropas de ocupación que la guerra santa.

Jesús no se deja instrumentalizar. Libera con un conjuro al hombre poseído por aquella ideología de muerte y le devuelve su condición de hombre libre, que piensa por si mismo. Este no es, de ninguna manera, un caso aislado. La gente no para de preguntarse: «¿Qué modo de hablar es éste, que con autoridad y fuerza da órdenes a los espíritus inmundos y salen?» (4,36). Es palabra que crea espacios de libertad, es palabra que al mismo tiempo que es pronunciada actúa y libera, es la Palabra ungida con el Espíritu creador de Dios que continúa el proceso de humanización del hombre en medio de tantos arribistas que se arrogan el poder de Dios en beneficio de sus intereses mezquinos. La noticia se esparce por todos los rincones de la comarca.

 

Aplicación al hoy

Luego del anuncio de su misión, Jesús va de Nazaret a Cafarnaún para continuar su ministerio. La gente se asombra porque les “habla con autoridad”, es decir, con argumentos respaldados en la vida. No es pura palabrería como los fariseos o los escribas. Son palabras que transmiten vida y “encienden el corazón de quienes le escuchan”. En el interior de la sinagoga hay un hombre con un espíritu inmundo. Hasta la institución religiosa más importante para el mundo judío estaba contaminada de corrupción y de falsedad; tengamos en cuenta que el redactor utiliza la primera persona del plural para referirse al endemoniado. El hombre no soporta la presencia de Jesús, porque lo pone en evidencia. Pero la palabra de Jesús tiene fuerza liberadora que es capaz de dominar el mal y expulsarlo, pues no serán la muerte, la enfermedad o la maldad quienes tengan la última palabra sobre la humanidad, sino la Palabra de Dios. Este hecho corrobora lo dicho antes: su palabra tiene autoridad para derrotar las fuerzas del mal que dominan al ser humano. Nuestra palabra tendrá autoridad, fuerza liberadora cuando esté suficientemente respaldada por el testimonio de vida. De lo contrario, serán palabras que “se lleva el viento”.

Miércoles 3 de septiembre de 2008

Gregorio Magno

Presentación

San León Magno, nació en el año 540 y murió en el 604,  gobernó la Iglesia durante 14 años (590-604). No obstante su deteriorada salud, realizó una obra considerable. En la contemplación encontraba la fuente de su acción. Fue un organizador de la liturgia, basta recordar la promoción del canto gregoriano, se caracterizó por su familiaridad con la sagrada Escritura.

Lectura del texto de Lucas 4, 38-44

38Dejó la sinagoga y entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba aquejada de fiebre muy alta, y le rogaron por ella. 39El, de pie a la cabecera, conminó a la fiebre y se le pasó. Levantándose en el acto, se puso a servirles.

40Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos con más variadas dolencias se los llevaron, y él, aplicán­doles las manos a cada uno de ellos, los fue curando. 41De muchos salían también demonios, gritando:

-¡Tú eres el Hijo de Dios!

El les conminaba y no les permitía decir que sabían que era el Mesías.

42Al hacerse de día salió y se marchó a un lugar despo­blado. Las multitudes lo andaban buscando, dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. 43El les dijo:

-También a las otras ciudades tengo que dar la buena noticia del reinado de Dios, pues para eso me han enviado.

44Y anduvo predicando por las sinagogas del país judío.

 

Breve explicación del texto

Primero en la sinagoga de Nazaret («Todos se declaraban en contra»), después en la de Cafarnaún («¿Has venido a des­truirnos?»), ahora «en casa de Simón», en todas partes predomi­na el mismo espíritu: «La suegra de Simón estaba aquejada de fiebre muy alta» (4,38). La «fiebre», también en nuestro contexto cultural, puede expresar un patriotismo enfervorizado y fanático. Pero postra a la persona y le arrebata toda libertad de movimien­tos. Lucas describe el entorno «familiar» de Simón, futuro discí­pulo de Jesús, vinculándolo -aunque de forma indirecta («sue­gra»)- al movimiento o ideología zelota. Jesús conmina a la fiebre, como lo había hecho en Cafarnaún, y ésta se va. Cuando la fiebre (de poder) se va, ella «se puso a servirles» (4,39). El espíritu de servicio será la tónica del grupo de Jesús.

«Al hacerse de día salió y se marchó a un lugar despoblado» (lit. «desierto») (4,42a). Una vez que pierde su vigencia el precep­to del «sábado», comienza el «día» propiamente dicho, es el «día» de su vida pública, que culminará en la cruz (23,45: «al eclipsarse el sol»), durante el cual desarrollará toda su actividad liberadora en el «desierto» de la sociedad, donde pululan toda clase de ambiciones de poder que intentarán inútilmente desviarlo de su propósito y apoderarse de él: «Las multitudes lo andaban buscando, dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese» (4,42b).

Lo que en el primer «desierto» venía expresado en lenguaje simbólico, bajo la imagen del Tentador, que trataba de desviarlo del camino que él iba recorriendo en el seno de la sociedad hostil gracias al empuje constante y permanente del Espíritu («el Espí­ritu lo fue llevando por el desierto durante cuarenta días -la duración de su vida-, mientras el diablo lo tentaba», 4,1-2), en este segundo «lugar despoblado» viene expresado en un lenguaje más sencillo, bajo la imagen de las multitudes que andan a la búsqueda de un líder o gurú que les solucione todos los proble­mas espirituales…, temporales y políticos.

«Jesús les dijo: “También a los otros pueblos tengo que dar la buena noticia del reinado de Dios, pues para eso he sido enviado”» (4,43). Jesús tiene una visión demasiado amplia para los horizontes estrechos de sus contemporáneos de Cafarnaún…, ¡y de los de hoy! Eso de «el Pueblo de Dios» en sentido exclu­yente (con artículo y en mayúscula), como si los demás pueblos no lo fuesen también, no responde al designio del Dios Creador del universo. Ni «pueblo de Israel» ni ningún otro. También a los «otros pueblos», en nuestro derredor no judíos, sino paganos y paganizados, debemos anunciarles que son tan «pueblo de Dios» como se llamó a sí mismo Israel y como pretendemos llamarnos nosotros. A no ser que por «el pueblo de Dios» enten­damos el pueblo constituido por los pobres, desheredados y desaparecidos, el pueblo crucificado, a la cabeza del cual está el Crucificado de Nazaret.

 

Aplicación al hoy

El anuncio del reino de Dios está acompañado de signos de salvación. Jesús sale de la sinagoga, símbolo de la institución religiosa, y entra en la casa, símbolo de la comunidad del reino que va creciendo desde la pequeñez y la familiaridad. Pero en la casa también hay presencia del mal. Ahora es una mujer enferma con una fiebre muy alta. Le piden a Jesús que haga algo por ella. El increpa a la fiebre, y la mujer se levanta y se pone a servirles. Otras personas postradas por la enfermedad o poseídas por espíritus del mal son llevadas a la presencia de Jesús para que las cure. Jesús sigue demostrando su poder frente al mal. Definitivamente el reino de Dios ha irrumpido con fuerza en medio de la historia para vencer a la muerte e implantar la vida en abundancia. Esa es también nuestra misión: dejar atrás las fiebres causadas por el egoísmo, la ambición y la injusticia, y ponernos a servir a Jesús, que es servir incondicionalmente al reino de Dios. La comunidad eclesial, cuerpo de Cristo, está llamada a continuar la obra de Jesús a lo largo de la historia generando un dinamismo salvador capaz de llegar a todos los pueblos del mundo.

Jueves 4 de septiembre de 2008

Irma - Rosalía

Presentación

La vocación cristiana no tiene exclusividades de ningún tipo. Dios llama al estudiante, al profesional, mujer, obrero…para que utilizando sus cualidades y carismas, le sirva al Señor. El cristiano vive en la alegría del Señor: vivir en la presencia de Jesús.

 

Lectura del texto de Lucas 5, 1-11

5 1Mientras la multitud se agolpaba alrededor de él para es­cuchar el mensaje de Dios, estando él también a la orilla del lago, 2vio dos barcas que estaban en la orilla; los pes­cadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. 3Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le rogó que la sacase un poco de tierra. Se sentó y, desde la barca, se puso a enseñar a las multitudes.

4Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:

-Sácala adonde haya fondo y echad vuestras redes para pescar.

5Simón le contestó:

-Jefe, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, fiado en tu palabra, echaré las redes.

6Asi lo hicieron, y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes. 7Hicieron señas a los socios de la otra barca para que fueran a echarles una mano. Fueron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. 8Al ver esto, Simón Pedro se postró a los pies de Jesús, di­ciendo:

-Apártate de mi, Señor, que soy un pecador.

9Es que él y todos los que estaban con él se habían quedado pasmados por la redada de peces que habían co­gido, 10y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón:

-No temas; desde ahora pescarás hombres vivos.

11Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

 

Breve explicación del texto

La llamada de los primeros discípulos tiene como marco el lago de Genesaret. Lucas, a diferencia de Mateo y de Marcos, evita denominarlo «mar», pues su travesía connotaría la salida/éxodo del territorio judío hacia los paganos, siendo así que para Lucas el punto de partida del éxodo del Mesías ha de ser preci­samente el centro espiritual de la religiosidad judía, Jerusalén (cf. Lc 24,47-48; Hch 1,8). En el encabezamiento del episodio de la pesca -anticipado en relación con el de Jn 21,1-14- Lucas establece una referencia implícita («también él») a un pa­saje conocido de los lectores, la profecía de Ezequiel sobre el río de aguas salutíferas que mana del templo y sanea las aguas del mar (Ez 47,1-10): «Mientras la multitud se agolpaba alrede­dor de él para escuchar el mensaje de Dios, también él se paró a la orilla del lago de Genesaret y vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavan­do las redes» (Lc 5,1-2).

Se cumple la profecía: «Se pararán pescadores a sus orillas, procedentes de Engadí hasta Eglain; habrá tendederos de redes» (Ez 47,l0a). Ahora bien, en nuestro caso -como veremos inme­diatamente, los pescadores han pasado la noche bregando y no han pescado absolutamente nada (Lc 5,5), mientras que allí se prometía una «pesca variada, tan abundante como la hay en el mar Grande, una cantidad extraordinaria» (Ez 47, l0b). El contrapunto servirá para dar relieve a la actuación de Jesús.

Mientras que allí era el agua que manaba del templo la que saneaba las aguas, aquí será la enseñanza de Jesús la que calificará la actividad de los pescadores: «Subió a una de las barcas, que pertenecía a Simón, y le rogó que la sacase un poco de tierra. Se sentó y, desde la barca, se puso a enseñar a las multitudes» (Lc 5,3).

Jesús se vale de dos grupos humanos ya constituidos, simbo­lizados por las dos barcas, liderados ambos por Simón, para ejemplarizar el alcance de la nueva enseñanza que imparte a la gente. La enseñanza de Jesús se traduce de inmediato en hechos palpables: «Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Sácala adon­de haya fondo y echad vuestras redes para pescar”» (5,4). Simón reconoce que el liderazgo de Jesús es superior al que él ejercía sin fruto: «Jefe, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, fiado en tu palabra, echaré las redes» (5,5).

El término «jefe» es buena muestra del concepto que Pedro se ha formado de Jesús después de haber escuchado su enseñan­za. A partir de ahora, los discípulos, siempre que se dirijan a Jesús, lo llamarán así, pues lo consideran un líder. La «noche» representa el pasado infructuoso de la actividad del grupo, que, capitaneado por Simón, ha experimentado la ineficacia de los medios humanos, en los que tanto confiaba.

