UN ACERCAMIENTO PASTORAL A LA LECTIO DIVINA

V de PASCUA

2 de Mayo 2010

 

“Para ofrecer bien una Eucaristía se necesitarían tres eternidades: una para prepararla, otra para celebrarla y una tercera para dar gracias”.

Era una frase predilecta de San Juan Eudes, que anticipaba la consideración de la Eucaristía como el vértice de la Iglesia, alimento del pueblo de Dios.

 

En las lecturas de hoy se subraya el papel que los “ministros” tienen en la comunidad eclesial, en su tarea misionera y evangelizadora.

Precisamente en este tiempo en que muchos reciben el Bautismo, y otros participan por primera vez plenamente de la mesa eucarística de la comunidad, y otros también reciben el Sacramento del don del Espíritu, la Confirmación, es bueno recordar que la comunidad del Señor se les debe presentar a ellos -a las generaciones jóvenes- como una Iglesia viva, llena de fe, animada por el Espíritu, que canta alabanzas a Dios y participa de los sacramentos, pero que también da testimonio de su fe en la vida.

 

Hechos 14,21b-27. Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos

Terminado su primer viaje apostólico, Pablo y Bernabé vuelven a la comunidad que les había enviado oficialmente, la de Antioquía de Siria, y allí dan cuentas a sus hermanos de cómo Dios ha ido llamando a la fe no sólo a los judíos sino también a muchos paganos.

En el acta fundacional de las comunidades nos dice que van  nombrando presbíteros y responsables locales, orando con ellos y sobre ellos, exhortándoles y encomendándolos al Señor. Sin ministros que las guíen y presidan, difícilmente pueden mantenerse unidas y vivas las comunidades.

 

Apocalipsis 21,l-5a. Dios enjugará las lágrimas de sus ojos

Hacia el final del libro del Apocalipsis, cuando ya ha descrito, con visiones llenas de enigmas y fantasía, las violentas luchas entre el bien y el mal, entre “el Cordero” y “el dragón”, con la derrota total de este, el vidente describe “los cielos nuevos y la tierra nueva”, la “nueva Jerusalén”, “arreglada como una novia para su esposo”.

Juan 13,31-33a.34-35. Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros

Hoy y el próximo domingo escuchamos en el evangelio palabras de Jesús en su cena de despedida, dándoles a sus discípulos consignas para cuando él falte.

 

Introducción

Ante todo habla de su “glorificación”, que es la palabra con que Juan designa la “hora” de Jesús, que incluye su muerte y su resurrección. Pero también nos da su gran consigna: “os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado”. El que la comunidad tome en serio el testamento de Jesús sobre el amor fraterno, “os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”.

El contexto

El texto está enmarcado en el A.T. el amor a Dios (Dt.6,4: amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser).

La novedad del reino: es el amor comprometido, nadie tiene más amor que aquel que da la vida por los hermanos. Es un amor responsable y corresponsable, es aplicar el evangelio a la vida, familia, estudio…

El amor de Dios no es sólo con él sino con el hermano. Existen como dos dimensiones del amor: amar a Dios (resumido en los mandamientos), amar al otro como nuevo mandamiento, pero teniendo en cuenta que el prototipo o ideal es el amor es Jesús, por eso no es solo comportamiento sino estilo, compromiso de vida, si me amo, amo al otro -prójimo- y amo a Dios.

A todos nos cuesta amar más aquellos “hermanos” que no ovan con las formas propias de pensar e incluso pueden ser mis enemigos, pero este es el reto del amor.

 El aporte pastoral 

Nos ha dejado esa consigna casi como un termómetro o comprobante de si somos o no buenos cristianos: “la señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”.

Llegar con puntualidad, entrar a tiempo en la iglesia, no hacerse esperar. Por consideración a los hermanos, por respeto a la asamblea, por la importancia que tienen esos minutos primeros, en orden a crear el clima adecuado para la celebración. Es muy distinto poder comenzar una celebración cuando ya están todos reunidos, que tener que hacerlo cuando buena parte de los que van a participar están por llegar, o llegando. Y ¿cómo pensar siquiera en dedicar unos minutos a la preparación inmediata de la celebración (ensayo de cantos, concreción de algún servicio pendiente, etc.), si los llamados a participar en ella no entran hasta que no está ya iniciada? Decía alguien:

“¡Bienaventurados vosotros si pertenecéis a una comunidad que valore los primeros cinco minutos!”

  • - Cuando vamos a un concierto de música queremos comprar con tiempo las entradas, hacemos la fila, llegando a tiempo e incluso cuando ya están todos sentados en el lugar comienza el concierto en absoluto silencio.
  • - Los cinco primeros minutos en cualquier competencia son importantes, las personas que ven los partidos de fútbol, llegan antes de comenzar a los actos protocolarios y al pitazo inicial.
  • - Cuando vamos a almorzar no nos gusta que comiencen sin nosotros, porque sería muy difícil que llegáramos tarde cuando ya todos han comenzado.
  • - Cuando tenemos una reunión importante, queremos que todos lleguen a tiempo, para comenzar a tiempo y terminar a tiempo.
  • - Cuando vamos a cine, queremos llegar a tiempo, hacer la fila para comprar los pases, comprar algo y ver los cortes, si llegamos cinco minutos después, puede que nos perdamos lo más emocionante de la película.
  • - Si llegamos a tiempo a la misa, me voy a preparar espiritualmente a la celebración y así estar a tiempo para no perderme el saludo, el acto penitencial y las lecturas, para así comprender el evangelio y la predicación.

Colocarse lo más cerca posible del altar, no en los últimos bancos, si no es necesario (¿por qué seremos en esto tan evangélicos?…). La asamblea, ya lo sabemos, es más que reunión material, pero también es eso. ¿Mostrarán voluntad de unirse espiritualmente y formar un solo cuerpo, una sola familia, los que tanto rehuyen la cercanía física y parecen evitarse unos a otros? Hay iglesias grandes en las que, a punto de comenzar ya la celebración eucarística, los allí “reunidos” parece que estuvieran jugando a las cuatro esquinas, tan separados entre sí como resulta posible. Veinte personas pueden estar ocupando dieciocho bancos. “La Iglesia -decía san Juan Crisóstomo- está hecha no para dividir a los que se reúnen en ella, sino para reunir a los que están divididos, que es lo

que significa la asamblea.

Expresar de algún modo la acogida mutua, tener un gesto sencillo, una palabra, una sonrisa, un intercambio discreto de saludo con quien se tiene al lado. Aunque sea un desconocido, es un hermano en la fe, con quien se va a compartir la celebración de los sagrados misterios. Nadie puede

resultar extraño a nadie cuando comparte la misma celebración, la misma mesa. Habrá lugares u ocasiones especiales donde convenga, además, tener algo así como un servicio de acogida: personas de la comunidad que se encarguen de recibir amablemente a los que llegan y orientarlos, o acompañarlos hacia el sitio que han de ocupar, para que no se sientan extraños, sino acogidos y se integren más fácilmente en la asamblea.

Responder con decisión, sin desgana, al saludo y demás invitaciones del que preside. Un “amén” apenas perceptible, como respuesta a las palabras con que el sacerdote acompaña el signo de la cruz que abre la celebración (”en el nombre del Padre, y del Hijo…”) y, sobre todo, un “y con tu espíritu”

sin espíritu, desmayado del todo, como respuesta al saludo que el sacerdote dirige a los reunidos, produce una tristísima impresión y un efecto muy negativo. No es lo mejor que puede ocurrir, precisamente, cuando empieza a constituirse la asamblea. Sobreponerse en esos momentos a la pereza, o a la indecisión, y responder con firmeza, con ganas, a esos, digamos, requerimientos del sacerdote es colaborar muy positivamente a la construcción de la asamblea, porque tiene siempre una fuerza de provocación y de estímulo positivo para los demás. No digamos nada del canto. Basta que unos pocos “rompan el hielo”, para que, prácticamente, toda la asamblea se ponga a cantar, cuando se trata, claro está, de un canto conocido.

Mostrarse disponible para ejercer alguna función o servicio en la celebración. Esta aparece más claramente como fiesta de una comunidad estructurada, plural y diversificada, como la misma Iglesia, si las distintas funciones recaen sobre distintos miembros y no sólo sobre uno, el sacerdote, dando lugar al llamado “sacerdote-orquesta”, que lo hace todo en la celebración, quizá porque no ha descubierto posibles colaboradores en la comunidad13. “No rehusen los fieles servir al pueblo de Dios con gozo cuando se les pida que desempeñen en la celebración algún determinado ministerio” (IGMR 62).

No singularizarse en los gestos y actitudes corporales, para que la diversidad de estos no dé pie para pensar que también son diversos los sentimientos interiores y que se rompe, de algún modo, la unión con los hermanos. “Eviten… toda apariencia de singularidad o de división, teniendo presente que es uno el Padre común que tienen en el cielo, y que todos, por consiguiente, son hermanos entre sí. Formen, pues, un solo cuerpo. Esta unidad se hace hermosamente visible cuando los fieles observan comunitariamente los mismos gestos y actitudes corporales”. “La postura uniforme, seguida por todos los que forman parte en la celebración, es un signo de comunidad y unidad de la asamblea, ya que expresa y fomenta al mismo tiempo la unanimidad de todos los participantes”

(IGMR 62.20).

Valorar y cuidar el rito de entrada, que, en definitiva, lo que se propone es hacer asamblea, formar comunidad para la celebración.

ESPECIAL MES DE MAYO

EL CORAZÓN DE JESÚS Y MARÍA, FORMAN UN SOLO CORAZÓN

SAN JUAN EUDES

 

Juan Eudes se nos revela como un auténtico profeta de la misericordia, en una época en la que se imponían tantas corrientes rigoristas. Y a partir de esa pasión que lo devoraba delineó un camino de santidad basado en la mística del amor comprometido. En él, la misión y el ministerio aparecen como las dos caras de la existencia cristiana, un lazo concreto y visible entre el amor de Dios y la miseria humana. Ello sintetiza todo su proyecto espiritual y misionero.

 

ORACION
A LOS CORAZONES DE JESUS Y MARIA

Oh benevolísimo y misericordísimo
Corazón de Jesús,
estampa en nuestros corazones
una imagen perfecta de tu gran misericordia,
para que podamos cumplir
el mandamiento que nos diste:
“Serás misericordioso
como lo es tu Padre “.

Madre de la misericordia,
vela sobre tanta desgracia, tantos pobres,
tantos cautivos, tantos prisioneros,
tantos hombres y mujeres que sufren persecución
en manos de sus hermanos y hermanas,
tanta gente indefensa,
tantas almas afligidas,
tantos corazones inquietos,

Madre de la misericordia,
abre los ojos de tu clemencia
y contempla nuestra desolación.
Abre los oídos de tu bondad
y oye nuestra súplica.

Amorosísima y poderosísima abogada,
demuéstranos que eres en verdad
la Madre de la Misericordia.