El resultado de la nueva actividad asumida por el grupo bajo las directrices de la enseñanza de Jesús es totalmente otro: «Así lo hicieron, y capturaron tal cantidad de peces que reventaban las redes» (5,6). La nueva experiencia es compartida de inmedia­to por los socios de la otra barca, el otro grupo humano que había compartido hasta ese momento los ideales propugnados por Simón, llenándose de tal modo las barcas que casi se hundían (5,7). La única diferencia que existe entre su actividad anterior y la presente es el contenido nuevo de la enseñanza impartida por Jesús. El fruto abundante será una constante de la actividad humana llevada a cabo bajo las directrices de Jesús.

«Al ver esto, Simón Pedro (la primera vez que se presenta en el Evangelio el calificativo de “Pedro”  “piedra”, “duro de mollera”) se postró a los pies de Jesús, diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” (5,8). Pedro está en contradic­ción consigo mismo: si bien no es un judío practicante (cf. 4,38), se siente indigno/impuro ante Jesús, que viene a liberar precisa­mente a los que se tienen o son tenidos por «pecadores/descreí­dos» (cf. 5,32).

El texto evangélico insiste en la existencia de una comunidad humana y en el liderazgo de Simón, previos a la llamada de Jesús: «Es que él y todos los que estaban con él se habían quedado pasmados por la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón» (5,9-10a).

Jesús asume las realidades humanas, pero cambia su direc­ción: «No temas; desde ahora pescarás hombres vivos» (5,10b). Uno y otro grupo dejan los valores en que confiaban hasta ahora, y empiezan el seguimiento de Jesús (5,11), seguimiento al que serán invitados de ahora en adelante todos los que quieran ser sus discípulos. No se trata de un simple consejo evangélico, sino de una condición indispensable para llegar a ser miembros del grupo de Jesús. Este «dejarlo todo», por otro lado, comporta un cambio total en la escala de valores, cambio que no se realiza en un instante ni por un acto de generosidad, por muy pensado y reflexionado que se quiera hacer, sino día tras día, en la medida en que cada uno va integrando los valores del reino en la expe­riencia cotidiana.

 

Aplicación al hoy

La obra misionera de Jesús no se reduce a un pueblo o un minúsculo momento de la historia de la humanidad. El reino de Dios es una propuesta integral y total. Porque afecta todas las dimensiones del ser humano, y porque no se agota en momentos específicos y lugares determinados, sino que resulta “válida” para todos los que quieran construir una cultura según los valores evangélicos. Para continuar este proyecto, Jesús necesita de un grupo de personas que se dejen sorprender por esta noticia maravillosa que va transformando la realidad. Por eso llama a un grupo de discípulos (y discípulas) para que vengan a “echarle una mano” dejando su quehacer cotidiano y asuman una nueva aventura que desestabiliza y, a la vez, entusiasma. Estas personas toman el riesgo de seguirle. Seguramente tenían miedo e incertidumbre. Pero se ponen en camino tras las huellas de Jesús. Disponen sus habilidades para el arte de la pesca al servicio del anuncio del reino. Hoy necesitamos mujeres y hombres dispuestos a correr este riesgo y apostarle todo al proyecto del reinado de Dios, a pesar de nuestras limitaciones, falencias y temores. Por el camino iremos despejando dudas y aprendiendo a enfrentar dificultades. Lo importante es comenzar la caminada. ¿Te arriesgas?

Viernes 5 de septiembre de 2008

Victorino - Bta. Teresa de Calcuta

Presentación

Con el ayuno reconocemos que la vida y las cosas materiales que poseemos no nos pertenecen, sino que son un don, un regalo que hemos recibido del buen Dios. El verdadero significado del ayuno es abstenerse de comer o abstenerse de algo que nos gusta para generar vida, esto es dar vida, ese es el verdadero sentido del ayuno, que en nuestro caso es dar vida espiritual.

Nosotros debemos hacer creíble el Evangelio con la vida, en eso consistió la santidad de la Madre Teresa y su servicio efectivo a los pobres.

Lectura del texto de Lucas 5, 33-39

33Ellos le dijeron:

-Los discípulos de Juan ayunan a menudo y tienen sus rezos, y lo mismo los fariseos discípulos; los tuyos, en cambio, a comer y a beber.

34Jesús les contesto:

-¿Acaso podéis hacer que ayunen los amigos del no­vio mientras el novio está con ellos? 35Llegarán días en que les arrebaten al novio; entonces, aquellos días, ayuna­ran.

36Les propuso también una comparación:

-Nadie corta un manto nuevo para echarle una pieza a un manto viejo; de lo contrario, el nuevo quedará cor­tado y al viejo la pieza no le irá bien. 37Tampoco echa na­die vino nuevo en odres viejos; de lo contrario, el vino nuevo reventará los odres: el vino se derramará y los odres se echarán a perder. 38No, el vino nuevo se echa en odres nuevos. 39Pero nadie, acostumbrado al de siempre, quiere uno nuevo, porque dice: “Bueno está el de siempre”.

 

Breve explicación del texto

Los discípulos de Jesús se comportan de una manera anómala con respecto a los otros grupos religiosos: no tienen ninguna regla de la comunidad, no cumplen con los rezos prescritos ni ayunan; no llevan, en una palabra, una vida ascética como sería de esperar de un nuevo movimiento religioso. Jesús es el respon­sable de este desenfreno: «¡a comer y a beber!» (5,33).

La respuesta de Jesús rompe todos los esquemas -los de entonces y los de los movimientos religiosos modernos-: conci­be el reino de Dios como unas bodas orientales que nunca se acaban; él es el novio y los discípulos los amigos del esposo:

«¿Acaso podéis hacer que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos?», es decir, mientras dura la boda. «Llegarán días en que les arrebaten al novio» -precisamente los mismos que ahora le hacen el reproche arrebatarán violentamen­te al novio para darle muerte; «entonces, aquellos días -y sólo aquellos días-, ayunarán», los «tres días», símbolo de una totalidad, en la que Jesús estuvo muerto (5,34-35).

El ayuno, como las otras prácticas ascéticas, es un signo de muerte y no de vida. Jesús no concibe el reino como una fune­raria, ni tampoco a Dios como un Dios de muertos y panteones. Solamente, como signo de duelo y de respeto, los días en que los portadores de muerte se lleven al novio, porque les molesta que cree tanta vida y alegría entre los suyos, entonces, en aquellos días precisos -y si se quiere, cuando se haga memoria de ello una vez al año, ayunarán… por culpa de ellos.

La parábola que añade Jesús, construida como de costum­bre a partir de experiencias de la vida cotidiana, tanto de la mujer (manto viejo/pieza nueva) como del hombre (odres vie­jos/vino nuevo), muestra que hay un abismo entre las prácticas religiosas de la antigua alianza y las que debería evidenciar la nueva Alianza que inaugura Jesús. De hecho, en muchísimos aspectos estamos todavía en el Antiguo Testamento. Y es que la fuerza de la costumbre -también hoy- nos hace rechazar el cambio: «Pero nadie, acostumbrado alvino de siempre, quiere uno nuevo, porque dice: “Bueno está el de siempre”» (5,39).

La novedad del reino comporta el riesgo de vivir una nueva experiencia, la de hacer las cosas contando con la fuerza del Espíritu, el Vino nuevo. Quien intenta mezclarlo con prácticas, ritos, renuncias, mortificaciones y otras formas comunes a todas las religiones no hace otra cosa que poner un pedazo nuevo en un vestido viejo recortando retales del manto nuevo…, aunque esté de moda. El que esto hace se queda en cueros, «porque el nuevo quedará cortado y al viejo la pieza no le irá bien».

 

Aplicación al hoy

Los fariseos y los letrados, expertos expositores de la Ley y los profetas, cuestionan el proceder de Jesús y sus discípulos porque no se ajusta a las tradiciones establecidas por la religión oficial. Más aún, según el texto que hemos leído parece que las prácticas de Jesús y sus seguidores son motivo de escándalo porque desafían el status vigente. Jesús responde con tres parábolas que dejan ver la novedad del reino con respecto a la caducidad del esquema mental vigente. El novio y sus amigos que están alegres por su presencia, el remiendo nuevo en el vestido viejo, y el vino fresco colocado en recipientes viejos. El contenido del reino no es para ser vertido en viejas y caducas estructuras, sino para inaugurar una era totalmente novedosa que no se deja atrapar en tradiciones e instituciones que pretendan ahogarlo. Nosotros tampoco estamos libres de esta tendencia. Queremos agotar las posibilidades insospechadas del mensaje liberador y humanizador del Evangelio en instituciones, estructuras, normas, ritos, tradiciones. Pero es imposible, porque el reino sigue creciendo allí donde menos lo esperamos, en quienes menos sospechamos y de la manera menos pensada. La alegría del reino nadie la puede arrebatar, porque el “novio” se ha quedado para siempre con nosotros.

Sábado 6 de septiembre de 2008

Zacarías - Eva

Presentación

Jesús, el hombre libre de verdad, es una experiencia fundamental de Dios. En últimas un cristiano debe tener los mismos sentimientos de Cristo, en eso consiste el estilo de vida de un cristiano. 

Lectura del texto de Lucas 6, 1-5

6 1Un día de precepto atravesaba él por unos sembrados; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. 2Unos fariseos les dijeron:

-¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?

3Jesús les replicó:

-¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David cuando él y sus compañeros sintieron hambre? 4Entró en la casa de Dios, cogió los panes de la ofrenda - que sólo a los sacerdotes está permitido comer -, comió él y les dio a sus compañeros.

5y añadió:

-El Hombre es Señor del precepto.

 

Breve explicación del texto

En la primera parte, después de enunciar el principio: «Desde ahora pescarás -liberarás- hombres vivos», Lucas nos presenta a Jesús reintegrando los marginados de Israel y restable­ciendo la condición de persona al hombre privado de movimien­tos libres y responsables; en la segunda parte, después de enun­ciar un nuevo principio: «El vino nuevo se echa en odres nuevos», lo ejemplarizará en dos episodios.

Hay un cambio de escenario y de coordenadas temporales: «Un día de precepto atravesaba él por unos sembrados» (6,1a). Jesús es quien ha tomado la iniciativa de «atravesar unos sembra­dos». Los discípulos hacen uso de la misma libertad que les había inculcado el Maestro: «Sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano» (6, 1b). Cuando menos te lo esperas, aparecen unos espías fariseos. ¿De dónde han salido? Están al acecho por doquier, como garantes de la Ley que son: «¿Por qué hacéis lo que no está permitido en sábado?» (6,2). Si David lo hizo, responde Jesús, también pode­mos hacerlo nosotros: «El Hombre (lit. “El Hijo del hombre”, semitismo para designar el Hombre en su plenitud, portador del Espíritu) es Señor del precepto sabático» (6,5). Toda la creación está a disposición del hombre. Dios es el Creador, pero no de una vez para siempre, dedicándose después a descansar. Dios continúa trabajando, y el hombre ha de continuar sirviéndose de ella para su provecho. No se puede coartar la libertad del hombre, y menos en nombre de Dios. El precepto sabático ha caducado.

 

Aplicación al hoy

Esta semana culmina con los escándalos que provoca Jesús por sus prácticas desafiantes para el mundo cultural y religioso judío. Recordemos: la proclamación de su misión en la sinagoga de Nazaret provocando la ira de sus paisanos; la expulsión de espíritus inmundos incluso al interior de la misma sinagoga; la conformación del grupo de seguidores procedentes del mundo de la impureza; la controversia con los fariseos y escribas por las prácticas poco piadosas de sus discípulos. Ahora Jesús llega al colmo de su osadía al pretender cuestionar la sagrada institución del sábado. Pero no sólo la cuestiona, sino que se atreve a decir que el “Hijo del Hombre” es el Señor del sábado, siendo que el único que puede estar por encima de las instituciones religiosas es Dios. Con esta postura de Jesús queda claro que lo religioso ha de servir para humanizar y dignificar a la persona humana, y no para convertirla en factor de dominación esclavizante. Nuestros espacios religiosos deben ser lugares de vida, de esperanza, de fe y de amor que permitan a las personas sentirse amadas por Dios y por los hermanos. Nuestra gente está sedienta de espiritualidad; pero de una espiritualidad que humanice y construya personas libres y autónomas.

 

 

 

Domingo 7 de Septiembre de 2008

COMENTARIOS Y APORTES PARA ALGUNAS ORIENTACIONES DE LA LECTIO DIVINA DEL VIGESIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Primera lectura: Ezequiel 33,7-9  / Salmo responsorial: 94  / Segunda lectura: Romanos 13,8-10

 

La comunidad fraterna está completamente abierta a vencer el corazón del pecador. La corrección fraterna es lago necesario en cada familia, en cada comunidad. Pero no es fácil tener paciencia frente a la culpa ajena. Por eso, en este domingo amados hermanos pidámosla al Señor, la gracia, el don, la fuerza para mirar al otro con el corazón misericordioso de Jesús, reconocer que somos hermanos de un “Padre” lleno de ternura.

Veamos un primer comentario de un padre de la Iglesia:

“Es necesario que sepáis que si pecare contra vosotros vuestro hermano,

y por cualquier concepto os hiriere,

no sólo tenéis poder, sino hasta necesidad de perdonarlo;

porque está mandado “que perdonemos a nuestros deudores”;

y en este pasaje se dice: “Si pecare contra ti tu hermano”;

mas si pecare contra Dios, esto no es cosa nuestra:

somos benignos con respecto a las injurias de Dios,

y en las nuestras, por el contrario, nos tomamos las represalias.

Debe de ser corregido separadamente el hermano,

no sea que pierda una vez el pundonor y la vergüenza y continúe en el pecado.

También puede entenderse de este modo: Si no te ha querido

escuchar, preséntale tan solo a un hermano; y si a éste no oyere,

preséntale al tercero, ya para que se corrija por vergüenza

o por vuestro consejo, o ya para que vea que obráis delante de testigos.

Además, si ni aun a éstos quisiere oír, entonces se debe

decir delante de muchos, con el objeto do que le detesten

 todos, y de que lo que no pudo salvar el pudor,

lo salven los oprobios; de aquí sigue: “Y si no los oyere, dilo a la Iglesia”.

(SAN JERÓNIMO.)

 

Oración Inicial

Pidámosle al Señor que nos ayude a comprender y valorar aquello que debe identificar y caracterizar nuestra vida de fe. Por eso, pidámosle su gracia para vivir lo que nos pide.

Señor Jesús

Tú que nos invitas a vivir tu Palabra,

Tú que nos propones tu Palabra como estilo de vida,

Tú que quieres que la vivamos y la hagamos actitudes,

te pedimos que nos ayudes

a saber actualizar tu palabra en nuestra relación con los demás,

en especial cuando hay dificultades,

para que iluminados y orientados

por tus sentimientos y tus actitudes,

busquemos actuar como Tú lo harías,

por eso, te pedimos que nos ayudes

a relacionarnos como Tú lo haces con nosotros,

a que tengamos caridad unos con otros,

a que siempre sepamos actualizar

tus palabras, tus actitudes y tus sentimientos

en nuestra relación con los demás.

Que así sea.

 

Presentación

Hoy escuchamos la primera de una serie de exhortaciones que hizo Jesús sobre la vida en las comunidades cristianas. La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre nuestra corresponsabilidad comunitaria. La fe es una respuesta personal, pero se vive en el seno de una comunidad. Por eso todos somos responsables de la vida de cada hermano.

El Señor nos dejó sus enseñanzas como un proyecto de vida, que pueden estar resumidas en el Sermón de la Montaña (Mt 5-7) y aún sintetizadas en el Padre Nuestro. La vida cristiana implica asumir este estilo de vida, ser y actuar de acuerdo a la voluntad del Señor. Ante proyecto tan sublime, el Señor nos hace aterrizar y nos hace tomar conciencia que esto tiene sus dificultades, sus contratiempos, sus adversidades, por causa de nuestra debilidad, de nuestra fragilidad y así de nuestra incoherencia al proyecto que el Señor nos ha dejado. Ante esta situación que es propia de nuestra vida el evangelista dedica todo el capítulo 18 de su Evangelio para hablar justamente de esa realidad que surge del proceso que todos estamos, es el tema de la relación con los demás, en especial con los que flaquean y así no asumen en su radicalidad el proyecto que el Señor nos plantea.

 

Lecturas del día

- 1ª lectura del profeta Ezequiel 33,7-9 

Ezequiel es profeta del exilio. Se presenta como el vigilante de su pueblo y el centinela de su pueblo. El verbo advertir,  es predilecto de la profecía de Ezequiel. En referencia a la misión del profeta, sabe que su papel no es sólo transmitir órdenes divinas, ni es un maestro de enseñanzas recibidas, sino un verdadero profeta de la Palabra del Señor y de las situaciones humanas. También otros profetas han utilizado esta imagen para caracterizar su misión. La actitud vigilante es un rasgo del auténtico profeta. Estar atento a lo que pasa para alertar y prevenir al pueblo. El profeta verdadero está siempre atento a escuchar la Palabra de Dios. Lee los acontecimientos de la historia y los interpreta a la luz de la Palabra de Dios.

Aplicación al hoy

Nosotros conocemos y hemos observado atentamente a los vigilantes, celadores, veladores, centinelas o como se le llame en nuestro medio a estas personas que nos cuidan en la noche, se le llama así, porque está pendiente de los peligros que nos acechan, mientras descansamos tranquilos.  Así mismo, el profeta es responsable directo de lo que le pueda pasar, pues él es el centinela.  El profeta hoy en día tiene la misión abrir los ojos, es decir no callar, pues el que calla comete una falta contra el mandato divino, y se hace cómplice de la ruina del otro.

 

- Salmo 94

Danos, Señor, un corazón sensato, para poder escucharte.

Una de las frases que nos quedan resonando con este salmo es la invitación que nos hace a la oración: “vengan”, es la invitación a la oración comunitaria, para que lo “aclamemos“, cuando lo hacemos, estamos manifestando no solo de labios para fuera nuestro sentimiento, sino que sale de lo más profundo de nuestro corazón nuestra oración. 

La frase: “dándole gracias, aclamándolo con cantos“, nos da el sabor de una fiesta, una acción de gracias, esta oración se manifiesta en la medida en que nosotros nos vayamos sintonizando con el plan maravilloso del Señor.

Encontramos, la preocupación del salmista porque el pueblo se convierta, por eso, su interés es su meditación asidua de los pecados, pareciera que las ciudades de Meribá y Masá, están relacionadas con el castigo del Señor, pues seguramente eran ciudades muy alejadas del Señor, por eso la advertencia del salmista es que no se caiga en lo mismo.

Aplicación al hoy

El salmista tiene claro su objetivo, está invitando en primera instancia la pueblo a escuchar la voz divina, que si lo aplicamos a nuestra realidad, reconocemos en primera instancia que es un salmo que nos invita a estar de fiesta y júbilo, teniendo un corazón sensato y estando prestos para escuchar su mensaje, su palabra en medio de tantos ruidos que amenazan distraernos, pues corremos el peligro de alejarnos del proyecto del Señor.

 

- 2ª lectura de Romanos 13,8-10

Las excelencias de la caridad están plasmadas en la lectura del día de hoy.

Pablo en la carta a los Romanos invita a los creyentes que edifiquen su vida sobre la base del amor para que puedan responder a los desafíos del momento histórico que a cada creyente y a cada comunidad le toca vivir. El amor es resumen, síntesis vital, compendio de todo tipo de precepto de orden religioso. Así, Pablo entra en perfecta sintonía con la propuesta evangélica. Ciertamente que no es un rechazo rotundo de la ley. Pero el amor supera la fuerza de la ley.

-La caridad es una deuda insaldable que siempre nos urge (8). Con otras deudas luego de pagadas quedamos en paz. Pero jamás saldamos la deuda del amor. Quien ama más más debe aún amar.

- La caridad es la síntesis de la Ley (9). Quien de veras ama a Dios y a su prójimo no sólo nunca hará nada contra Dios o el prójimo, sino que positivamente traducirá su amor en obras (9b).

-La caridad es la plenitud de toda Ley. Sin ella tenemos formalismo o hipocresía. Hay que reavivar incesantemente con el latido cálido de la caridad toda observancia exterior de la Ley. ‘Cristo es quien nos reveló que Dios es Caridad. Ya la vez nos enseña que la ley fundamental de la perfección humana es el mandamiento nuevo del amor’ (GS 38).

-La caridad no sólo es don, sino también presencia del Espíritu Santo. Sólo con ella el carismático es grato a Dios. La Caridad debe, por tanto, embeber todos los carismas.

 Aplicación al hoy

Quien ama auténticamente no quiere hacerle daño a nadie. Por el contrario, siempre buscará la forma de ayudarle a crecer como persona y como creyente. El amor en nuestras comunidades convertidas se traduce en actitudes y compromisos muy concretos:  servicio, respeto, perdón, reconciliación, tolerancia, comprensión, verdad, paz, justicia y solidaridad fraterna.

 

Evangelio de san Mateo 18, 15-20

15Si tu hermano te ofende, ve y házselo ver, a solas en­tre los dos. Si te hace caso, has ganado a tu hermano. 16Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que toda la cuestión quede zanjada apoyándose en dos o tres testigos (Dt 19-15).

17Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un recaudador.

18Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra que­dará desatado en el cielo. 19Os lo digo otra vez: Si dos de vosotros llegan a un acuerdo aquí en la tierra acerca de cualquier asunto por el que hayan pedido, surtirá su efecto por obra de mi Padre del cielo, 20pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí en medio de ellos, estoy yo.

 

Entre esos textos de Mt 18 están estas enseñanzas del Señor que nos ayudan a ser conscientes de la realidad que vivimos, como es la relación con los hermanos. El texto de Mt 18,15-17 nos hace ver la actitud de caridad y benevolencia que debemos tener con el otro, con el que no está viviendo de acuerdo al proyecto del Señor, en ese sentido nos hace ver la necesidad de que la relación esté siempre enmarcada por la caridad, por el amor, por la compasión, buscando siempre ayudar al otro, de ahí que nos invite en primer lugar al trato directo, personal, salvando la buena fama y la buena reputación, de ahí el diálogo en privado: “…aconséjalo a solas…” (Mt 18,15).

  • - Lectio Divina del texto por versículos

Veamos detalladamente la Lectio Divina desde una explicación por versículos:

v. 15: Si tu hermano te ofende, ve y házselo ver, a solas en­tre los dos. Si te hace caso, has ganado a tu hermano.

La ofensa crea división en la comunidad y ésa ha de ser repa­rada lo antes posible. Por eso, Jesús no prescribe al ofensor que vaya a pedir perdón al ofendido, sino, al contrario, es éste quien ha de tomar la iniciativa, para mostrar que ha perdonado y facilitar la reconciliación. El ofensor ha de mostrar su buena voluntad re­conociendo su falta. Dado lo anormal que es esta situación en la comunidad y el daño que puede producir, no se dará publicidad al asunto. Es un caso particular del expuesto en la parábola de la oveja perdida. Cuando el extravío tiene por causa una falta contra un miembro de la comunidad, que nadie sabe más que éste, ha de considerarse responsable de atraer a la unidad al culpable.

Ve y corrígele a solas con él. Enséñanos nuestro Señor, dice San Agustín, a no desentendernos mutuamente de nuestras faltas, no que busquemos algo que reprender, sino mirando lo que debamos corregir… Y ¿por qué corriges a tu prójimo? ¿Por qué te duele la injuria? De ninguna manera: si haces esto por amor a ti, nada haces; si lo haces por amor a él, muy bien haces. Aprende de las mismas palabras del Señor por amor de quien debes hacer esto, si por amor a ti o al prójimo; porque Jesús dice: «Si te oyere, ganado habrás a tu hermano»; luego, por él debes hacerlo, para ganarle.

vv. 16-17: Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que toda la cuestión quede zanjada apoyándose en dos o tres testigos (Dt 19-15).

17Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un recaudador.

En caso de que el ofensor no quiera reconocer su falta, algunos otros miembros pueden apoyar la oferta de reconciliación. Mt cita Dt 19,15. Se mueve en ambiente judío. Si el individuo tam­poco acepta el arbitraje y se niega a restablecer la unidad, el ár­bitro será la comunidad entera. Si fracasa el intento, el ofendido se desentiende del ofensor, lo considera como un extraño para sí.

El uso de los términos «pagano» y «recaudador» es sorprenden­te, dado que Jesús era llamado amigo de pecadores y recaudado­res (11,19). Pero el texto no habla de individuos, sino de situaciones. Jesús no aprobaba la situación de recaudadores y pecadores, aunque no la consideraba definitiva y les ofrecía la posibilidad de salir de ella. Sin embargo, esas situaciones eran objetivamente de error e injusticia: el pagano equivale al que no conoce al verda­dero Dios; el recaudador, al que, conociéndolo, hace caso omiso de su voluntad.

Dilo a la Iglesia.-No debe esto entenderse, dice un intérprete, en el sentido de que nos exhorte Jesús a ejercer un espionaje sobre nuestros hermanos: primero, porque en este tercer grado de corrección el pecado ha venido ya a ser semipúblico, porque antes han debido llamarse uno o dos testigos; segundo, porque no se trata de hacer daño alguno al hermano extraviado, sino de procurarle para su bien una paternal admonición; y esto es oficio de gran caridad, muy diferente del de aquellos seres abyectos que, para daño y tribulación de los prójimos, hacen el bajo oficio de delatores y espías, los cuales, no hallando muchas veces pecados que delatar, los inventan.

v. 18: Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra que­dará desatado en el cielo.

Se dirige Jesús a la comunidad, repitiendo las palabras di­chas a Pedro como primer creyente (16,19). Todos los que profesan la misma fe en Jesús pueden decidir sobre admitir o expulsar de la comunidad. Se ve que Pedro en aquella escena era prototipo de la comunidad misma. La decisión humana está refrendada por Dios.

Todo aquello que atareis sobre la tierra…-Es ésta una de las grandes prerrogativas concedidas por Jesucristo a los Apóstoles, y en ellos a su Iglesia: la potestad judicial, no sólo en orden al vínculo social que nos hace a todos miembros del cuerpo de Cristo, sino en orden al pecado, que rompe el vínculo que nos une a Dios, que es la caridad. Poder de excomulgar y levantar la excomunión; poder de absolver y reservar los pecados. Y crece la grandeza de esta potestad si atendemos que Dios ratifica, confirma en el cielo la sentencia que la Iglesia haya dado en el fuero externo y en el interno. Si la Iglesia excomulga, Dios excomulga; si resuelve la excomunión, Dios recibe en el seno de la Iglesia al que fue excomulgado. Si la Iglesia perdona en la tierra, Dios perdona en los cielos; si retiene los pecados, también Dios los retiene. Crezca en los fieles la estima de la Iglesia por estos altos poderes; úsenlos con sabiduría y prudencia los jerarcas de la Iglesia; y sea este poder el que vigorice la sociedad cristiana en la tierra y el que abra a todos las puertas del cielo.

 

vv. 19-20: Os lo digo otra vez: Si dos de vosotros llegan a un acuerdo aquí en la tierra acerca de cualquier asunto por el que hayan pedido, surtirá su efecto por obra de mi Padre del cielo, 20pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí en medio de ellos, estoy yo.

Jesús repite el mismo principio con otras palabras. La traducción de este pasaje es difícil.

La correspondencia temática de los dos versículos se aprecia por la oposición entre tierra y cielo y entre hombres y Dios (implí­cito en los verbos pasivos de v. 18). El tema común es que lo acor­dado por los hombres queda confirmado por Dios.

Entra, sin embargo, en la segunda formulación el elemento de la petición. La eficacia del acuerdo se debe a la presencia de Jesús entre los que apelan a él. No se toman, pues, las decisiones a la ligera, ni resultan tampoco del mero parecer humano: se hacen contando con la presencia del Señor en el grupo cristiano a quien se dirige la petición. Las expresiones «por el que hayan pedido» (19) y «apelando a mí» (20) son equivalentes.

¿Sabemos pedir lo que nos conviene?

Les será otorgado por mi Padre que está en los cielos.- ¿Por que dejan de ser oídas las oraciones de muchos? Porque muchas veces, dice el Crisóstomo, pedimos lo que no conviene se nos conceda, o no lo pedimos del modo, con la confianza, con la constancia que es necesario. A veces, dice Santo Tomás, no se concede lo que se pide por la indignidad de los que piden, o porque no tienen entre sí el vínculo de la paz, o piden lo que no conviene para la salvación.

¿Por qué siete veces?

¿Hasta siete veces?-Es costoso el perdón de las injurias: por esto Pedro cuenta, diríamos, con los dedos de la mano el número de veces que según su prudencia debía perdonarse. Pero la calidad de Cristo es amplísima, y quiere que siempre y cada vez, por muchas que sean, que llame a nuestro corazón quien nos ofendió, abramos generosamente las puertas de la caridad y le admitamos a concordia. Porque si Cristo, dice San Agustín, halló miles de pecados en el mundo, y todos los perdonó, no hemos de regatear nuestra misericordia y caridad, según dice San Pablo: «Perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja de otro, como os perdonó a vosotros Dios en Cristo» (Col. 3, 13).

El significado del perdón

Primera etapa o instancia de la corrección del pecador: La exhortación privada: Ve y corrígele a solas con él; así se salva la fama del pecador y se evita que con la divulgación de su pecado se endurezca en él; la forma delicada de la corrección inclinará a la penitencia a quien pecó. Si te oyere, si recibiere tu monición doliéndose del pecado y corrigiéndose de él, ganado habrás a tu hermano, sacándole del camino de perdición en que estaba, y lucrando para ti el mérito de la buena obra con el hermano.

Segunda etapa o tentativa: Es tan preciosa la salvación del hermano, que debe insistirse en ella, aun repudiándola la primera vez, y ello en forma más solemne: Mas si no te oyere, toma aún contigo uno o dos, hermanos también, como lo hace un médico en las graves crisis de los enfermos, para que por boca de dos o tres testigos conste toda palabra: es alusión a Deut. 19, 15. No se llaman los hermanos para que sean testigos de que el corrector ha cumplido con su deber, ni para dar mayor solemnidad a la corrección; sino a fin de que, como sucede en los juicios, la multiplicidad de testigos convenza al que pecó del mal que hizo y de la necesidad de que se arrepienta.

Tercera instancia: Para el caso de una segunda repulsa, debe acudirse al juicio de la Iglesia. Trátase, por lo mismo, de un grave delito, como es de ver por la sanción que al precepto se añade: Y si no los oyere, dilo a la Iglesia, es decir, a la asamblea de los fieles representada por sus pastores (cf. Mt. 16, 18); por lo mismo, adquiere la denuncia estado oficial, por contraposición a «hermano». En este último estadio de la corrección, si persistiese todavía el pecador en su rebeldía, por el hecho mismo de su contumacia quedará excomulgado del número de los hermanos, y como tal deberá ser tenido: Y si no oyere a la Iglesia, tenlo por gentil y publicano: como un extraño a la Iglesia y hombre pernicioso, que podría con su contacto inficionar a los demás. Tiene, pues, la Iglesia la potestad judicial, que reside no en la masa de los fieles, sino en los que por institución divina la poseen.

¿Dialogamos con nuestros hermanos?

Este trato directo es la oportunidad para que el otro exprese su situación, es darle espacio para que hable y manifieste lo que le está pasando. Si este recurso no da frutos, nos propone una segunda alternativa, como es llamar a otros para ayudarle al que está equivocado: “…lleva contigo a dos o tres, de modo que el caso sea resulto por boca de dos o tres testigos…” (Mt 18,16). Y solo finalmente se apela a la comunidad toda para resolver casos de obstinación, terquedad y ceguera espiritual, por eso nos dice: “…si se niega a escucharlos, dilo a la Iglesia…” (Mt 18,17).

- La reconciliación

Esto es un proceso que va de menos a más buscando siempre dar espacio al otro para que se encuentre y recapacite, porque la norma siempre y en todo es el amor, la caridad, la benevolencia y la misericordia.

Junto con este proceso de reconciliación, el evangelio nos deja dos afirmaciones que son centrales para nuestra fe. La primera es la presencia del Señor en medio de los que lo invocan y de los que están reunidos en su nombre: “…donde dos o tres estén reunidos en mi Nombre, yo estoy reunido en medio de ellos…”(Mt 18,20). Esta revelación que da aún más sentido a nuestras reuniones, tiene además el matiz que el Señor se implica en nuestras situaciones, en nuestras realidades, en aquello que estamos viviendo, pues Él está, Él acompaña, Él participa de nuestra vida, de ahí, la necesidad de ser conscientes de que es Él el protagonista de su obra, porque es él quien la anima y la impulsa con su presencia en medio de los que lo invocan con fe.

Además este capítulo 18 nos presenta la eficacia de la oración, haciéndonos ver la fecundidad de la oración hecha en comunidad y en comunión, porque nos dice: “…si en la tierra dos o tres de ustedes, unen sus voces para pedir cualquier cosa, estén seguros que mi Padre en los cielos se la dará…” (Mt 18,19).

Estas enseñanzas que parten de la presencia del Señor en medio de la comunidad y de la necesidad de que el vínculo fraterno esté marcado por la caridad y la misericordia, son los pilares de una comunidad en proceso, que busca hacer vida el proyecto que el Señor nos ha dejado en su Palabra, de ahí, la necesidad de vivir en comunión fraterna, donde uno apoya al otro, siendo estimulo e impulso para el camino hacia la identificación con el Señor, para dar testimonio de aquello que creemos y que da sentido a nuestra vida, como es el Señor Jesús vivo y resucitado en medio de nosotros.

- Desde un padre de la Iglesia

“Es consejo de nuestro Señor que no nos despreocupemos recíprocamente de nuestros pecados; no que busquemos qué reprender, sino que veamos lo que ha de corregirse. Dijo, en efecto, que solamente quien no tiene una viga en su ojo, lo tiene capacitado para quitar la paja del de su hermano. Qué sea esto lo voy a indicar brevemente a vuestra caridad. La paja en el ojo es la ira; la viga, el odio. Cuando reprende al airado quien siente odio, quiere quitar la paja del ojo de su hermano, pero se lo impide la viga que lleva en el suyo. La paja es el comienzo de la viga, pues cuando la viga se forma, al comienzo es como una paja. Regando la paja, la conviertes en viga; alimentando la ira con malas sospechas, la conduces al odio.

Grande es la diferencia entre el pecado del que se aíra y la crueldad del que odia. Aunque nos airamos basta con nuestros hijos, ¿dónde se encuentra uno que los odie? Incluso entre las mismas bestias, a veces, la madre airada aleja con su cabeza al ternerillo que mama y le causa cierta molestia, pero lo envuelve en sus entrañas de madre. Parece que le causa fastidio cuando lo arroja; pero si le falta, lo busca. Ni es otra la forma como castigamos a nuestros hijos, es decir, airados e indignados; pero no los castigaríamos si no los amáramos. No todo el que se aíra odia; hasta tal punto es cierto, que a veces el no airarse apetece como prueba de que existe odio. Suponte que un niño quiere jugar en el agua de un río, en cuya corriente puede perecer; si tú lo ves y lo toleras pacientemente, lo odias; tu paciencia significa para él la muerte. ¡Cuánto mejor sería que te airases y lo corrigieses, que no el dejarlo perecer sin indignarte! Ante todo, pues, ha de evitarse el odio; ha de arrojarse la viga del ojo. Cosas muy distintas son el que uno, airado, se exceda en alguna palabra, que borra después con la penitencia, y el guardar encerradas en el corazón las insidias. Grande es, finalmente, la distancia entre las palabras de la Escritura: Mi ojo está turbado a causa de la ira. De lo otro, ¿qué se dijo? Quien odia a su hermano es un homicida. Grande es la diferencia entre el ojo turbado y el apagado. La paja turba; la viga apaga.