EL CORAZON ES LA FUENTE DEL AMOR

El Corazón de María “es la fuente y el principio de todas las grandezas, excelencias y prerrogativas que la adornan, de todas las cualidades eminentes que la elevan por encima de todas las criaturas, hija primogénita del Padre, madre del Hijo, esposa del Espíritu Santo y templo de la santísima Trinidad… Este santísimo corazón es la fuente de todas las gracias que acompañan a estas cualidades… y además que es la fuente de todas las virtudes que practicó… Porque fueron la humildad, la pureza, el amor y la caridad del corazón lo que la hicieron digna de ser la Madre de Dios y consiguientemente poseer todas las dotes y prerrogativas que acompañan a esta excelsa dignidad”. Otro texto define muy bien el objeto de esta devoción: “Deseamos honrar en la Virgen Madre de Jesús no solamente un misterio o una acción, como el nacimiento, la presentación, la visitación, la purificación; no sólo algunas de sus prerrogativas, como el ser madre de Dios, hija del Padre, esposa del Espíritu Santo, templo de la santísima Trinidad, reina del cielo y de la tierra; ni tampoco sólo su persona, sino que deseamos honrar en ella la fuente y el origen de la santidad y de la dignidad de todos sus misterios, de todas sus acciones, de todas sus cualidades y de su misma persona, es decir, su amor y su caridad, que son la medida del mérito y el principio de toda la santidad”

CONOCER EL AMOR DE DIOS EN JESUCRISTO

 En la encíclica «Deus caritas est» he citado la afirmación de la primera carta de san Juan: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» para subrayar que en el origen de la vida cristiana está el encuentro con una Persona. Ya que Dios se ha manifestado de la manera más profunda a través de la encarnación de su Hijo haciéndose «visible» en Él, en la relación con Cristo podemos reconocer quién es verdaderamente Dios («Haurietis aquas», encíclica «Deus caritas est»,). Es más, puesto que el amor de Dios ha encontrado su expresión más profunda en la entrega que Cristo hizo de su vida por nosotros en la Cruz, al contemplar su sufrimiento y muerte podemos reconocer de manera cada vez más clara el amor sin límites de Dios por nosotros: «tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16).

CONTENIDO DE TODA VERDADERA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA

Este misterio del amor de Dios por nosotros no constituye sólo el contenido del culto y de la devoción al Corazón de Jesús: es, al mismo tiempo, el contenido de toda verdadera espiritualidad y devoción cristiana. Es importante subrayar que el fundamento de esta devoción es tan antiguo como el mismo cristianismo. De hecho sólo se puede ser cristiano dirigiendo la mirada a la Cruz de nuestro Redentor, «a quien traspasaron» (Jn 19, 37; Zc 12, 10). La encíclica «Haurietis aquas» recuerda que la herida del costado y las de los clavos han sido para innumerables almas los signos de un amor que ha transformado incisivamente su vida. Reconocer el amor de Dios en el Crucificado ha sido para ellas una experiencia interior que les ha llevado a confesar, con Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20, 28), permitiéndoles alcanzar una fe más profunda en la acogida sin reservas del amor de Dios («Haurietis aquas»).

EXPERIMENTAR EL AMOR DE DIOS MIRANDO AL CORAZÓN DE JESUCRISTO

El significado más profundo del culto al amor de Dios sólo se manifiesta cuando se considera más atentamente su contribución no sólo al conocimiento sino también y sobre todo a la experiencia personal de ese amor en la entrega confiada a su servicio («Haurietis aquas»). Obviamente, experiencia y conocimiento no pueden separarse. Además, es necesario subrayar que un auténtico conocimiento del amor de Dios sólo es posible en el contexto de una actitud de oración humilde y de generosa disponibilidad. Partiendo de esta actitud interior, la mirada puesta en el costado traspasado de la lanza se transforma en silenciosa adoración. La mirada en el costado traspasado del Señor, del que salen «sangre y agua», nos ayuda a reconocer la multitud de dones de gracia que de ahí proceden («Haurietis aquas») y nos abre a todas las demás formas de devoción cristiana que están comprendidas en el culto al Corazón de Jesús.

DEL OFICIO DE LECTURA

Te pido que pienses que nuestro Señor Jesucristo es realmente tu cabeza y que tú eres uno de sus miembros. Él es para ti como la cabeza para con los miembros; todo lo suyo es tuyo: el espíritu, el corazón, el cuerpo, el alma y todas sus facultades, y tú debes usar de todo ello como de algo propio, para que, sirviéndolo, lo alabes, lo ames y lo glorifiques. En cuanto a ti, eres para él como el miembro para con la cabeza, por lo cual él desea intensamente usar de todas tus facultades como propias, para servir y glorificar al Padre.

Y él no es para ti sólo eso que hemos dicho, sino que además quiere estar en ti, viviendo y dominando en ti a la manera que la cabeza vive en sus miembros y los gobierna. Quiere que todo lo que hay en él viva y domine en ti: su espíritu en tu espíritu, su corazón en el tuyo, todas las facultades de su alma en las tuyas, de modo que en ti se realicen aquellas palabras: Glorificad a Dios con vuestro cuerpo, y que la vida de Jesús se manifieste en vosotros.

Igualmente, tú no sólo eres para el Hijo de Dios, sino que debes estar en él como los miembros están en la cabeza. Todo lo que hay en ti debe ser injertado en él, y de él debes recibir la vida y ser gobernado por él. Fuera de él no hallarás la vida verdadera, ya que él es la única fuente de vida verdadera; fuera de él no hallarás sino muerte y destrucción. Él ha de ser el único principio de toda tu actividad y de todas tus energías; debes vivir de él y por él, para que en ti se cumplan aquellas palabras: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos.

Eres, por tanto, una sola cosa con Jesús, del mismo modo que los miembros son una sola cosa con la cabeza y, por eso, debes tener con él un solo espíritu, una sola alma, una sola vida, una sola voluntad, un solo sentir, un solo corazón. Y él debe ser tu espíritu, tu corazón, tu amor, tu vida y todo lo tuyo. Todas estas grandezas del cristiano tienen su origen en el bautismo, son aumentadas y corroboradas por el sacramento de la confirmación y por el buen empleo de las demás gracias comunicadas por Dios, que en la sagrada eucaristía encuentran su mejor complemento.

Oración

Oh Dios, que elegiste a san Juan Eudes para anunciar al mundo las insondables riquezas del misterio de Cristo, concédenos, te rogamos, que, por su palabra y su ejemplo, crezcamos en el conocimiento de tu verdad y vivamos según el Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de Misericordia a los Corazones de Jesús y María
San Juan Eudes

Oh benevolísimo y misericordísimo
Corazón de Jesús,
estampa en nuestros corazones
una imagen perfecta de tu gran misericordia,
para que podamos cumplir
el mandamiento que nos diste:
“Serás misericordioso
como lo es tu Padre “.

Madre de la misericordia,
vela sobre tanta desgracia, tantos pobres,
tantos cautivos, tantos prisioneros,
tantos hombres y mujeres que sufren persecución
en manos de sus hermanos y hermanas,
tanta gente indefensa,
tantas almas afligidas,
tantos corazones inquietos,

Madre de la misericordia,
abre los ojos de tu clemencia
y contempla nuestra desolación.
Abre los oídos de tu bondad
y oye nuestra súplica.

Amorosísima y poderosísima abogada,
demuéstranos que eres en verdad
la Madre de la Misericordia.

OFRECIMIENTO A LOS DOS CORAZONES
San Juan Eudes

Oh Jesús, el Unico Hijo de Dios,
el Unico Hijo de María,
te ofrezco el Corazón bondadosísimo
de tu Madre Divina,
el cual para ti es el más precioso
y agradable de todos.

Oh María, Madre de Jesús,
te ofrezco el Corazón Sagradísimo
de tu amado Hijo,
quien es la vida y el amor de tu Corazón.

 

UN ACERCAMIENTO PASTORAL A LA LECTIO DIVINA DEL XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (Salterio: semana II)

Oremos…

Padre te pedimos, que mires lo que hay en nuestro interior, Oh Dios, y que examines nuestros pensamientos. Que veas si hay alguna maldad en nosotros, que nos lo muestres, Señor, para que veamos lo mucho que necesitamos la limpieza de tu gracia, el perdón de tu misericordia.

Guíanos por el sendero eterno, te lo pedimos en el nombre de Jesús, amen.

Presentación

La propuesta en la pedagogía de la liturgia semanal tiene que ver con la fe comunitaria, por la necesidad de estar atentos a los signos de los tiempos. Hemos seguido de cerca al Señor en su caminar, ahora pasamos a “ver” con los ojos de la fe, vivimos una profunda autoevaluación en este domingo, pareciera que el examen que hacemos este domingo es de actitudes ante la fidelidad, la justicia, la coherencia ante el mensaje este día.

PRIMERA LECTURA

Vienen a mí llorando, pero yo los consolaré y los guiaré.

Del libro del profeta Jeremías (31, 7-9)

Esto dice el Señor: “Griten de alegría por Jacob, regocíjense por el mejor de los pueblos; proclamen, alaben y digan: ‘El Señor ha salvado a su pueblo, al grupo de los sobrevivientes de Israel’.

He aquí que yo los hago volver del país del norte y los congrego desde los confines de la tierra. Entre ellos vienen el ciego y el cojo, la mujer encinta y la que acaba de dar a luz.

Retorna una gran multitud; vienen llorando, pero yo los consolaré y los guiaré; los llevaré a torrentes de agua por un camino llano en el que no tropezarán. Porque yo soy para Israel un padre y Efraín es mi primogénito”.

Palabra de Dios.

El quinto poema contiene en sus ideas un llamado a cantar con gozo y a proclamar el regreso del pueblo dispersado. El pueblo es caracterizado como una asamblea grande, inclusive de los grupos más débiles: no solo participan los hombres, sino las mujeres y los impuros.

Jeremías nos da un mensaje consolador, pues nos habla de la unificación de las tribus de Israel, pues en contesto es sobre la unificación de las tribus de Israel dispersas (622-609 a.C.). la restauración entonces corresponde a la nueva alianza: pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones las escribiré. 

El contexto, está marcado por la reforma religiosa de Josías, que logro la vuelta de los desterrados al reino de David. Son tres temas de la lectura hoy:

  • a) La restauración esperada es como una concentración
  • b) De una reconciliación entre un padre y su primogénito
  • c) Una consolación de Dios, después de una prueba sufrida.

Leyendo desde un aporte pastoral, donde Dios guía a su pueblo y aquellos a los que dirigirá su acción salvadora hacia los más pequeños.  

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 125 (Salmo 126 (125 en la liturgia))

Respuesta: Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

Cuando el Señor nos hizo volver del cautiverio, / creíamos soñar; / entonces no cesaba de reír nuestra boca / ni se cansaba entonces la lengua de cantar.

Aun los mismos paganos con asombro decían: / “¡Grandes cosas ha hecho por ellos el Señor!”. / Y estábamos alegres, / pues ha hecho grandes cosas por su pueblo el Señor.