Persuadámonos, pues, en primer lugar de esto para que podamos realizar bien y cumplir lo que se nos ha aconsejado hoy: ante todo, no odiemos. Sólo entonces, cuando en tu ojo no hay viga alguna, ves con claridad cualquier cosa que exista en el ojo de tu hermano, y sufrirás violencia hasta que arrojes de él lo que ves que le daña. La luz que hay en ti no te permite descuidar la luz de tu hermano. Pues si odias y deseas corregir, ¿cómo corriges la luz tú que la perdiste? Dice también esto con claridad la misma Escritura allí donde escribe: Quien odia a su hermano es un homicida. Quien odia, dice, a su hermano, está en tinieblas hasta ahora. El odio son las tinieblas. No puede suceder que quien odia a otro no se dañe a sí mismo antes. Intenta dañarle a él exteriormente y se asola en su interior. Cuanto nuestra alma es superior a nuestro cuerpo, tanto más debemos procurar que no sufra daño. Daña a su alma quien odia a otro. ¿Y qué puede hacer al que odia? ¿Qué ha de hacerle? Le quita el dinero; ¿acaso también la fe? Lesiona su fama, ¿acaso también su conciencia? Cualquier daño es exterior. Considera ahora el daño que se hace a sí mismo. Quien odia a otro, en su interior es enemigo de sí mismo. Mas como no es consciente del mal que se hace, se ensaña contra otro, viviendo tanto más peligrosamente cuanto menos siente el mal que se hace, pues con su crueldad perdió incluso la sensibilidad. Te ensañaste contra tu enemigo; con tu crueldad él quedó desnudo, pero tú eres un malvado. Grande es la diferencia entre uno desnudo y un malvado. Aquel perdió el dinero, tú la inocencia. Examina quién sufrió mayor daño. El perdió una cosa perecedera, y tú te hiciste perecedero.

Por tanto, debemos reprender con amor; no con deseo de dañar, sino con afán de corregir. Si fuéramos así, cumpliríamos con exactitud lo que hoy se nos ha aconsejado: Si tu hermano pecare contra ti, corrígele a solas. ¿Por qué le corriges? ¿Porque te duele el que haya pecado contra ti? En ningún modo, Si lo haces por amor propio, nada haces. Si lo haces por amor hacia él, obras excelentemente. Considera en las mismas palabras por amor de quien debes hacerlo, si por el tuyo o por el de él. Si te escuchare, dijo, has ganado a tu hermano. Hazlo, pues, por él, para ganarlo a él. Si haciéndolo lo ganas, no haciéndolo se pierde. ¿Cuál es la razón por la que muchos hombres desprecian estos pecados y dicen: «Qué he hecho de grande; he pecado contra un hombre»? No los desprecies. Pecaste contra un hombre; ¿quieres saber que pecando contra un hombre pereciste? Si aquel contra quien pecaste te hubiese corregido a solas y lo hubieres escuchado, te habría ganado. ¿Qué quiere decir que te habría ganado, sino que hubieras perecido si no te hubiera ganado? Pues si no hubieses perecido, ¿cómo te hubiera ganado? Que nadie, pues, desprecie el pecado contra el hermano. Dice en cierto lugar el Apóstol: Así los que pecáis contra los hermanos y herís su débil conciencia pecáis contra Cristo, precisamente porque todos hemos sido hechos miembros de Cristo. ¿Cómo no vas a pecar contra Cristo si pecas contra un miembro de Cristo?

Nadie diga: «No pequé contra Dios, sino contra un hermano, contra un hombre; pecado leve o casi nulo». Quizá dices que es leve porque se cura rápidamente. Pecaste contra el hermano; repáralo y quedarás sano. Con rapidez cometiste la acción mortal y con rapidez también encontraste el remedio. ¿Quién de nosotros, hermanos míos, va a esperar el reino de los cielos, diciendo el Evangelio: Quien llamare a su hermano «Necio» será reo del fuego de la gehenna? Pánico grande; pero advierte allí mismo el remedio: Si presentares tu ofrenda ante el altar y allí mismo te acordaras de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda ante el altar. No se aíra Dios porque tardas en presentar tu ofrenda; Dios te quiere a ti más que a tu ofrenda. Pues si te presentares con la ofrenda ante tu Dios con malos sentimientos hacia tu hermano, te responderá: «Perdido tú, ¿qué me has ofrecido?» Presentas tu ofrenda y no eres tú mismo ofrenda para Dios. Cristo busca más a quien redimió con su sangre que lo que tú hallaste en tu hórreo. Por tanto, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete a reconciliarte antes con tu hermano, y cuando vengas presenta la ofrenda. Mira cuán pronto se desató aquel reato de la gehena. Antes de reconciliarte, eras reo de la gehena; una vez reconciliado, presentas confiado tu ofrenda ante el altar.

Los hombres tienen facilidad para propinar injurias y dificultad para buscar la concordia. «Pide perdón, dijo, al hombre que ofendiste, al hombre que heriste». Responde: «No me humillaré». Si desprecias a tu hermano, escucha al menos a tu Dios: Quien se humilla, será exaltado. ¿No quieres humillarte tú que caíste? Hay gran diferencia entre el que se humilla y el que yace. Yaces ya en el suelo, ¿y no quieres humillarte? Con razón dirías: «No bajes», si no hubieses querido ya derrumbarte.” San Agustín, SERMON 82, Obras completas X, Ed. B.A.C.,  Madrid, 1983, Pág. 467-471)

 

Viendo que es necesario vivir con las actitudes y las disposiciones del Señor, pidámosle que nos ayude y que tengamos sus mismos sentimientos en nuestro día a día.

  • - Señor Jesús, Tú que nos pides actuar con tus mismos sentimientos, siendo comprensivos y misericordiosos, haz que…
  • - Señor, para que seamos solidarios y comprensivos, danos la gracia de…
  • - Señor Jesús, para que tengamos la certeza de que estás con nosotros, haz que…
  • - Señor Jesús, danos tu Espíritu Santo, para que….

 

Si tu hermano peca…

  • sé tú, presencia viva de la misericordia de Dios…
  • muéstrale el amor de Dios…
  • sé tú, el amigo y compañero que escucha y sabe esperar…
  • sé tú, el que lo consueles y le fortalezcas…
  • sé tú, el que lo ayudes a volver…
  • sé tú, el que le ayudes a experimentar la bondad del Señor…
  • sé tú, el que lo sostengas…
  • sé tú, el que le recuerdes lo que debe vivir…
  • sé tú, el que le ayudes a cambiar de vida…
  • sé tú, el instrumento de Dios para ayudarle a volver…
  • sé tú, el la palabra amiga que alienta y estimula…
  • sé tú, el que lo acompañes en su vuelta al Señor…
  • sé tú, el que le hagas sentir el perdón de Dios…
  • sé tú, el que vayas a su encuentro…
  • sé tú, el que le hagas sentir la alegría por su regreso…
  • sé tú, el que le ayudes a recomenzar…
  • sé un hermano y un amigo para él…
  • míralo con los ojos y el corazón de Dios.

Señor Tú que nos invitas

a tener tus mismos sentimientos

a actuar como Tú lo haces con nosotros,

a demostrar comprensión, cariño y bondad

con los que se apartan de ti,

llénanos Tú de tu presencia para que en todo momento

te busquemos y busquemos que Tú

actúes y te manifiestes por nosotros,

por eso, llénanos de tu Espíritu Santo

para que Él nos dé tu corazón

y tus sentimientos para ayudar a los que tenemos

a nuestro lado,

compartiendo y haciéndoles ver

lo que Tú haces en nosotros.

Llénanos de tu amor y haz de nosotros

instrumentos de bondad y misericordia

para que otros vuelvan a ti

y encuentren en ti,

la alegría y la paz

de la reconciliación y de tu perdón.

Que así sea.

  • - Reflexionemos la Palabra del Señor y actualicémosla en nuestra vida
  • 1. ¿Qué me llama la atención de esta enseñanza del Señor?, ¿de qué manera nos vemos interpelados por actitud que nos presenta el Señor?
  • 2. A partir de la actitud que el Señor nos presenta en este texto (Mt 18,15-17) y que nos pide y espera que tengamos con los que nos rodean, ¿cuál debe ser nuestra actitud en la comunidad, cómo nos debemos relacionar?
  • 3. ¿Qué importancia tiene la enseñanza que nos deja el Señor cuando nos dice: “…donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy ahí en medio de ellos…“(Mt 18,15-17)?, a la luz de esto, ¿qué actitud debo tener ante el Señor?
  • 4. ¿Qué actitud tengo con aquellas personas que no comparten nuestra fe o que se han desviado del proyecto de Dios?, ¿soy de los que juzgo y me burlo de su desgracia o soy de los que relativizo la falta, buscando salvar la buena fama de la persona? ¿Soy de los que apunta con el dedo o de los que levanta a los que se han caído?
  • 5. Si miro mi vida, ¿a cuánta gente ayudé a volver al Señor?, ¿cuántos han experimentado la misericordia y el perdón de Dios gracias a mis palabras y mi cercanía?
  • 6. HOY, donde estoy y en lo que hago, ¿a cuánta gente debería ir a buscar y así ayudarles a volver al Señor?, ¿a quiénes debería ayudarles a experimentar la bondad y la misericordia del Señor?
  • 7. Me siento implicado y comprometido con el hermano que tengo a mi lado y así busco integrarlo a la comunidad, siendo para él como un cireneo para volver al Señor?, ¿de qué manera?
  • 8. ¿Me siento una persona de paz, de amor, que busca la reconciliación en la comunidad y que fomenta la unión y la comunión?, ¿en sí que hago por la comunidad para que allí vivamos la experiencia de la bondad y la misericordia del Señor?

 

Oración Final

Sabiendo que el Señor nos escucha, que está en medio de nosotros con toda confianza pidámosle que cada vez más nuestra vida corresponda a su proyecto de amor.

Señor Jesús

Tú que estás en medio de nosotros,

Tú que te haces presente cuando te invocamos

con corazón sincero,

Tú que nos inspiras tus mismos sentimientos,

te pedimos que en todo momento

en nuestra relación de grupo,

en nuestra comunidad,

en nuestras familias,

sepamos encontrarte en medio de nosotros,

y que teniéndote a ti con nosotros,

sepamos actuar como Tú lo harías,

que sepamos tener sentimientos de misericordia,

de compasión, de comprensión

con aquellos que causan o tienen dificultades y que podamos ser instrumentos tuyos

para que puedan encontrar en nosotros,

tu amor y tu misericordia,

danos tus mismos sentimientos

para que experimentando nosotros tu amor,

demos testimonio de lo que Tú has hecho en nuestras vidas

y así actúes Tú por nosotros con los que nos rodean.

Que así sea.

- Aporte juvenil

Tres ermitaños y entre ellos un asiento vado.

Tres piadosos anacoretas, que llevaban vida de rigurosa penitencia en el desierto„ se habían reunido para edificarse platicando sobre las cosas de Dios y de la Eternidad. Al comenzar sus discursos, uno de los ermitaños acomodó un asiento entre ellos. Los demás se maravillaron y quisieron saber por qué motivo lo hacía. Y he aquí la contestación: “Este escabel es para Jesucristo, que sin duda está presente. Pues bien nos lo anunció muy claramente con estas sus palabras: Cuando dos o tres se reúnan en mi nombre, yo estaré en medio de ellos.” Los que rezan en común piensen que Jesucristo se halla entre ellos, y cobrarán más grande fervor en sus oraciones. La eficacia del rezo colectivo es debida, quizás, a la presencia del Salvador entre los que la practican.

 

SI DOS DE USTEDES SE PONEN DE ACUERDO PARA PEDIR ALGO…

Por ejemplo, si papá y mamá se ponen de acuerdo para rezar juntos todas las noches, por cada uno de sus hijos:

Por  el mayor, que va a la universidad, pero ya no va a misa ni a la Iglesia.

Por la de 17 años, que no sabe qué hacer con sus 17 años…

Por el adolescente que en uno de sus ataques se fue de la casa…

 

Referencias

J. Mateos y F. Camacho. El Evangelio de Mateo. Lectura comentada. Ediciones Cristiandad, Madrid (Lectio Divina del texto por versículos)

Pbro. Jesús Antonio Weisensee H. (oraciones)

 

Otras referencias

 

Estudio Bíblico Dominical

Un apoyo para hacer la Lectio Divina del Evangelio del Domingo

23 del Tiempo Ordinario - 7 de Septiembre de 2008

La esencia del Discipulado:

“Instrucción sobre la vida en comunidad”.

Mateo 18, 15-20: La comunidad como “buena pastora” de todos sus miembros. “Si te escucha, habrás ganado a tu hermano”
Padre Fidel Oñoro CJM

Centro Bíblico Pastoral para América Latina -CELAM-

Continuamos con nuestra lectura del evangelio según san Mateo. Ya estamos en el cuarto gran discurso de Jesús, que bien podría titularse: “Instrucción sobre la vida en comunidad”.

Al hacer la “Lectio” de estos textos, recordemos que lo que más le interesa a Jesús en sus instrucciones -según el evangelista Mateo- es inculcar principios de vida, de los cuales se desprende luego toda una serie de actitudes y comportamientos. 

En el texto de hoy, Mateo 18,15-20, Jesús nos dice cómo enfrentar situaciones difíciles en la vida comunitaria, particularmente cuando se sabe que un hermano “llega a pecar” llevando una vida fuera de los criterios de vida de un discípulo de Jesús.

1. El presupuesto: la comunidad se siente responsable de cada uno de los hermanos (18,12-14)

Tal como vemos en el pasaje inmediatamente anterior, en 18,12-14, la comunidad es “buena pastora” de cada uno de sus miembros.

En Mateo hay una pequeña diferencia con el evangelio de Lucas en este punto. En Lucas el buen pastor es Jesús que busca presurosamente a su oveja perdida (ver Lc 15,4-7). Mateo, por su parte, le da un enfoque comunitario a la parábola: toda la comunidad es responsable de cada uno de sus hermanos. 

La oveja perdida es denominada “pequeño”: “No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños” (18,14). Los “pequeños” son los frágiles -incluso moralmente- en la comunidad, que necesitan mayor atención y acompañamiento en sus procesos de maduración.

Para Mateo, todos son responsables de todos y cada uno se como rostro de Padre celestial, responsable y amoroso con todos sus hijos. 

2. Cómo se hace la recuperación del hermano que cae en pecado (18,15-17)

Después de enunciar el principio general se pasa: ¿Qué hacer cuando nos enteramos que un hermano está en una vida de pecado? 

En el texto lo primero que se le recuerda a uno es que él es un “hermano” y como tal hay que seguir tratándolo, por eso la repetición de la frase “tu hermano” (18,15ª). 

Luego se describe el camino recomendado para que un pastor traiga de nuevo la oveja a su casa. No perdamos de vista que lo que se busca, ante todo, es su salvación: “Si te escucha, habrás ganado a tu hermano” (18,15b). 

Pero la experiencia muestra que hay casos difíciles que resisten a la conversión, se trata de aquellos que se hacen los sordos (notar la repetición del término “escuchar” a lo largo del texto). Se propone entonces el camino de la paciencia y de la firmeza comunitaria:

(1) Interperlar: se le llama la atención a solas, de lo cual se espera siempre el mejor de los resultados;

(2) Objetivizar: si la persona continúa tercamente en su comportamiento, entonces se invitan unos testigos para que quede claro de que no es mala intención contra la persona (una visión subjetiva de quien quiere ayudar) sino de algo objetivo;

(3) Llamar la atención formalmente: ahora el asunto llega al máximo nivel de corrección que es la comunidad entera (quizás representada en sus líderes). 

Ahora bien, si todo el proceso fracasa no queda más remedio que darle el trato propio de una persona que aún no se ha convertido -como los gentiles y publicanos-, esto es: mandarlo a hacer todo el camino cristiano desde el principio.

3. La prudencia en las decisiones de la comunidad con relación a las personas (18,18)

El v.18 deja entender que con una persona que intencionalmente persiste en su situación de pecado se puede llegar a la más dolorosa y drástica de las decisiones: la excomunión, es decir, dejará de ser considerado “hermano” en la comunidad. 

Pero llama la atención que ahora Jesús pone su atención en las personas encargadas de tomar esta decisión:

(1) Según este pasaje se trata de la comunidad entera la que tiene la potestad de “atar y desatar“;

(2) Se les recuerda cualquier decisión que tomen es seria (lo que hagan en la tierra quedará hecho en el cielo), de ahí que no se deban tomar decisiones aceleradamente sino siempre con cautela.

4. La comunión en la oración como expresión de la solidaridad en todos los aspectos de la vida (18,19-20)

Es la presencia de Cristo en medio de su Iglesia la que le da valor y peso a sus decisiones.

Esto es lo que ahora se profundiza: cuando la comunidad está bien unida y compacta en una misma fe, sucede en ella lo que el Antiguo Testamento llama la “Shekináh”, es decir, ella es espacio habitado por la gloria del Señor, que para nuestro caso es el Señor Resucitado.  La unidad de la comunidad expresa la comunión perfecta con Jesús viviente en medio de ella. 

Llama la atención que en una comunidad así, es tal la solidaridad entre los hermanos, que todos son capaces pedir lo mismo (”se ponen de acuerdo para pedir algo“, 18,19), renunciando a sus intereses personales, los cuales normalmente aflorarían a la hora de hacer peticiones. 

En una comunidad que llega a este nivel profundo de solidaridad, teniendo un mismo “sentir” profundo, pueden resonar con fuerza las palabras de Jesús: “allí estoy yo en medio de ellos” (18,20).  ¡Esta sí que es una verdadera comunidad!

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Soy consciente de las graves consecuencias de un mal manejo de la disciplina en una comunidad?

2. ¿Qué comportamientos de dominancia o prepotencia de mi parte han fragmentado la unidad de mi familia y de mi comunidad?

3, ¿Qué pasos y recursos pedagógicos ha de asumir una comunidad para que evidencie en ella la vida misma del Resucitado?

 

Signos y Símbolos del Evangelio

Profesores de Salamanca

1. La corrección fraterna. 18,15-17a (Lc 17,3)

Dentro de esta conexión semita, pero presidiéndole todo su desarrollo lógico conceptual, va a exponerse ahora la actitud que ha de tenerse, no ya con el «prójimo, o con los «pequeñuelos» sino con los «hermanos» En el fondo hay una conexión ideológica con el contenido de la parábola de la oveja perdida. Si aquélla ha de buscarse, también al «hermano», extraviado.

Brevemente Lc pone lo equivalente al v.15: «Si tu hermano peca, repréndele, y si se arrepiente, perdónale. El contexto literario de Lc es distinto, pero el contexto conceptual es el mismo.

El contenido y desarrollo de Mt es lógico y rico en doctrina y descripción. Parte de este supuesto: «Si pecare tu hermano (contra ti)…. La expresión contra ti, es lección críticamente muy discutida. Falta en códices muy principales (entre ellos, Alej., B), versiones y Padres. Se supone que esto pueda proceder de Mt (17,4; 18,20. Según se acepte o rechace este detalle, «contra ti», la portada doctrinal cambia, pues si se admite, se trata de una enseñanza a propósito de una falta personal con un «hermano»; en caso contrario, se trata de la actitud cristiana ante las faltas generales de un «hermano», un miembro de la Iglesia.

La primera condición es que se trata de una verdadera falta. En este caso, lo primero que exige la caridad, que busca el bien del prójimo, es hacérselo notar para remediarlo. Pero primeramente «a solas». Es la primera exigencia de la caridad y de la justicia: no divulgar lo oculto. Es también la actitud pedagógica mejor, hecha aquí por apostolado. Si el hermano culpable «oye», se corrige, se enmienda, «habrás ganado a un hermano». Pero no para la amistad ni para provecho personal. Lo has ganado para Dios, al reconocer la falta y salir de la culpa.

Pero si el culpable, ante esta actitud, no hace caso, entonces deberá utilizar testigos. Era la prueba testifical que exigía la ley judía (Dt 17,6; 19,17). La ley cristiana no será más exigente; es la garantía justa. Pero a diferencia de la legislación del Deuteronomio, que alude a la prueba testifical jurídica, aquí no se trata de llevar la causa de la caridad ante un tribunal-salvo casos especiales en los que el daño grave al prójimo pudiera exigirlo-, lo contrario sería hacer del celo por el prójimo función policíaca, y, en lugar de traer la ventaja de la corrección, no traería sino el odio irreconciliable por la acusación. No es éste el pensamiento de Jesucristo.

Pero si el culpable aun así no hiciese caso, queda una obligación: «Díselo a la comunidad». ¿Qué se busca con este nuevo recurso? La enmienda. «Si no se escucha la admonición, sométase el caso a la comunidad para que la opinión pública, como diríamos nosotros, vea de qué parte está la ofensa, y así tal vez la unanimidad del sufragio en este círculo más extenso produzca su impresión sobre el que hasta entonces resistió a todas las anteriores advertencias».

¿Exige esta enseñanza de Jesucristo la realización sistemática de este triple estadio de recursos? Los incluirá muchas veces. Pero la enseñanza directa de Jesucristo es el celo y discreción en el ejercicio de la caridad. Puede ser una argumentación por «acumulación» y analógica a otra enseñanza sobre la caridad, dada por Jesucristo, en le que aparece un triple estadio ante el «juicio», el «sanedrín» y la «gehena de fuego» (Mt 5,21-22).

Esta tendencia filantrópica por el prójimo existía ya en la preceptiva judía de la época de Cristo. Antes de castigar al culpable había de avisársele. Eran prescripciones que derivaban de la Torah (Lc 19,17). Los testigos eran necesarios. Hasta se decía: «El que reprende a su prójimo (judío) par amor de Dios tendrá parte con Dios». Pero los mismos rabinos se lamentaban de que, en la práctica, esto no existía, y que no se encontraba a nadie capaz de afrontar esta actitud.

2. Los poderes de la Iglesia. 18,17-18

El final del verso citado lleva lógicamente a explicar, justificar, el porqué de remitir al que no se enmienda al juicio de la Iglesia.

En esta forma «acumulativa» se somete, por último, al que no reconoce su «pecado», al juicio de la Iglesia. La doctrina que se enseña es de importancia capital. La Iglesia se halla dotada de verdaderos poderes judiciales: puede castigar, y esto supone que puede juzgar. No es más que la enseñanza de la Iglesia como sociedad perfecta, dotada de todos los medios-poderes-para poder realizar su fin. Por eso se dirá expresamente que todo lo que atareis en la tierra quedará atado en el cielo, y viceversa. Las expresiones «atar» y «desatar», conforme a la literatura rabínica, significan «permitir» o «prohibir». La Iglesia, por tanto, está dotada de estos plenos poderes. La explicación de estos poderes-«todo lo que atareis (vosotros)…»-se da en el contexto a los apóstoles (Mt 18,1). Si el recurso a la Iglesia supone en ésta tal tipo de poderes, el destacarse aquí el poder de los apóstoles hace ver que se pone en cuanto eran «jefes» de la Iglesia.