Como cambian los ríos la suerte del desierto, / cambia también ahora nuestra suerte, Señor, / y entre gritos de júbilo / cosecharán aquellos que siembran con dolor.

Al ir, iban llorando, cargando la semilla; / al regresar, cantando vendrán con sus gavillas.

El Salmo se refiere al regreso del exilio o la primera reorganización de la vida en Jerusalén. Notamos risas, gozo y fiesta por parte de aquellos que regresan del exilio y por parte de quienes los reciben: “La boca se nos llenaba de risas, / la lengua de cantares” (v.2a).   

 

SEGUNDA LECTURA

Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec.

De la Carta a los Hebreos (5, 1-6)

Hermanos: Todo sumo sacerdote es un hombre escogido entre los hombres y está constituido para intervenir en favor de ellos ante Dios, para ofrecer dones y sacrificios por los pecados. Él puede comprender a los ignorantes y extraviados, ya que Él mismo está envuelto en debilidades. Por eso, así como debe ofrecer sacrificios por los pecados del pueblo, debe ofrecerlos también por los suyos propios.

Nadie puede apropiarse ese honor, sino sólo aquel que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. De igual manera, Cristo no se confirió a sí mismo la dignidad de sumo sacerdote; se la otorgó quien le había dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice otro pasaje de la Escritura: Tú eres sacerdote eterno, como Melquisedec.

Palabra de Dios.

Sobre el sacerdocio de Cristo nos habla de dos características:

  • 1. Su real e histórica apertura a los hombres
  • 2. Comprensión con los ignorantes y extraviados

 

EVANGELIO

Maestro, que pueda ver.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (10, 46-52)

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús de Nazaret, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!”. Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”.

Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, di­ciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque Él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?”. El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.

Palabra del Señor.

 

•1.     Contexto

El lugar donde ocurren los hechos son cerca a Jerusalén, el ciego es natural de Jericó, pero no es ciego de nacimiento. El contexto, viene siendo dado por los anteriores domingos donde se nos presenta el camino hacia Jerusalén, donde su enseñanza ha sido dada a sus discípulos que lo acompañan.

En estos capítulos tenemos dos historias de sanar de dos hombres ciegos (8,22-26 y 10,46-52).  Entre las dos historias, Jesús viaja con los discípulos hacia Jerusalén.  En camino, les habla a los discípulos de su muerte venidera (8,31-33; 9,30-32; 10,32-34), pero a cada predicción responden de una manera inapropiada, demostrando su ceguera hacia el futuro que Jesús quiere revelarles. Se convierte en una ceguera de los mismos discípulos. El “ver” es ser capaz de abrirme a Dios, el hacerme capacidad de Dios, el “ver”  ya no con los ojos exclusivos de cualquier persona, sino con los ojos de la fe.

En esto, debemos de ser bien espirituales, pues muchas personas que se nos acercan, quisieran saber las cosas de manera exclusivamente física, como por ejemplo, los misterios de la fe, los dogmas de la Iglesia o los dogmas de la virgen María, debemos abordarlos con cuidado para no quedarnos con respuestas sin hondura espiritual que muchas veces no se tiene en cuenta el crecimiento espiritual de la fe de muchos de nuestros laicos que tienen poca formación. El mensaje este Domingo es sobre Bartimeo, que nos invita a “ver”, es ir va más allá de los sentidos, sentimientos, inteligencia, corazón, razón… el ver nos confronta con nuestra espiritualidad y nos hace entrar en la dinámica espiritual de la fe verdadera, que nace de lo más hondo del corazón. Por eso la fe es un don, es entrar en la lógica del evangelio, donde el “ver” es un encuentro gozoso con el señor, con el Espíritu Santo, con las verdades de la fe y este salto en la fe es para aquellos que el Señor se los quiera revelar.   

  

La realidad es cruda, pero es real, un hombre pobre y ciego, dos situaciones difíciles para un hombre en cualquier época, pero sobre esta realidad el Señor va a actuar grandemente, pues tiene la disposición de responder al llamado del Señor, él se convertirá en un gran modelo de hombre por su caminar en la fe. 

 

Marcos utiliza estas dos historias de hombres ciegos para marcar una serie de historias de discípulos cegados espiritualmente.  Además, se fija en el círculo íntimo de Jesús - Pedro, Santiago, y Juan - para prestarles atención especial.  Son privilegiados por haber estado con Jesús en la Transfiguración (9,2-8), pero parecen estar ciegos a las verdades que Jesús intenta enseñarles.

 

La historia de Bartimeo es la última historia de sanar en este Evangelio y pone fin a capítulo 10.  Capítulo 11 presenta la Entrada Triunfal a Jerusalén (11,1) que, por supuesto, es el preludio de su crucifixión.

 

•2.     Aporte pastoral

 

  • - Bartimeo (arameo: bar significa hijo de) el ciego, hijo de Timeo (griego: ho huios timaiou, el hijo de Timeo), estaba sentado junto al camino (griego: ten hodon - la carretera, el camino) mendigando. “Bartimeo el ciego, hijo de Timeo” (v. 46). Bar significa “hijo de” en arameo, un idioma similar al hebreo y la lengua común de judíos palestinos de la época de Jesús. Marcos incluye el nombre arameo y lo traduce al griego para lectores gentiles. Timao (griego) significa honrar, entonces, Bartimeo puede significar hijo de honor. “Marcos contrasta claramente el significado del nombre con la ocupación del hombre. ¡Un hijo de honor está mendigando al lado de la carretera! Este hombre, que vive cada día con la vergüenza de su condición, le da a Jesús títulos de honor. Antes de terminar la narrativa, vemos a Bartimeo, su honor ya plenamente restaurado, uniéndose a Jesús en su camino hacia la deshonra y vergüenza”.

 

  • 2.1. Importancia del texto en su contexto

 “Entonces vienen á Jericó” (v. 46).  Quince millas montañosas bajo Jerusalén, Jericó es una de las ciudades más antiguas del mundo que han estado continuamente ocupadas.

 “y saliendo él de Jericó y sus discípulos y una gran compañía” (v. 46).  Las calles estarían llenas de peregrinos de todas partes dirigiéndose hacia la Ciudad Santa.  La fama de Jesús le precede, y gente espera vislumbrar, aunque sea solo un poquito, al hombre que algunos consideran el Mesías.  Quizá puedan presenciar un milagro - o recibir una bendición - o escuchar unas palabras de sabiduría - o hasta ver chispas volar entre Jesús y sus enemigos.  En todo caso, promete ser un gran desfile.

 

Jericó es el hogar de muchos sacerdotes y Levitas que sirven en el templo de Jerusalén.  Algunos de ellos se encontrarán en esta multitud, temerosos quizá del impacto que este joven profeta pueda tener en sus vidas - vidas profundamente enraizadas en tradición.  El aparente desdeño de Jesús hacia tradición debe incomodarles.  Seguramente algunos se mantienen a los lados, intentando reunir el valor necesario para retar a Jesús cuando pase por delante.

•2.2.          Identidad de Bartimeo  (hoja de vida de Bartimeo)

Marcos no suele nombrar aquéllos que benefician de milagros - solo nombra a Jairo y Bartimeo en este Evangelio.  Puede ser que Bartimeo sea activo en la iglesia y conocido por los lectores de Marcos. Se presume que Bartimeo no era un desconocido en la comunidad cristiana de Palestina, sino un miembro conocido de Jericó.

•2.3.          El ciego

“el ciego…mendigando” (v. 46).  La mayoría de hombres ciegos eran mendigos, considerados de manera caritativa.  “Bartimeo es la plena imagen de alguien sin nada que ofrecer, nada que declarar”.

•2.4.          Marginado y excluido: al borde del camino

“estaba sentado junto al camino” (v. 46).  El camino es un lugar para marginados.  Normalmente un lugar tranquilo al lado de la carretera, este día sería ruidoso a causa de los peregrinos dirigiéndose a Jerusalén.  Imagínate la dificultad de Bartimeo para entender lo que está pasando con la confusión de la ruidosa multitud.  No solo es ciego, pero tampoco parece tener amigos que le ayuden, entonces es marginado doblemente: pobre y ciego, quedando sin amigos que lo auxilien, ¿estaría sin familia? Posiblemente, esto hace más cruda la realidad.

 

  1. El mensaje central: el grito de fe (la insistencia)

El grito es quizás una forma de decir algo, de hacerse pronunciar, o tendría  algo de miedo sin saber por qué. ¿Por qué Bartimeo gritó y gritó llamando a Jesús?

Él sabía que Jesús podía sanarlo. Él no sabía dónde estaba Jesús exactamente porque no podía verlo.

“HIJO DE DAVID, TEN MISERICORDIA DE MÍ”

 47 “Y oyendo que era Jesús el Nazareno (griego: ho Nazarenos - el Nazareno), comenzó á dar voces y decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.  48Y muchos le reñían, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí.”

 

 “Jesús el Nazareno” (v. 47a) - no Iesous apo Nazaret (Jesús de Nazarea) como en 1:9.  “Una expresión similar se usa para Sansón en Jueces 16:17…, llamado naziraios theou, el poderosamente ungido de Dios.  El uso de Marcos de la palabra ‘Nazareno’ en las historias de sanar de 1:24 y 10:47 también pueden tener connotaciones del poderoso ungir de Jesús por parte de Dios” (Edwards, 329).

 

“Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí” (v. 47b).  Marcos no incluye genealogía, entonces, puede utilizar el título “Hijo de David,” para establecer la descendencia davídica de Jesús - su sangre real.  En Mateo, el ángel se le aparece a José, llamándole, “José, hijo de David” (Mateo 1,20), se supone que por esta misma razón.  Marcos también puede utilizar “Hijo de David” como un título mesiánico.  Más adelante, Jesús citará escritura para demostrar que él es, no solo hijo de David, sino también Señor de David (12,35-37).

 

Mateo, que escribió este Evangelio para lectores judíos, utiliza el título “Hijo de David” once veces.  Marcos y Lucas, quienes escribieron sus Evangelios para lectores gentiles, usan el título solo una y dos veces respectivamente.  La descendencia davídica de Jesús obviamente significa más para lectores judíos que para lectores gentiles.

 

Hasta ahora, Jesús ha intentado mantener a un mínimo lo que dice de su obra mesiánica - eruditos hablan del “secreto mesiánico.”  Pero Jesús no le reclama a Bartimeo por llamarle “Hijo de David,” un título que se puede comprender de manera mesiánica.  La razón es bastante simple.  Antes de ahora, su tiempo aún no había llegado, pero ahora sí.  Está listo para entrar en Jerusalén - listo para confrontar el establecimiento religioso - listo para morir.

 

Cabe destacar que Bartimeo se fija en Jesús en vez de mendigar.  En esa cultura, la gente creía ganar merito ayudando a mendigos, y es de esperar que peregrinos en camino a la Ciudad Santa querrían ser particularmente generosos.  Mendigos dependían de estos días especiales para gran parte de su ingreso - tal como mercaderes de hoy dependen de la Navidad.