Naturalmente, esto en nada va contra la «promesa» hecha a Pedro. Aquélla es personal y fundamental; ésta asocia a los apóstoles y a los sucesores a participar el poder en cuanto éste es compatible con la promesa y dignidad pontificia de Pedro. Igualmente, este poder conferido a los apóstoles, lo mismo que el «poder» de la Iglesia, y que supone su recurso a ella, no es poder conferido ni al laicado ni a cada uno de los fieles. Ni lo dice el texto ni lo puede exigir el contexto, sino que éste exige lo contrario. No sólo porque los que aparecen explícitamente dotados de este poder son los apóstoles (vis), sino porque el poder que tiene la Iglesia-sociedad-supone una jerarquía, que es la formalmente dotada de tales poderes. Y si el segundo texto (v.18) estuviese desplazado de su propio lugar, habría que reconocer que su inserción aquí sería una interpretación de AIt al v.17, y siempre quedaría el «poder» que se concede ala Iglesia, sin decirse que se concede a cada uno de los fieles, lo que tiene que ser, además, interpretado en función de esta jerarquía, pues el «díselo a la Iglesia» supone el decírselo al que tiene el «poder», que es la jerarquía. Lo contrario sería sencillamente imposibilitar el recurso al «poder» de la Iglesia. A lo más, sería una unión de la comunidad con la jerarquía, como aparece en 1 Cor. Se ve ya en ello el ejercicio de estos poderes por la Iglesia.

Este «pecado» público, que se considera en el texto pecado grave, supone, si rechaza a la Iglesia, que ésta ha ejercido sobre él su autoridad con una separación oficial de la comunidad: «excomunión». Pues si se lo lleva a la Iglesia, a la autoridad, es para que dictamine y juzgue sobre su conducta. Y si a ella no hace caso, se le ha de tener como «un pagano y un publicano», que estaban separados de la comunidad de Israel. Lo que viene a suponer que la jerarquía lo separó oficialmente de la Iglesia -lo «excomulgó»-, por lo que se le puede tener por todos, sin escándalo, como un «pagano o publicano», que no pertenece ala Iglesia. Eran, por otra parte, los poderes que ya existían en la sinagoga, el harem, y que eran eficazmente ejercidos, como aparece, incluso, en el evangelio (Jn 9,22),

3. La oración colectiva. 18,19-20

Sin unión especial, sino es evocado por la colectividad -Iglesia-, se da la doctrina sobre la eficacia de la oración en común.

Si dos o más oran juntos al Padre celestial, «lo conseguirán». En la perspectiva se supone que no pedirán nada al margen de lo que deba pedirse. Aparte que aquí en lo que principalmente se insiste es en la eficacia de la oración en común. ¿Por qué esta eficacia? Porque, cuando éstos están reunidos «en mi nombre»-conforme al sentido rabínico, «por causa de él…», «en nombre de él…»  «allí estoy yo en medio de ellos». Era ya creencia en Israel la fuerza religiosa de la oración hecha en reunión, en sinagoga. Así decía un rabino «que las oraciones hechas en las sinagogas, al momento en que la comunidad ora, son oídas». Esto se deduce del midrasch de Job (36,5): Dios no desprecia la multitud…

Pero Jesús potencializa esta oración cristiana por tres motivos: a) por no exigir la oración en «sinagoga», sino que le basta la reunión de «dos o tres»; b) porque han de estar reunidos en su «nombre»; c) por la garantía de estar El mismo presente entre los que oran así. Esta reunión con Cristo, que no les hará pedir nada al margen de su voluntad (Jn 15,7.17), les hará recibir, además de la fuerza de su vinculación (Jn 15,5), la presencia mística y complacida de Jesucristo «en medio de ellos».

Buzy ha hecho a este propósito una consideración sumamente sugestiva. Dice así:

«Los judíos creían en la presencia de la Shekina entre ellos; en suma, en la presencia de Dios». Rabí Kanina bar Teradjon (sobre 135) decía: «Si dos personas están reunidas y hablan de la Torah (la Ley), la Shekina mora entre ellos». La Shelzina era la sensibilización de la presencia de Dios. «Cuando los fieles se ocupan uno con otro, Yahvé los oye y los escucha. ¿Por qué Dios se llama maqom, «El Lugar»? Porque, en todo lugar donde se encuentran los justos, allí también se encuentra Dios entre ellos». Pero después que Jesús habita entre los hombres, El es entre ellos una Shekina, Una habitación concreta y viva de Dios. Hoy estamos acostumbrados a esta afirmación y a todas las afirmaciones semejantes. Pero es preciso que la costumbre (en su sentido ambiental) no nos vele el sentido y la fuerte intención de tales palabras. Ellas equivalen a una nueva afirmación de la divinidad. Todos los textos que mencionan una presencia misteriosa en el seno de una comunidad dicen que es la de Dios. Pero ahora Jesús sustituye a la Shekina, a la «Piedra», al «Lugar». El reivindica para sí el tributo de la presencia y de la omnipresencia. ¿Quién osaría hablar así? Una criatura no podría, sin sacrilegio, sustituir a Dios. Aquel que osa compararse a Dios lo hace en un tono el más seguro y tranquilo… La sola explicación plausible es que Jesús se considera Dios» ( Manuel de Tuya, Biblia Comentada, B.A.C., Madrid, 1964, p. 413- 417)

 

Domingo 31 de agosto de 2008

PARA APORTAR Y HACER COMENTARIOS SOBRE LA LECTIO DIVINA DEL VIGESIMO SEGUNDO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Primera lectura: Jeremías 20, 7-9 / Salmo responsorial: 62, 2-6. 8-9 / Segunda lectura: Romanos 12, 1-2

“Toma su cruz el que es crucificado para el mundo,

y sigue al Señor crucificado aquél,

para quien el mundo está crucificado.”

San Jerónimo

  

“Porque el que no se desvía de sí mismo, no puede aproximarse a aquél

que está sobre él. Pero si nosotros nos abandonamos, ¿adónde iremos fuera de nosotros?

 ¿O quién es el que se va, si se abandona a sí mismo? Nosotros somos una cosa

caídos por el pecado, y otra por nuestra naturaleza original:

nosotros nos abandonamos y nos negamos a nosotros mismos,

cuando evitamos lo que fuimos por el hombre viejo,

y nos dirigimos hacia donde nos llama nuestra naturaleza regenerada“.

San Gregorio, en la hom. 32, in Evang.

.

“Aunque parezca que alguno se abstiene de pecar,

sin embargo, si no ha tomado la cruz de Cristo,

no se puede decir, que está crucificado con Cristo,

o que está abrazado a su cruz, por eso sigue: “Y toma su cruz.”"

Orígenes

Oración Inicial

Recurramos al Señor para que nos abra el corazón y nos disponga a escuchar su proyecto de amor y así vivir como Él quiere y espera de nosotros.

Señor Jesús

Tú que nos invitas a tomar nuestra cruz y seguirte,

Tú que nos quieres en tus sendas

viviendo tu estilo de vida,

asumiendo tu manera de ser,

teniendo tus mismos sentimientos

danos la gracia de aprender de ti

lo que es vivir el estilo de Dios;

ayúdanos a que como Tú podamos

perder la vida ganándola en ti,

para tener  de ti

la vida plena y verdadera

que solo la encontramos en ti.

Danos la gracia de entender tu lógica

y  saber que solo en ti encontramos

la vida plena, la eterna,

llevando nuestra cruz detrás de ti.

Danos Señor la gracia

de seguirte día a día

sin desfallecer.

Que así sea

 

Presentación

No es literatura; ni romanticismo barato. Por el evangelio hay que estar

dispuestos a jugarse la vida. Después de haber celebrado casi dos mil veces el Viernes Santo, no debería ser necesario decirlo. No basta con recordar la vida, pasión y muer­te de Jesús; hay que cargar con la cruz y seguirlo.

conservar la vida que Dios nos ha dado implica renunciar a la vida mundana o corporal. No se trata de despreciar al mundo nni al cuerpo, sino encarnar en el mundo el amor de Dios. 

 

Hilo conductor de las lecturas del día

La liturgia de hoy centra la atención sobre las consecuencias dolorosas del ministerio profético y del seguimiento de Jesús. Tanto Jeremías como Mateo llaman la atención sobre el conflicto que tienen que afrontar tanto el profeta como Jesús.

Sobre la Primera Lectura (Jer 20, 7-9)

La experiencia del exilio marcó la vida del pueblo de Israel. Fue un momento muy doloroso que le exigió replantear su fe en el Dios de la Alianza. En este marco histórico se ubica el Profeta Jeremías.

Este pasaje pone de relieve el clamor del profeta porque Dios le ha seducido y le ha forzado, ha sido objeto de burla de todos y la palabra ha sido motivo de dolor y desprecio. Por eso el profeta ha querido desentenderse de la misión pero la Palabra ha sido más fuerte y, prácticamente, lo ha vencido.

La mayoría de los profetas bíblicos han sufrido experiencias similares a las de Jeremías. Son rechazados por sus propios hermanos y por las autoridades correspondientes. Muchos de ellos tuvieron que sufrir la muerte o el destierro. Pero pudo más la fidelidad a Dios y a su Pueblo que su propia seguridad y bienestar. La Palabra de Dios actúa en el profeta como un fuego abrasador que no lo deja tranquilo y lo mantiene siempre alerta en el cumplimiento de su misión.

Es una página autobiográfica palpitante de emoción. La misión de Jeremías es sumamente difícil. El la quiere rehuir, pero debe rendirse a la voluntad de Dios:

-Es dolorosa la vida y vocación de este Profeta. Es Profeta de la cuna al sepulcro; pero lo es siempre a la fuerza, a repelo, en rebeldía con su vocación. No podemos simplemente tildarle de pesimista, pusilánime, amargado, acomplejado. Nada de complejos. Se enfrenta valiente y sereno con reyes y cortesanos, con sacerdotes y falsos profetas. Es más bien la clarividencia, la fina sensibilidad, la responsabilidad lo que explica su tenaz resistencia, a veces su tozudez, a la vocación. Esta página de sus confesiones nos revela su drama interno: ‘Me has seducido, Yahvé; y me he tenido que rendir. Eres más fuerte y me has vencido’ (7). Recordemos Jer 1, 4-7, donde aparece el primer forcejeo entre Dios y Jeremías. Y nunca se reconcilia con su vocación.

-Y es que el mensaje que tiene que proclamar en nombre de Dios es muy duro y muy contrario a los sentimientos del auditorio y del mismo Profeta: ‘Porque siempre que hablo debo anunciar: ¡Derrota! Siempre que tomo la palabra debo proclamar: ¡Devastación! La Palabra de Yahvé es para mí causa de continuos oprobios y befas. Todos se mofan de mí. Soy su irrisión todo el día’ (8). Mientras los falsos profetas adulaban al Rey y al pueblo, Jeremías debía proclamar el mensaje de la justicia y castigo de Dios que se cernía sobre los gravísimos pecados de Jerusalén.

-Y tampoco tiene la opción de evadirse, de callar: ‘Yo decía: No me acordaré más de la Palabra de Yahvé. No hablaré más en su Nombre’ (9a). Un auténtico Profeta de Dios no puede oponerse a la fuerza del Espíritu. Quedaría devorado por su propia conciencia, que le recrimina su cobarde traición: ‘Pero sentía en mi interior un fuego que me quemaba los huesos. Y no podía ahogarlo. Y no podía soportarlo’ (9b). Ni atenúa, ni menos calla, el mensaje. Es fiel Profeta de Dios.

Segunda Lectura (Rom 12, 1-2)

Este capítulo inicia la sección parenética o exhortativa de la Carta:

-El culto a Dios, deber primario, debe practicarlo el cristiano de muy diversa manera que lo han hecho judíos y gentiles. Pablo lo llama culto espiritual para contraponerlo al culto exterior y formalista. De ahí que los sacrificios de animales, tan propios del culto Mosaico, pierden su valor. En el nuevo culto la hostia ofrecida es el hombre mismo (1). Ya Oseas elevaba a esta zona espiritual el culto cuando proclamaba: ‘Porque es amor lo que yo quiero y no sacrificios: conocimiento de Dios más que holocaustos’ (Os 6. 6). Un amor sincero a Dios y una sumisión total a su voluntad compromete al hombre entero; le hace ‘víctima viva, santa, grata a Dios’ (1), de un valor inmensamente superior a los sacrificios de animales, de sentido puramente ritual.