 

No podríamos culpar a Bartimeo si él estuviera contento con sus circunstancias.  No sigue ningún horario laboral ni ha de responder a ningún hombre.  Su vida de mendigo, aunque sea menos de lo ideal, es familiar y cómoda.  Sin embargo, el grito de Bartimeo demuestra que ha oído de Jesús, que ha estado escuchando para ver si le oye, que está determinado a llamarle la atención.  Quiere la ayuda que cree que Jesús puede ofrecerle.

 

“Y muchos le reñían, que callase” (v. 48a).  La multitud quiere disfrutar la marcha.  Bartimeo disturbe su diversión, por eso le mandan callar - pero Bartimeo no será calmado.  ¡Nunca ha tenido él tal esperanza! Si Jesús desaparece por la próxima curva, nunca tendrá esta esperanza otra vez.  Para Bartimeo ésta es, literalmente, la oportunidad de la vida.  Continúa gritando - pidiendo piedad.

 

“mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí” (v. 48b).  Bartimeo no será callado solo para complacer a la multitud.  Su futuro - su vida - está en juego, él sabe que si él no grita, Jesús no lo escucha y no sabe si volverá a pasar de nuevo, cuantos no saben esto es sus vidas, a cuantos no nos pasa que si no escuchamos a Jesús, es difícil que vuelva a pasar de nuevo, tal vez la oportunidad es única en la vida, porque más adelante no sabemos qué pasará.

 

•3.1.          ¿Qué hace Jesús? (La acción de Jesús: lo manda llamar)

 

“Entonces Jesús parándose” (v. 50a).  Entre el ruido de la multitud, Jesús oye el llanto de este mendigo, y se detiene de inmediato.  Los oídos de Jesús están predispuestos a escuchar a los marginados: La mujer con la hemorragia (5,25-34) - el endemoniado garadeno (5,1-20) - los enfermos de Genesaret (6,53-56) - la mujer siro fenicia (7,24-30) - el ciego en Betsaida (8,22-25) - el niño con un demonio (9,14-29) - niños pequeños (10,13-16) - y ahora, este hombre ciego sentado al lado de la carretera.

Jesús no se dirige al hombre ciego directamente, sino que “mandó llamarle” (v. 49) - le manda a la multitud que pare de obstruir y empiece a capacitar - reemplaza brazos tiesos con manos que ayudan.  Entonces, antes de sanar al ciego, Jesús le digna - le pasa del margen al centro del escenario - le pone bajo el foco - le da un papel estrella.  “El contraste está marcado: Jesús, hijo de David (y como tal, el ‘primer’ ciudadano de Israel), se detiene para ayudar a un mendigo sin importancia… (uno de los ‘últimos’ ciudadanos de Israel)”.

 

Existen fuertes paralelos entre esta historia y la bendición anterior que Jesús dio a los niños pequeños (10,13-16):

 

- Los discípulos intentaron prevenir que padres trajeran sus hijos a Jesús igual que la multitud intentó silenciar a Bartimeo (vv. 13, 48).

 

- Las instrucciones de Jesús para los discípulos “Dejad los niños venir” (v. 14), se paralelan a sus instrucciones para esta multitud cuando, “mandó llamarle” (v. 49).

 

- En ambos casos, Jesús alarga la mano con autoridad para incluir a los débiles y vulnerables, sirviendo de ejemplo del autentico ministerio cristiano.

 

“El entonces, echando (apobalon - echando de lado - abandonando) su capa, (Bartimeo) se levantó, y vino á Jesús” (v. 50).  Generalmente mendigos se sientan con sus capas estrechadas en la tierra ante ellos para recoger las monedas que tiran los transeúntes.  La capa de este hombre es tan importante para su bienestar como un bote lo es para un pescador o un puesto para un recaudador.  Igual que los demás abandonaron botes y puestos para seguir a Jesús, este hombre echa de lado capa y monedas para ponerse ante el Hijo de David.  Difiere bastante del hombre rico que, anteriormente en este capítulo, no podía convencerse de vender sus riquezas (10,17-27).  Las acciones del ciego nos recuerdan a:

 

- La advertencia “teniendo en derredor nuestro una tan grande nube de testigos, dejando todo el peso del pecado que nos rodea, corramos con paciencia la carrera que nos es propuesta” (Hebreos 12,1).

 

- Las palabras de Jesús, “Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón (Mateo 6,24).

 

Éste es el último milagro de sanar que se documenta en este Evangelio.

 

  • 3.2. Jesús dice ¿Qué quieres que haga?

 

“¿Qué quieres que haga?” Jesús ha traído a este hombre al centro del escenario.  Ahora le digna aún más preguntándole lo que quiere.  Hace la misma pregunta que les preguntó a Santiago y Juan (10,36) en el incidente que precede inmediatamente esta historia.  Santiago y Juan respondieron pidiendo puestos de honor al lado derecho e izquierdo de Jesús - puestos desde donde serían vistos y envidiados - donde gente ordinaria tuviera que mirar hacia arriba para verles.

 

“Maestro” (Rabbouni).  En el Nuevo Testamento, vemos esta palabra Rabbouni solo aquí y cuando María reconoce a Cristo resucitado frente a la tumba (Juan 20,16).  Es una forma reverente de Rabí.

 

“que cobre la vista.”  La petición del hombre ciego es muy diferente a la de Santiago y Juan.  No pide ser visto, sino ver - no pide honor, sino su vista - no pide ser superior a gente ordinaria, sino hacerse él mimo ordinario - no pide regir sobre otros, sino unirse a ellos en la experiencia humana.

 

•3.3.          El culmen del camino de la fe:  Cobró la vista y lo siguió  

 

“Ve, tu fe te ha salvado” (sesoken).  La palabra sesoken (de la raíz sozo) tiene una alegre ambigüedad.  Puede significar sanado, hecho entero, o salvado.  En el caso de este hombre, los tres son verdad.  El hombre no solo recobra la vista y, por lo tanto, su puesto social, también se convierte en un seguidor de Jesús “en el camino.”  ¿Camino a dónde? ¡A Jerusalén! ¡A la cruz! ¡A la tumba abierta!

 

“Y luego cobró la vista, y seguía á Jesús en el camino” (hodo).  Al principio de esta historia, encontramos a Bartimeo “sentado junto al camino (hodon)” (v. 46).  Ahora, al final de la historia, le encontramos siguiendo a Jesús “en el camino” (hodo).  Mientras que en versículo 46 hodon “es solo una indicación geográfica, en 10,52 la misma palabra funciona de manera teológica, referente al ‘camino’ del discipulado”.  El sentido de esta palabra en estos dos versículos demuestra el cambio tan drástico en la vida de Bartimeo a causa de un breve encuentro con Jesús.

 

Quedan pocos días hasta el Viernes Santo.  No podemos evitar preguntarnos como Bartimeo sobrellevará los tumultuosos eventos de la próxima semana.  Por el vigor de su fe, es probable que lo haga mejor que los demás discípulos.  Al fin y al cabo, ahora Bartimeo puede ver, pero los discípulos siguen cegados. Cuantos siguen o seguimos cegados por nuestros intereses, ambiciones o toda clase de falta de fe en momentos claves de nuestra vida o la vida de los demás, porque pensamos que somos mejores.

 

El sanar de Bartimeo es de particular significado para aquéllos que se encuentran fuera de la comunidad…  Llama la atención a personas que, perdidas en la multitud, pueden estar listas y ansiosas de tener un contacto vital con Jesucristo. Esto sucede a diario, los que se encuentran dentro, no son capaces de “ver” realmente con los ojos espirituales, sino que ellos no son capaces de “ver” porque no han sido sanados realmente porque no pueden “ver” con la fe de los excluidos.

 

•4.     Qué nos hace decir el texto a nosotros hoy…

Para agradecer, como Bartimeo

Permite que te sigamos por el camino

Oh Cristo, que has liberado nuestra vida

De las sombras del pecado y de la muerte…

Permite que dejando todo aquello

En lo que hemos ciegamente confiado,

Seamos en el mundo presencia amorosa

De tu reino entre los hombres.

Y continúa  abriendo nuestros ojos

Ante los signos de tu paso:

Que podamos decirte en medio de todos:

“Piedad de nosotros, hijo de David, llena nuestras vidas de tu gracia”

Para llevarte a los pobres y pequeños

Esta noticia gozosa de tu cercanía…

Para llevarte a ti, oh Cristo,

Luz, camino y aspiración verdadera

De todo hombre que viene a este mundo.

Y que vives y reinas por los siglos. Amén.

 

  1. Aplicación pastoral para los pastores hoy

En su significado más profundo, los ciegos a los que se refieren en los textos bíblicos las profecías y su cumplimiento somos todas las personas que necesitamos que Dios nos ilumine, liberándonos de la oscuridad para reconocer el camino que nos puede llevar a la felicidad eterna y que Jesús mismo nos muestra con el ejemplo de su propia vida. Por eso nosotros también podemos suplicar repetidamente, como el ciego Bartimeo: “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!“.    

  • - Encaminándose hacia el final de la celebración del Misterio de Cristo.
  • - ¿Hasta dónde, en realidad, llega nuestra capacidad de ver la acción de Dios en los acontecimientos de la historia diaria?
  • - Nuestra ceguera, ¿nos hace olvidar que delante de él somos ciegos, cojos, necesitados de su ayuda? ¿acaso sufrimos y hacemos sufrir las consecuencias del pecado personal o social, sin recurrir a quien puede salvarnos y hacernos ver con los ojos de la fe?

En Cristo, sumo sacerdote de nuestra comunidad ¿hallamos la luz que nos mueve a confiar en su palabra, al punto de tenerla en cuenta cuando de decidimos y planificamos nuestra vida?

¿En quién ponemos nuestra confianza en el manto de Bartimeo (poder, riqueza, placer, egoísmo, egocentrismo…)?

Examinar cómo ha estado presente el Señor en nuestra vida personal y comunitaria durante el año trascurrido y lo que todavía me falta para convertirme

Reconocer la luz de Cristo en nuestro camino de oscuridades (pecado) y sus consecuencias, que modifican nuestras actitudes de verdad, justicia y paz.

Hacer posible su paso en las vidas de quienes ya le esperan desde una condición de sombras en la sociedad actual (violencia social y bélica, ignorancia, marginación, miseria extrema).

¿Cuáles son nuestras miserias (pecados) que no nos dejan salir adelante en la lucha de nuestra vida?

  1. Evangelio para niños

Una sabia y vieja lechuza vivía en un roble,
Cuanto más veía menos hablaba.
Cuanto menos hablaba más escuchaba;
¿Por qué no somos todos nosotros como ese pájaro?

Cegados por el mundo de las cosas, olvidamos que él no llena la profundidad de que el hombre es capaz. El hombre es a la vez pequeño y grande. Cuando nos concebimos a nosotros mismos en un universo en incesante expansión -inconmensurablemente grande o infinitamente pequeño- nos vemos a nosotros mismos como un átomo de barro, pasajero, fugaz, sin importancia; pero cuando nos volvemos al interior, descubrimos que nada en esa inmensidad es lo bastante grande para llenarnos hasta el borde; todo el mundo creado desaparece como un grano de arena en el fondo de nuestro ser; somos demasiado vastos para que él nos llene o nos colme. Sólo Dios, que nos hizo para él, a escala suya, puede hacerlo. En palabras de Angelus Silesius: “Soy tan grande como Dios, Él es tan pequeño como yo”.

 

  1. Evangelio para jóvenes

“Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán;

llamen a la puerta, y se les abrirá”

(Mateo 7:7).

1. Subraya los verbos de este versículo que te dan una orden y anótalos en la columna de la izquierda.

2. En la columna de la derecha anota tres palabras o frases con las que tú puedes explicar lo que significa cada uno de los verbos que anotaste.

1. ________________        _________________         ______________         ________________

2. ________________        _________________         ______________         ________________

3. ________________        _________________         ______________         ________________

•-          3. Piensa en una necesidad que tengas y decide como vas a “pedir… buscar… llamar” para recibir la respuesta que tu esperas.

 

•-          Ayudas pastorales

•-          CANCIÓN DE BARTIMEO:

http://www.youtube.com/watch?v=23I6ODx0nu4&feature=PlayList&p=40B0EFC6E1AE2AFF&playnext=1&playnext_from=PL&index=14

•-          MARTIN VALVERDE:

http://www.youtube.com/watch?v=rKwQGY3K7EQ&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=Qel3mv7IH7s

  • - HOMILIA PARA NIÑOS

http://www.youtube.com/watch?v=1MOYVrL5f_s

Domingo 18 de octubre de 2009

UN ACERCAMIENTO PASTORAL AL VIGESIMO NOVENO DE TIEMPO ORDINARIO

Primera lectura: Isaías 53, 10-19

Salmo responsorial: 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

Segunda lectura: Hebreos 4, 14-16

 

“AL SIERVO SUFRIENTE, SACERDOTE ETERNO

Oh Cristo, puesto en el árbol de la cruz;

Tú has levantado al hombre caído en el dolor,

Y lo has hecho  sirviendo desde el dolor de cruz

Has servido en tu pasión,

Como sacerdote, como víctima, como altar;

Del único sacrificio que salva;

El que se ofrece por amor

Aceptando el cáliz ofrecido por el padre

Te has hecho siervo tuyo y del padre

Oh servidor de entrega total

Concede a quienes tantas veces

No sabemos lo que pedimos,

Acudir presurosos a tomar tu cáliz

De entrega y servicio al hombre caído.

Y así conoceremos,

Al beber contigo el cáliz de la pasión

El servicio del amor entregado

Del que eres sacerdote eterno

Oh hermoso de todo sufrimiento humano humano

Que reinas ahora por los siglos, Amén”.

Introducción

El penúltimo domingo de octubre la Iglesia Católica lo celebra como Domingo Mundial («Do-Mund») de las Misiones. Muchos de los católicos mayores recordamos que cuando fuimos niños salimos, tal día como hoy, a las calles, con una hucha en las manos, para hacer una cuestación económica en favor de las misiones.

PRIMERA LECTURA

El siervo del Señor hizo de su vida un sacrificio.

Del libro del profeta Isaías (53, 10-11)

El Señor quiso triturar a su siervo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus años y por medio de Él prosperarán los designios del Señor. Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes de ellos.

Palabra de Dios.

La figura central es el siervo sufriente, el siervo de Yahvé, del deuteroisaías, donde el redentor aparece como esclavo de todos, que entrega su vida…

El siervo sufre, y humanamente si causa, pero nunca se sufre en vano. Su padecimiento expiará los pecados de los demás. Así realizará el plan del Señor. Este poema nos habla más de esperanza, de tenacidad y de lucha que de sufrimiento pasivo o resignación. La misión del siervo del Señor no es ver su cuerpo destrozado, sino servir de puente para las nuevas generaciones de creyentes que se han de inspirar en su particular estilo de vida.

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 32

Respuesta: Muéstrate bondadoso con nosotros, Señor.

Sincera es la Palabra del Señor / y todas sus acciones son leales, / Él ama la justicia y el derecho, / la tierra llena está de sus bondades.

Cuida el Señor de aquellos ue lo temen / y en su bondad confían; / los salva de la muerte / y en épocas de hambre les da vida.

En el Señor está nuestra esperanza, / pues Él es nuestra ayuda y nuestro amparo. / Muéstrate bondadoso con nosotros, / puesto que en ti, Señor, hemos confiado.
El Salmo nos sirve de puente entre la primera y la segunda lectura, al recordarnos que la Palabra de Dios se identifica por su capacidad para ayudarnos a reconocer la verdad. Una verdad que no es un asunto metafísico o etéreo, sino la encarnación del proyecto de Dios en la historia por medio de la justicia y el derecho.

SEGUNDA LECTURA

Acerquémonos con plena confianza al trono de la gracia.

De la Carta a los Hebreos (4, 14-16)

Hermanos: Puesto que Jesús, el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo, mantengamos firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que Él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado.

Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia, hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno.
Palabra de Dios.

Nos insiste en un tema que con frecuencia se nos refunde en la memoria: la mediación de Jesús para comprender el designio de Dios. Si prescindimos de él, de lo que él hizo y de lo que él significa para nosotros, estaremos vaciando al cristianismo de su esencia.

EVANGELIO

El Hijo del hombre ha venido a dar la vida por la redención de todos.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (10, 35-45)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús, Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte”. Él les dijo: “¿Qué es lo que desean?”. Le respondieron: “Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”. Jesús les replicó: “No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?”. Le respondieron: “Sí podemos”. Y Jesús les dijo: “Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado”.

Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: “Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quierea ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos”.
Palabra del Señor.

APORTE PASTORAL

•1.     Frases significativas

•1.1.        Una pregunta constante: ¿Maestro queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir?

Si uno pregunta, ya sabiendo la respuesta no es pregunta, parece curioso pero es así, los hijos de Zebedeo, parecen ya tener la respuesta a lo que van a preguntar. Santiago y Juan, «los Truenos» (= los autoritarios, 3,17), sin darse por enterados del anuncio anterior, esperan que Jesús ocupará el trono de Israel (el día de tu gloria) y, adelan­tándose al resto del grupo, solicitan para ellos los primeros puestos en el reino que imaginan. Ellos deben medir con su misma medida el seguimiento del Señor,  como si ellos tuvieran más derecho que los demás. Los invito a que en esta primera hojeada observemos simplemente la finalidad de los que preguntan.  ¿qué buscan? ¿por qué se habla del Señor como Maestro?

Pero al mismo tiempo tenemos que él (Jesús: Maestro), responde qué quieren, ellos le dicen que les concedas el favor de  los asientos en el trono, los discípulos sueñan con un mundo distinto, lleno de toda una serie de posibilidades terrenas,  de un reino donde hay puestos importantes para ocupar, no entienden, no comprenden la propuesta de Jesús su verdadero Maestro, camino de formación de Jesús con sus discípulos, el cual coincide con la subida a Jerusalén (sede del gobierno civil y religioso del país). Llegamos a la lección central de este texto que ahora se desprende del discipulado de la Cruz: el servicio a los demás aún con sacrificio y amor, al parecer no es sólo apostar por dar la vida, sino también la forma como se da la vida, por amor a la cruz y a nosotros.

Ellos (hijos de Zebedeo) no se habían enterado del final de Jesús trágico que anunciaba, tal vez acá vengan muchas conjeturas, sólo mencionemos algunas:

  • - Sería que estaban distraídos pensando en sus propios proyectos.
  • - Sería que ellos estaban asegurando su mismo futuro en este mundo.
  • - Sería que ellos tenían miedo, no se atrevían a cuestionar, pero fueron intrépidos, tal vez, cortos a entender y comprender el proyecto del Señor.

En el fondo sus sueños son cortos, son sueños que se cortan ante la misma realidad.

•1.2.        El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate de muchos.

La función de servidores de aquellos que quieren superar y de descender hasta lo más bajo en la escala social, hasta hacerse esclavos. 

Dos frases retadoras para que ellos acepten una muerte como la suya (cf. 8,34), expresada con dos figuras

•a)    pasar el trago (lit. «beber la copa»), que subraya el aspecto de voluntariedad (acti­vo: «entregarse», cf. 4,29),

•b)    y ser sumergido por las aguas (lit. «ser bautiza­do / sumergido»), que pone de relieve el de inevitabilidad (pasivo: «ser entregado», cf, 10,34).

Que se echen a los hombros la difícil tarea de caminar, reconocer nuestras dificultades en la vida, las crisis que vive el hombre hoy: económica,  familiar, comunitaria etc… pero Jesús va hacia la muerte para hacer el milagro de que el pueblo, (apliquemos esta frase para nosotros hoy) recupere la vida, la ilusión y la esperanza.

En últimas, la realidad es concreta: aceptar el destino de Jesús, es aceptar su voluntad, es aceptar su mismo destino, ¿cuál es en el fondo el reto de Jesús hacia los discípulos? El reto es el camino, no importa la forma en que va a morir el maestro, lo importante es la entrega de humildad, que Jesús reta o tiene tres matices con tres destinatarios:

 Personajes actitutes a cambiar Sentido y significado de la misión
  • a) los hijos del trueno
Inmaduros en su fe creen que se refiere a un poder temporal, llenos de placeres y orgullos humanos Jesús invita a que ellos acepten la voluntad del padre.
  • b) los discípulos (otros diez)
Ellos deben invertir sus actitudes de arribismo, de glorificación humana, por lo que son enseñados sobre el verdadero valor del reino:  la humildad Es la puerta imprescindible para pasar a ser servidor entregado.
  • c) la comunidad (nosotros hoy)
Debemos beber el cáliz (muere) es aceptar su voluntad Morir al pecado, al egoísmo, soberbia… y entrar en el camino de la vida.

 

  • 2. Será la cruz el lugar donde se proclame la realeza de Jesús (15,26: «el rey de los judíos»), y los puestos a su derecha y a su izquierda corres­ponden a los de los crucificados con él (15,28).

Jesús revela y declara no poder asignar esos puestos más que a aquellos para quienes están preparados, es decir, a aquellos que, al llegar el momento de la prueba (8,34: «cargar con su cruz»), respondan con una entrega como la suya. Ocupar esos puestos depende no de Jesús, sino de los discípulos.

•3.     En síntesis…

Jesús da la razón de lo anterior (porque). La denominación «el Hijo del hombre» presenta a Jesús como modelo de la plenitud humana a la que sus seguidores deben aspirar. En su comunidad, Jesús, el Hombre pleno, no va a ser, como los dominadores de la tierra y los grandes del mundo, un dueño que reclama superioridad y exige servicio; al contra­rio, va a prestar servicio a los suyos. Y el servicio del Hijo del hombre, el Hombre pleno, se refiere siempre al crecimiento, a la madurez y pleni­tud humana de todos.