-Este culto espiritual se cumple siempre que el hombre se consagra a conocer, aceptar y cumplir la voluntad de Dios. Por esto San Pablo llama culto espiritual a la predicación del Evangelio: ‘Dios, a quien doy culto espiritual evangelizando a su Hijo’ (Rom 1, 9). Y pone a un mismo nivel de culto espiritual la predicación del Evangelio y la conversión sincera de los evangelizados: ‘Soy ministro de Cristo Jesús entre los gentiles en el oficio sagrado de predicar el Evangelio de Dios y de presentarle la gentilidad como ofrenda muy grata, santificada en el Espíritu Santo’ (Rom 15, 16): ‘Concédenos, Señor; que en Cristo, y formando por su Espíritu un solo Cuerpo, seamos víctima santa a honor de tu gloria’, pedimos muy justamente en una anáfora.

-El programa de toda vocación cristiana, es decir, de todo bautizado, es tan alto como bello: a) No os amoldéis al presente siglo; b) Antes bien, transformaos mediante la renovación de vuestra mente; c) Aquilatad cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto. Conviene recordar estas exigencias del Bautismo ante el peligro de secularización y de mundanización que sufrimos hoy los cristianos. Nos lo avisa el Papa: ‘Cristiano convertido a aquel mundo que él debería, por el contrario, convertir a sí’ (Paulo VI: 16-111-69). No es el mundo el que mundaniza al cristiano. Es el cristiano el que cristianiza el mundo. Res denominatur a potiori .

La segunda lectura de la carta de Pablo a los cristianos de Roma utiliza un lenguaje imperativo. Estos versículos sirven de enlace entre la parte anterior de orden más indicativo. El lenguaje es exhortativo. Les habla no sólo como hermano en la fe sino con la autoridad del Apóstol. Les invita a hacer de su cuerpo una ofrenda permanente a Dios. El verdadero culto no es el que se reduce a ritos externos sino el que procede de una vida recta y diáfana. El cuerpo, vehículo de la vida interior, debe ser un canto de alabanza y gratitud a Dios. En esto consiste la conversión para Pablo: en una vida totalmente transformada por el Espíritu de Dios, en el cambio de mentalidad, de valores, de horizonte. Sólo así se podrán tener los criterios de discernimiento para buscar, encontrar y realizar la voluntad de Dios.

 

EVANGELIO (San Mateo 16, 21-27)

 

21Desde entonces empezó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén, padecer mucho a manos de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día.

22Entonces Pedro lo tomó aparte y empezó a increparlo:

                -¡Líbrete Dios, Señor! ¡No te pasará a ti eso!

23Jesús se volvió y dijo a Pedro:

-¡Vete! ¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres un tropiezo para mí, porque tu idea no es la de Dios, sino la de los hombres.

24Entonces dijo a los discípulos: 

-El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y entonces me siga. 25Porque si uno quiere poner a salvo su vida, la perderá; en cambio, el que pierda su vida por causa mía, la pondrá al seguro.

26Y luego,

¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero a precio de su vida? ¿Y qué podrá dar para recobrarla? 27Además, el Hijo del hombre va a venir entre sus án­geles con la gloria de su Padre, y entonces retribuirá a cada uno según su conducta.

 

  • Lectio Divina del texto en su contexto

v. 21.      Comienza una nueva sección del evangelio. La frase «des­de entonces empezó Jesús» calca la usada en 4,17. Allí comenzaba la enseñanza en Galilea; ahora comienza a mostrar a sus discípu­los la inevitabilidad de su muerte, que será consecuencia lógica de su actividad y de su toma de posición contra la ideología del poder. Al contrario que Mc (8,31), Mt no emplea la denominación «el Hombre» ni el verbo «enseñar». El término «el Hombre» es extensivo; aunque designa primordialmente a Jesús, se aplica en su medida a los que lo siguen y de él reciben el Espíritu. Al omitirlo, Mt indica que Jesús informa a sus discípulos sobre su destino personal; de ahí el cambio del verbo «enseñar» por «mostrar/manifestar». También se debe a ello la precisión de «ir a Jerusalén», que coloca el episodio en un marco histórico y temporal concreto.

El Gran Consejo, representante de todas las clases dirigentes, poder del dinero, líderes religiosos e intelectuales, va a pasar a la acción contra Jesús. El destino de éste está señalado por la muerte; ésta va a ser la última palabra de los dirigentes, su intento de destruir al Hombre, y la pronunciarán en nombre de Dios, de «su» dios. Pero Dios mismo la desautorizará resucitando a Jesús, dándole de este modo la razón a él, no a «sus representantes». Con la resurrección, Dios va a refrendar la palabra y la actividad de Jesús, poniéndose en contra de quienes lo han condenado.

El verbo «tenía que» (gr. dei) indica una necesidad que entra dentro del designio divino. Este consiste en que Jesús salve a su pueblo (1,21) aun a costa de su vida misma. No es que Dios quiera y haya decidido la muerte de Jesús, sino que ésta es inevitable dada la oposición de los dirigentes al mesianismo que él encarna. Jesús Mesías, cuya misión consiste en liberar de la opresión reli­gioso-política (éxodo) ejercida sobre Israel por las instituciones y sus representantes, tiene necesariamente que sufrir la oposición implacable de esas autoridades, que lo condenarán a muerte.

«Al tercer día» era fórmula consagrada para indicar un breve espacio de tiempo. Puede hacer alusión también a la teofama y a Os 6,2: «al tercer día nos resucitará».

v. 22. Pedro está en completo desacuerdo con lo expuesto por Jesús. Ha expresado la fe auténtica, pero no acepta la praxis que se deriva de ella. Llevándose aparte a Jesús, lo increpa. El verbo es fortísimo, puesto que lo usa Jesús con los demonios (17,18) o ele­mentos demoniacos (8,26). En general, el uso del verbo indica que el destinatario del reproche se opone al plan de Dios o podría hacerlo si no hiciese lo que se le dice. Pedro, por tanto, considera que el destino expuesto por Jesús es contrario al designio divino. Como lo expresan sus palabras, se opone a que Jesús muera.

v. 23. La respuesta de Jesús manifiesta el colmo de la indigna­ción. Pedro encarna a Satanás, es decir, sus palabras concretan la tercera tentación del desierto (4,10). En el encuentro con sus ene­migos, Pedro lo tienta a que sea un Mesías poderoso y vencedor.

Jesús lo rechaza con el mismo Imperativo con que rechazó a Satanás: «¡Vete!»; la segunda parte: «¡Quítate de en medio!», se refiere a Pedro como obstáculo que impide su camino.

Explica Jesús por qué Pedro es obstáculo: «tu idea no es la de Dios, sino la de los hombres». «Tu idea», gr. phroneis, «pien­sas, tienes un modo de pensar». «La idea de Dios» es la expresada por la voz del cielo en el bautismo de Jesús, donde el Mesías apa­rece como el Hijo de Dios cuyo propósito de cumplir su misión hasta Ja muerte es aceptado por el Padre y que asume así los ras­gos del siervo de Dios (cf. 3,17); son los elementos que constituyen «los secretos del reinado de Dios» (13,11).

«Los hombres» son los mencionados en 16,13, los que no des­cubren el mesianismo de Jesús. Pedro ha comprendido el mesia­nismo, como lo ha mostrado en su brillante profesión de fe (16,16), pero no acepta sus consecuencias. La fe que profesa queda en el intelecto, no se hace praxis. Su caso es más grave que si no hubiera entendido (cf. 7,21.26) Encarnando «al diablo» (4 3 6) reconoce que Jesús es el Hijo de Dios pero pretende encauzar su mesianismo hacia el poder y el triunfo

La oposición de Pedro continuara así lo indica el paralelo entre «empezó Jesús a manifestar» (21) y «empezó (Pedro) a increparlo» (22). La oposición culminara en las negaciones (26 29 75)

v. 24. Jesús se dirige a los discípulos para exponerles las condi­ciones del seguimiento. «Venirse conmigo» indica el acto de adhe­sión inicial (aoristo) que luego continuará en el seguimiento (pre­sente). Las condiciones que va a exponer Jesús muestran que el destino del discípulo es el mismo del Mesías. Son dos esas condi­ciones: «renegar de sí mismo» y «cargar con la propia cruz». «Re­negar de sí mismo» significa renunciar a toda ambición personal y es una nueva formulación de la primera bienaventuranza, «elegir ser pobre»; «cargar con la propia cruz» significa aceptar ser perse­guido y aun condenado a muerte por la sociedad establecida, y equivale a la última bienaventuranza: «los que viven perseguidos por su fidelidad». Cumplir estas dos bienaventuranzas constituye la esencia del discípulo; son los «mandamientos mínimos» que nin­gún discípulo puede dejar de cumplir (5,19).

vv. 25-27. Nótese la estructura del pasaje. Jesús expone las dos condiciones para seguirlo. A continuación propone tres argu­mentos, probando con ellos que sus condicio­nes, aparentemente tan duras, son las únicas sensatas.

  • La cruz, el camino para ser discípulo de Jesús

Jesús expone con toda claridad su Mesianismo Redentor: un Mesías en cruz es el riesgo decisivo y difícil de la fe; Jesús plantea crudamente esta crisis a los suyos:

-Aprovecha la confesión y profesión que Pedro acaba de hacer de la Mesianidad de Jesús para entrarles en el misterio de un Mesías-Redentor: el profetizado en los oráculos del ‘Siervo de Yahvé’. Ha de tomar sobre sí los pecados de todos. Debe ser la víctima expiatoria por todos.

-Pedro cae, una vez más, en el mesianismo de carne y sangre: glorioso, político. Y aún intenta desviar a Jesús. Jesús rechaza aquella sugestión y la califica de diabólica (23). Ni Pedro ni sus compañeros son capaces de superar su cerrada mentalidad hasta que la Resurrección de Jesús y la luz de Pentecostés les den la clave del Mesianismo-Redentor.

-Con ocasión de este despiste de Pedro, Jesús proclama cuál sea el Mesianismo auténtico: el de la cruz. La Redención la hará El por la cruz. Y cuantos queramos ser de El debemos compartir su cruz (24). Las frases pedagógicas de los vv 25-26 contraponen el criterio divino al humano. Este valoriza sólo la vida de acá, lo efímero y caduco. En la escala auténtica de valores deben anteponerse los eternos a los temporales. A esta luz es válida la paradoja de Jesús: Quien pierde gana y quien gana pierde: Quien pierde y renuncia por amor al Reino de los cielos lo temporal, gana lo eterno. Quien se afana sólo por lo temporal pierde lo eterno.

 

El Card. Newman expresaba este dejarse conducir por Dios de modo muy poético y profundo:

Guíame, luz bondadosa,
en medio de las tinieblas
que me rodean,
guíame adelante.
La noche es oscura,
me encuentro lejos del hogar,
guíame adelante.
Protégeme al caminar,
no te pido ver en lontananza,
me basta asegurar el paso siguiente.

No siempre fue así.
En el pasado yo no rezaba para que tú me guiases por el camino.
Amaba elegir y ver mi sendero,
pero ahora guíame Tú.
Amaba el tiempo soberbio y vanidoso y, a pesar de temores,
el orgullo y rebelión dominaban mi voluntad: no recuerdes más los años pasados.

Durante tanto tiempo me ha bendecido tu poder que,
sin duda, me seguirá guiando adelante todavía.
Me guiará en medio del brezal
y del pantano.
Me guiará por encima del peñasco
y del raudal
hasta que pase la noche.
Al amanecer sonreirán aquellos rostros angél