 

Preguntas claves

•1.     ¿Cuál es la ambición del los hijos de trueno o del grupo del resto de los diez?

•2.     ¿Qué le paso a ellos? ¿Por qué fueron puestos en ridículo por el maestro?

•3.     ¿Qué ideas podemos sacar para nuestra vida personal y comunitaria?

Invitación a los pastores en el año sacerdotal

  • 1. Vivamos más profundamente la eucaristía, misterio sacerdotal de Cristo, y verdadera escuela de entrega cristiana total.
  • 2. Permitirnos celebrar un acto penitencial comunitario, orientado hacia una sinceridad sobre la falta de entrega y de servicios en la comunidad.
  • 3. Desechar toda soberbia y hacernos apoyo de quienes sirven al rescate de todo hombre que sufre, en obras de paz, justicia, reconciliación, solidaridad…
  • 4. ¿Hasta dónde podemos podríamos decir como san Pablo: con Cristo estoy crucificado? Cfr. Colosenses 3.3ss

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(Salterio: semana IV)

De la alegría del encuentro con Jesús a la tristeza de la frustración

Oremos

A quien puede darnos un corazón sabio

Sólo tu Señor de la verdad,

Conoces el fondo de nuestro corazón…

Tú das valor a nuestras acciones

Y sólo tú puedes convertirlas

En sabias y acertadas…

Renuévanos en Cristo tu hijo,

Sabiduría eterna y verdadera,

Para que elijamos la mejor parte,

Para que te busquemos siempre a ti

Y a los hermanos nuestros,

En todo aquello que decimos y hagamos

Escrutanos  hoy con tu palabra,

Y no dejes que nuestro corazón

Se entristezca equivocado

Al escuchar tu llamada al seguimiento

Y al encuentro de tu rostro

En la causa de los más pobres y pequeños.

 Tú que vives y reinas eternamente, amén.

PRESENTACIÓN

¿Cuántos nos sentimos defraudados con los demás? ¿Por qué ponemos nuestra fe y esperanza en el dinero?

Hay en el hombre una ineludible necesidad de vida, de plenitud, de felicidad. ¿Quién no quiere ser feliz? ¿Dónde encuentra el hombre la felicidad? ¿Será en el tener - poder?

El hombre sensato es el que encuentra la manera de responder a esta pregunta, que la mayor parte de las personas ni siquiera sabe plantear y a la que responde de hecho con una búsqueda frecuentemente obsesiva de placeres efímeros y siempre nuevos. La palabra de hoy nos invita a situarnos en la actitud justa para discernir, ante todo, cuál es la verdadera sabiduría, que nos indicará, a continuación, cómo recibirla; porque, en el fondo, es un don, el don de una Persona que nos ama infinitamente.

PRIMERA LECTURA

En comparación con la sabiduría, tuve en nada la riqueza.

Del libro de la Sabiduría (7, 7-11)

Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué y vino sobre mí el espíritu de sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y en comparación con ella tuve en nada la riqueza. No se puede comparar con la piedra más preciosa, porque todo el oro, junto con ella, es un poco de arena y la plata es como lodo en su presencia.

La tuve en más que la salud y la belleza; la preferí a la luz, porque su resplandor nunca se apaga. Todos los bienes me vinieron con ella; sus manos me trajeron riquezas incontables.

Palabra de Dios.

En el Antiguo Testamento se había ido perfilando la sabiduría a través de un progresivo crescendo de realidades exteriores ajenas a los bienes espirituales. Renunciando a las riquezas por preferir el espíritu de sabiduría que viene de Dios, encuentra que finalmente con ella le vienen todos los bienes, riquezas incluidas. La renuncia inicial dio paso a una ganancia mucho mayor, en todo sentido. Más tarde, en los umbrales del Nuevo Testamento, fue personificada como alguien que su «alegría era estar con los hombres» (Prov 8,31). 

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 89

Respuesta: Sácianos, Señor, de tu misericordia.

Enséñanos a ver lo que es la vida, / y seremos sensatos. / ¿Hasta cuándo, Señor, vas a tener / compasión de tus siervos? ¿Hasta cuándo?

Llénanos de tu amor por la mañana / y júbilo será la vida toda. / Alégranos ahora por los días / y los años de males y congojas.

Haz, Señor, que tus siervos y sus hijos / puedan mirar tus obras y tu gloria. / Que el Señor bondadoso nos ayude / y dé prosperidad a nuestras obras.

este salmo puede haber sido escrito más tarde, incluso en el exilio. Lamenta que a pesar de que Dios había hecho un pasto eterno en la casa de David, la dinastía ahora parecía abandonada.

SEGUNDA LECTURA

La Palabra de Dios descubre los pensamientos e intenciones del corazón.

De la Carta a los Hebreos (4, 12-13)

Hermanos: La Palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos. Llega hasta lo más íntimo del alma, hasta la médula de los huesos y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Toda creatura es transparente para ella. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas.

Palabra de Dios.

El escritor mostró que Josué fracasó en conducir al pueblo de Dios al reposo por causa de la incredulidad de ellos. Jesús prometió reposo para su pueblo si ellos creían y seguían las promesas del evangelio. Este reposo no está plenamente disponible en esta vida, pero por fe podemos experimentar una porción de sus bendiciones ahora.

En esta conclusión, personifica la palabra al estilo de la sabiduría, ve en ella el poder divino que da vida y penetra el universo entero y todo el ser humano en general hasta llegar a lo más recóndito con una mirada escrutadora y enjuiciadora, más penetrante que una espada de doble filo.  No se juega con la palabra de Dios. A ella hay que rendir cuentas. Salva a quien la recibe, condena a quién no lo acepta en su vida como centro.

EVANGELIO

Ve y vende lo que tienes y sígueme.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (10, 17-30)

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante Él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?”. Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!”. Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?”. Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.
Palabra del Señor.

PALABRAS CLAVES PARA NUESTRO APORTE PASTORAL

•1.      La pregunta fundamental (apertura)

La primera parte de acerca a Jesús un hombre de manera ansiosa e intempestiva, llega corriendo, se arrodilla y le pregunta: ¿Qué debo hacer para tener la vida eterna?

Esta pregunta es bien ambiciosa, pero antes de detenernos a discernir la pregunta, hagamos un alto para analizar la intención del joven ante la pregunta.

¿Qué espera el hombre ante la pregunta fundamental de su vida?

Podríamos decir en su gran mayoría que todos esperamos respuestas, ojala una sola respuesta, ojala algo seguro para nuestra vida, como quien dice algo que nos asegure o garantice la salvación de nuestra vida.

Esperamos soluciones ante los problemas de la vida, también queremos la respuesta ante el futuro, buscamos donde no debe ser (cuantas personas buscan en los lugares equivocados: lecturas de cartas, café, horóscopo…) pero si solo supiéramos o tuviéramos el alcance para ir más allá o lanzarnos hacia lo que realmente queremos ser en nuestra vida.

Pero el joven le dice a Jesús “Maestro bueno” será que en medio de maestros no hay buenos, los otros son malos o ve que algo en Jesús que supera a los demás y lo hace ver como el que tiene la verdad autentica y libre. Lo cierto es que existe algo que identifica al maestro en relación con los demás maestros de Israel.

La pregunta es algo que está ahí latente, mientras que frente a una pregunta cerrada, la respuesta es única, en esta frase no es única, está abierta, no hay nada resuelto… eso es docilidad ante su mensaje.

La apertura siempre está ahí, es una apertura salvífica, es ante el futuro incierto, vivido en un presente que da cierta seguridad pero no define todavía lo último de la vida.

  • ü Actitudes de los protagonistas
  • ü Jesús

Jesús va de camino a Jerusalén y sigue instruyendo a sus discípulos. Esta vez habla sobre las riquezas. Habla, pero también mira. Por tres veces alude Marcos a su mirada. Mira con afecto al hombre a la hora de pedirle lo que le faltaba (v. 21). Mira con profundidad a su alrededor al pronunciar la sentencia sobre los ricos (v. 23). Mira con benevolencia a los discípulos para infundirles tranquilidad (v. 27).

  • ü Hombre bueno

Mientras que aquel hombre bueno y rico, entusiasta de Jesús, es al mismo tiempo cobarde. Quería superarse, pero su corazón estaba demasiado amarrado. Cumplidor de los mandamientos, no quiere hacerse libre para seguir a Jesús. Cuántos de nosotros nos amarramos al tradicionalismo, al pasado, a lo que fue  y no será…

 

•2.      El reto: exigencia de Jesús  

La respuesta de Jesús no es solucionar el problema o dejar así en quietud, la respuesta de Jesús va un escalón más alto en la exigencia del discípulo, pareciera que en esto el Señor inmediatamente responde con una mirada más alta, porque lo llama bueno, si solo el Padre es bueno. Veamos algunos elementos:

Lo miro: con ternura, con cariño, con bondad (¿qué sentimiento tendría Jesús para mirarlo así?), yo no creo que sea por lastima, a mi me parece que es todo lo contrario, lo acoge, le responder, piensa, pero él no es capaz de abandonarse confiado en las manos del Señor. La invitación de Jesús es una sola: desapegarse de todo lo que tiene, tal vez sea poco o mucho, poco para muchos pero importante para el reino, mucho para él porque no puede dejar atrás o desapegar su corazón de muchas cosas que se ha ido llenando (casas, carros, fincas), pero no es solo lo material no es solo lo terrenal, como piensan muchos sino es su mismo apego a estas cosas las que no dejan libre al hombre de cualquier clase o condición, en un mundo tan materialista, cuantos no nos cuesta dejar atrás muchas cosas, vivencias que nos esclavizan, nos oprimen, nos coartan la libertad, etc…

El seguidor de Jesús está llamado a algo más que a cumplir normas y leyes. Debe vivir libre de “equipaje”, poniendo su confianza en Dios, el Dios providente. Dios nunca defraudas siempre acompaña.

•3.      La respuesta del hombre es silenciosa… no puede decir nada…desanimo…

Es la actitud de cobardía, es la incapacidad de dar ese paso adelante, es la imposibilidad, es la ceguera, es el sentirse derrotado, incapaz ante el futuro, no puede seguir la exigencia, no aguanta el ritmo del maestro, es conformista, da solo lo que puede o quiere, no da más, se pone triste, porque no puede, se deja desanimar porque era muy rico, tenia bienes, tenía muchos bienes, no podía entregarlos, esto es renunciar…¿cuántas personas conocemos que nos son capaces de seguir al Señor porque no quieren? ¿Cuántos pueden y no quieren? ¿Cuántos tienen ansias como el joven y se quedan en buenas intenciones? En su libertad no fue capaz de decir un sí rotundo al Señor.

•4.      La lógica del reino

La lógica del reino es ante todo difícil, pero no imposible. Es el momento de la gracia, cuando todo parece imposible humanamente, se  abre la brecha, cuando parece difícil, la gracia nos supera. El ejemplo del paso del camello sobre el ojo de una aguja, no es para decirnos que la realidad es imposible, sino es para decirnos que es difícil humanamente, sino para dar lugar a Dios que es el único que puede liberar al hombre de todas sus esclavitudes. Recordemos que las ciudades antiguas eran amuralladas, salvaguardadas por grandes puertas que se cerraban al final del día con el crepúsculo. Hoy día podemos ver esas puertas que tenían una más pequeña que se podía abrir si alguien llegaba después de cerradas las grandes puertas. A esta puerta se le llamaba “ojo de aguja”. Si un mercader quería entrar con todo y camello, ¡esto si que era un problema! Por eso el Señor Jesús comparó “Que era más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos” Pongamos atención, no está diciendo que es imposible, sólo más difícil porque muchos de los ricos cifran su seguridad y deseos con la riqueza que acumulan. ¿Quién se ha salvado a si mismo? La respuesta es nadie, porque siempre necesitamos de Dios para salvarnos.

•5.      Mensaje pastoral hoy

  • - La lectura nos invita a tomar nuestra cruz de discípulos dejándonos cuestionar diariamente por la palabra de Dios.
  • - Hacer presente la sabiduría cristiana a través de decisiones claras según el evangelio en medio de un mundo sediento de los valores materiales, y capaz de olvidar -hoy más que nunca- la presencia escondida de Cristo en los pobres y desposeídos.
  • - Saber elegir la riqueza, el verdadero valor, que evita al discípulo entristecerse por lo que debe de dejar si quiere seguir a Jesucristo. Su proclamación es un disponerse a servir o estar dispuesto -personal y comunitariamente- a construir un mundo de sistemas económicos que no olviden las situaciones humanas donde Cristo sufre pobreza y deshumanización.

•6.      Contemplemos su Palabra en nuestra vida

“Es en Jesús donde nos revela plenamente su rostro. Y Jesús llama a cada uno valorando el empeño que ha puesto en su búsqueda del bien. A nosotros nos corresponde no detenernos, no dejarnos engañar por las falsas riquezas, no echarnos atrás ante sus exigencias. Si nos pide con imperativos apremiantes dejarlo todo por él, debemos tener el valor de hacerlo y de renovar continuamente esta decisión, porque ya no podremos ser felices si hemos alejado nuestros pasos de Jesús. Ninguna de las falsas y presuntas riquezas podrán resistir nunca la comparación con su pobreza, ni saciar nuestra hambre de amor, de verdad, de belleza. Su mirada continuará siguiéndonos, de una manera silenciosa, con un respeto infinito a nuestra libertad y no conseguiremos la paz hasta que no hayamos encontrado en él nuestra paz.” (Zevini , Giorgio
Cabra , Pier Giordano,
Lectio Divina para cada día del año: Domingos del Tiempo Ordinario, 254-255).

Mi compromiso final…

  • - Orare por la perseverancia de quienes han dejado todo de modo más radical para seguir a Jesucristo.
  • - Le pediré al Señor que me regale un corazón desapegado de todas las riquezas: materiales y espirituales. Parafraseando a san Juan Eudes, la practica más hermosa y el ejercicio mejor será el no apegarse a ninguna devoción (material, espiritual), sino entregarse confiado el espíritu de Dios.
  • - La riqueza hoy: la autosuficiencia orgullosa, la supremacía de las leyes económicas sobre las morales, el egoísmo, el almacenar a costa de injusticias y de los pobres, el afán de placer, vanidad de vanidades (vaciedad de vaciedades), prepotencias en todos los niveles (económicos, culturales, sociales)…


  • - APORTE PASTORAL PARA NIÑOS

            ¿Qué quería decir Jesús cuando dijo es más fácil a un camello pasar por el ojo de una  aguja?

Muchas personas han tratado de explicar la declaración acerca de que sea más difícil para un rico entrar en el cielo, que para un camello pasar por el ojo de una aguja. Algunos interpretan que el ojo de la aguja es una pequeña puerta de entrada a la ciudad. Otros interpretar que las palabras arameas para camello y cuerda son iguales. Tales explicaciones han desmerecido la memorable y muy inteligente ilustración que Jesús enseñó acerca de la dificultad de entrar en el cielo si usted está cargado con el botín. Sin embargo, Jesús usó una ilustración muy inteligente y entiende lo que dice. El ojo de una aguja significa el ojo de una aguja. 

El hombre rico tenía que estar dispuesto a poner a Dios antes que sus bienes.  Sólo Dios puede salvarlo.  Los ricos se pueden salvar como cualquier otra persona si hace lo que Dios quiere. José de Arimatea era rico. Y Pablo en Romanos 2,11 dice que Dios no muestra favoritismo. Cualquier persona puede ser salva.

Jesús dijo, “Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios” (Mateo 19,24. Versículos similares  encontramos en Marcos 10,25 y Lucas 18, 25). ¿Qué es el ojo de una aguja?

En últimas, la explicación de la lógica de Jesús de lo que es imposible para los hombres con Dios si es posible, muestra que los hombres ricos se pueden salvar y entrar al Cielo. Pero sólo si ponen su fe en Dios en lugar de en sus riquezas.

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UN ACERCAMIENTO PASTORAL A LA LECTIO DIVINA DEL XXVII DOMINGO ORDINARIO

(Salterio: semana II)

Génesis 2,18-24 salmo 127,1-6, Hebreos 2,9-11

Evangelio: Marcos 10,2-16

Monición inicial

Los fariseos proporcionan a Jesús la ocasión para hablar del matrimonio. Jesús no se queda en la casuística ni en las disputas de escuela. Partiendo de que la ley de Moisés respondía a una etapa provisional, va a la raíz: la decisión originaria del Creador. El mensaje de Jesús sobre el matrimonio es un canto al amor y a la fidelidad.

PRIMERA LECTURA

Serán los dos una sola cosa.

Del libro del Génesis (2, 18-24)

En aquel día, dijo el Señor Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude”. Entonces el Señor Dios formó de la tierra a todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y los llevó ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán.

Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo.

Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó:

“Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ésta será llamada mujer, porque ha sido formada del hombre”.

Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 127

Respuesta: Dichoso el que teme al Señor.

Dichoso el que teme al Señor / y sigue sus caminos: / comerá del fruto de su trabajo, / será dichoso, le irá bien.

Su mujer, como vid fecunda, / en medio de su casa; / sus hijos, como renuevos de olivo, / alrededor de su mesa.

Esta es la bendición del hombre que teme al Señor: / “Que el Señor te bendiga desde Sion, / que veas la prosperidad de Jerusalén / todos los días de tu vida”.

SEGUNDA LECTURA

El santificador y los santificados tienen las misma condición humana.

De la Carta a los Hebreos (2, 8-11)

Hermanos: Es verdad que ahora todavía no vemos el universo entero sometido al hombre; pero sí vemos ya al que por un momento Dios hizo inferior a los ángeles, a Jesús, que por haber sufrido la muerte, está coronado de gloria y honor. Así, por la gracia de Dios, la muerte que Él sufrió redunda en bien de todos.

En efecto, el creador y Señor de todas las cosas quiere que todos sus hijos tengan parte en su gloria. Por eso convenía que Dios consumara en la perfección, mediante el sufrimiento, a Jesucristo, autor y guía de nuestra salvación.

El santificador y los santificados tienen la misma condición humana. Por eso no se avergüenza de llamar hermanos a los hombres.
Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (10, 2-16)

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”.

Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?”. Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.

Después de esto, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.

Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

 

 

 

 
 
•1.       Introducción

  • - No podemos desconocer las realidades, sobre todo la distancia que existe entre la realidad de ayer y el hoy, el propósito o plan y proyecto del Señor que siempre es de salvación. La primera gran reflexión es sobre la cultura de aquella época, es importante resaltar que la mujer no tenía ninguna importancia, o mejor la mujer vale como “objeto”, en cuanto puede tener hijos, como quien dice la mujer es tratada como un objeto sexual, por eso la desigualdad de derechos anta una ley como la de Moisés.
  • - No podemos desconocer el papel de todo laico en relación al matrimonio, creo que a nadie se le obliga a hacer algo que no quiere, hoy mas que nunca, se habla del paso de una generación a otra, pasamos de ser hijos regañados, a ser regañados por las nuevas generaciones, pasamos de un “machismo-patriarcal” como autoridad exagerada, que muchas veces generó maltrato e incluso abuso de poder a un “feminismo-matriarcado” donde la mujer es “libre” de vivir con quien quiera…imagínense los efectos secundarios de planificación (¿tengo los hijos que quiera? ¿dónde está la presencia del Señor y la voluntad de Dios en los hijos, en el matrimonio?) que van en contra de la vida y la salud de las mujeres mismas.
  • - La mujer, a diferencia de los animales, tomada de lo más íntimo de Adán, tiene la misma naturaleza que él: tal es la comprobación del hombre delante de la criatura que Dios le presenta. Además, Adán, respondiendo al designio divino de darle “una ayuda semejante a él” (2, 18), se reconoce en ella; al nombrarla se da un nombre a sí mismo: ante ella, él no es sencillamente Adán: él es ish, y ella, isshah. Hombre - Hembra, aunque la palabra hembra resulta ofensivo en algunas regiones, se ha usado aquí con la intención de reproducir el juego de palabras en el texto hebreo.
  • - En el plano de la creación, la mujer completa al hombre, haciéndolo su esposo.

•2.      Palabras claves

  • 2.1.Actitud de los fariseos

El propósito de ellos es ponerle una trampa a Jesús, no les interesa conocer la verdad, porque ellos tiene su plan, es un plan cerrado, egoísta… a cuántos de nosotros no nos interesa como los fariseos el mensaje del Maestro, sino sorprenderlo a ver en que se equivoca el otro, mi hermano, mi amigo, mi pareja…

Lo que en últimas querían es ponerle una trampa para ver en que se equivoca o en que se contradice en relación con el A.T. para tener de que acusarlo, blasfemo o negar las tradiciones del pueblo, ofenderlos e ir en contra de la sana doctrina, cuántos de nosotros no queremos señalar, acusar e incluso ganar procesos, ganar e imponer así sea con mentiras y engaño, pero no la verdad.

Si la pregunta fuera amplia, se prestaría para varias interpretaciones, pero la pregunta que ellos hacen es restrictiva.

  • 2.2.Respuesta de Jesús

Jesús responde siempre un paso adelante, en este caso les dice que esas leyes no son solo particulares, no  son cerradas, sino universales. Pareciera que

  • 2.3. Unidad en la comunión

El propósito de Dios es crea al varón y la mujer para que estén juntos.

2.4  Misión: ser familia

En el proyecto del reino, Dios nos quiere a todos hermanos, unidos en el amor y desde el amor. Vale esto también para el matrimonio. Como proyecto ideal y feliz implica al varón y a la mujer. Esa unión ha de construirse entre ambos, en igualdad de condiciones. Dos personas, para hacer de dos vidas una vida sola, en amor y fidelidad. Si ese ideal se rompe, habrá siempre dos perdedores.

  • 2.5.Voluntad de Dios

¿Cómo escuchar y acoger la Palabra de Dios que habla de la unidad entre el hombre y la mujer y del carácter inseparable del vínculo matrimonial cuando, en nuestro tiempo, la fidelidad y la indisolubilidad de la pareja parecen algo utópico y, lo que es más, son consideradas un valor cultural del pasado? ¿Cómo no relegar entre los mitos fantásticos el relato del libro del Génesis, insertando también las palabras de Jesús como un complemento de la fábula?

La Palabra de Dios, en su integridad, «es viva y eficaz»; es Palabra para este momento, para nosotros. La fatiga concreta que los hombres y las mujeres experimentan al vivir su unión de una manera estable, constructiva, fecunda, es iluminada y sostenida por la Palabra de Dios. Jesús sigue siendo siempre el hermano que ha experimentado el sufrimiento y la angustia del límite humano y de sus consecuencias; él, el Hijo de Dios. Y, vencedor del mal, acompaña a todos, a cada uno con su propia fatiga personal, al encuentro con el Padre, al abrazo de su misericordia.

Dios lo ha creado todo para la vida. La suya es una ley de vida que promueve al hombre, no una ley que le oprime. La unión indisoluble entre el hombre y la mujer es una verdad inscrita en el ser humano, una verdad que libera y hace auténtica su capacidad y su necesidad de amar y de ser amado. Es la celebración de la dignidad suprema del hombre y de la mujer, «imagen y semejanza» de Dios.

•3.      Reflexión pastoral

Hoy hablamos de nuevos “tipos”, modelos de familia, pero realmente preguntémonos ¿Qué quiere Dios en el plan de la creación? Si no es vivir unidos, juntos, ser familia, realizarnos como personas, no seres fracasados, sino realizados en una familia. 

•4.       Evangelio para jóvenes

La novia y la novicia
por Mamerto Menapace, publicado en Cuentos Rodados, Editorial Patria Grande

Diez pretendientes tuvo Ruperta. Bueno, claro, no simultáneamente los diez. Pero siempre se dio el lujo de decirles que no. Cuando alguno se ponía más insistente, y buscaba oportunidad de entrar en su vida, decididamente cortaba con una negativa que lo alejaba sin explicaciones.

Cuando dijo el primer no, tenía clara conciencia de que aún le quedaban al menos nueve sí como posibles. Y como era joven y bonita, la seducía la idea de vivir de los posibles. Por ello el decir un no, la gratificaba asegurándola en su posición un tanto romántica de estar disponible para no sé qué futuro.

Pero era evidente que con decir simplemente que no, el futuro no se construía. Cada negativa la dejaba exactamente donde estaba, y cada vez un poco más cerrada sobre sí misma. A medida que crecía el número de sus no, se iban acortando proporcionalmente las posibilidades de sus sí.

Y pasaron los años. Cuando pegó la curva de los treinta y cinco, se dio cuenta de que su actitud conducía a nada. Apagó sus humos, reflexionó sobre su vida, y se abrió a los demás. Y aunque humanamente tuvo que renunciar a muchas de sus expectativas, por último corajió una de las posibilidades y comenzó su primer noviazgo a fondo. Lo defendió con uñas y dientes, sobre todo de sí misma y de sus ilusiones un tanto adolescentes. Y finalmente se dio cuenta de que valía la pena decir un sí a la vida y al amor.

La mañana que se casaron &endash; porque se casaron de mañana &endash; unas cuantas amigas la acompañaron en su ceremonia. Todas se emocionaron felicitándola por el paso que daba. Quizá las amigas no se daban cuenta que Ruperta al decir en esa mañana su sí, englobaba en él todos los no a las futuras posibilidades que se le pudieran presentar. Porque aquella aceptación incluía definitivamente la renuncia a todos los otros hombres que pudiera presentársele en su vida. Pero eran personas realistas. Por ello se alegraron sinceramente por su elección. Sabían que sólo a través del sí, ella se ponía en marcha hacia el futuro, hacia la vida. Nadie se preocupaba de las renuncias encerradas en aquella elección.

La sobrina de Ruperta tenía diecisiete años. Llena de vida y con todo el futuro que le sonreía a través de los sueños de sus viejos, y de las aspiraciones de sus amistades. Había terminado quinto y tenía que decidir. Varias carreras eran posibles. Tenía inteligencia ella, y dinero sus padres. Pero desde el retiro de setiembre, algo le andaba bullendo dentro de su corazón de muchacha. Sentía que Cristo le pedía un sí entero. Y a ella le entusiasmaba la idea de decirle que sí, aunque le asustaba un poco lo que podría encerrar para el futuro.

Cuando se supo que entraba al convento, se armó un bonito revuelo entre los parientes, sobre todo entre los y las que ya habían doblado la curva de los treinta y cinco. No les entraba en la cabeza que esta chica pudiera decir de golpe que no a tantas cosas que la vida le ofrecía como posibles, sin siquiera haberlas probado. Los tenía obsesionados la idea de que la chica al entrar al convento renunciaba a un futuro profesional, a una pareja feliz, a los hijos. Renunciar a tanto ¿pero qué necesidad había? ¿Quién le habría metido en al cabeza semejante idea? Se hablaron barbaridades y se dijeron estupideces sobre las monjas a cuyo colegio sus papis la habían mandado desde pequeña, porque era un colegio bien y daba status. Se criticó al cura que les había dado el retiro de setiembre a las chicas de quinto, y discretamente la andanada salpicó a los padres que inconscientemente le habían dado el permiso para hacerlo.

En fin lo curioso fue que muy poco realmente pensaron que lo que la muchacha estaba haciendo no era decir que no a nada. Simplemente decía que sí a Alguien. Era ese sí el que encerraba tantos no. No había ninguna necesidad de esperar a los treinta y cinco como hizo la Ruperta, que se dedicó a decirlos en cómodas cuotas mensuales durante veinte años, para aflojar recién a la fuerza un sí medio tibión empollado por una nidada de no anteriores.

La conozco a esta joven, que es hoy una gran religiosa. Conserva toda la frescura de un sí grandote dicho desde el principio.

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento La novia y la novicia, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro Cuentos Rodados, Editorial Patria Grande.

Lectura
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

¿Qué sucede en el relato?

¿Quiénes son las protagonistas?

¿Qué actitudes tiene cada una de ellas?

¿Cómo reaccionan los familiares/amigos ante sus decisiones?

¿Qué sucede con los deseos?

¿Cómo termina la historia?

Descubriendo el mensaje
El cuento nos hace reflexionar sobre nuestras decisiones, sobre nuestra libertad, y sobre las opciones importantes que hacemos en la vida… las opciones por seguir a Jesús.

¿El cuento te recuerda o evoca alguna situación que hayas vivido? ¿Cuál? Compartirla con otros.

¿Cómo podrías caracterizar a cada una de las protagonistas? Compara el proceso de decisión que vive cada una de ellas. ¿Cómo es el sí de cada una? ¿Qué implica esa opción? ¿A qué dicen sí y no con sus decisiones?

¿Qué significa decidir, optar?

¿Has tenido que optar por Jesús a lo largo de tu vida? ¿Qué implicó esas decisiones?

La sobrina de Ruperta, que eligió ser religiosa, sabía que renunciaba a muchas cosas en la vida, para vivir otras, y vivió esa renuncia con alegría y coraje. ¿Cómo vives tú las renuncias que el Señor te va pidiendo en la vida?

¿Qué mensaje nos deja el cuento?

¿Cómo lo puedes aplicar a tu vida?

Compromiso para la vida
Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.

Para terminar: la oración en común

Leer entre todos la oración y luego poner en común las intenciones de cada uno.

Terminar con una canción.

Ayúdame a decir sí

Ayúdame a decir sí,
para responder a tu llamado,
que siempre me regala
un desafío nuevo,
un crecimiento posible,
una huella que se abre…
Ayúdame a decir sí,
que es decir no a muchas cosas
para responder con la vida
a Alguien que me llama,
porque me ama
y quiere lo mejor para mi vida.

Ayúdame, Señor,
a decirte que Sí.

- Que así sea -

 

Estudios complementarios

 ”MUJERES EN LA BIBLIA”

Marcos Sánchez

El Señor Dios formó una mujer

(Gén 2, 22)

  • & 1 ENCUENTRO: EVA, LA MUJER.

“Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer” 

(Gén 1, 27)

 

  • & Texto de estudio: Gén 1, 1-2, 25.
  • & Texto de apoyo: Salmo 8.

 

  • ü ¿Qué nos cuenta el relato?
  • ü ¿Podemos descubrir variaciones en cuanto a la creación de la humanidad? ¿Cuáles?
  • ü ¿Cómo fue creada la mujer en el primer relato? ¿Y en el segundo?
  • ü ¿Qué nos dicen estos relatos sobre la mujer? ¿Qué enseñanzas sacamos de ellos?
  • ü ¿Qué es la mujer según estos relatos? ¿Qué lugar ocupa en la creación?
  • ü ¿La mujer está sobre el hombre o el hombre sobre la mujer? ¿Por qué?
  • ü ¿Qué significa que fue creada desde una costilla de Adán? ¿Cómo lo explicaríamos a la mujer de hoy?
  • ü ¿Qué opinión tiene nuestra sociedad sobre la mujer? ¿Coincide con la de estos relatos?

 

  • ü Para reflexionar

“La creación del hombre es en pareja: macho y hembra, varón y mujer. Esta condición de la vida humana le lleva a ser complementarios uno con el otro, dándose una unidad en la diversidad. Este complemento invita a la búsqueda, en el otro, de lo que falta en si mismo. El hombre necesita a la mujer y la mujer necesita al hombre. De allí la búsqueda del uno por el otro, la necesidad de hacer vida en común, el deseo de compartir cosas desde una mirada distinta que es plenamente enriquecedora. El amor entre ambos será la coronación de esa búsqueda incesante para hallar complemento, para encontrar ayuda mutua. Con ello tenemos la base de la sociedad: cada uno con sus dones ayuda al otro en sus necesidades, la reciprocidad constante mantendrá la unidad y el beneficio mutuo.”

 

¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre

(Gén 2, 23)

 

LECTURA COMPLEMENTARIA

El Señor Dios formó una mujer

Lo primero creado es el varón, incluso antes que Dios hiciera el huerto. Se nos dice que lo hizo de polvo del suelo y que le puso aliento para hacerlo un ser viviente. Hay un juego de palabras entre varón (`adam) y tierra (`adamah) que profundiza la relación ente el ser creado y la tierra misma. Estas dos características del varón son compartidas con el resto de los animales, aunque en este pasaje el aliento de vida lo reciba solo él. Su materia prima es la tierra, si signo vital es el aliento o soplo. Por este soplo se distinguía un cuerpo vivo de uno muerto. No hay razón en el texto para pensar que mientras el cuerpo es de polvo perecedero el aliento es de espíritu inmortal, como una lectura influida por el helenismo dio en interpretar. La imagen presentada es la de un ser en consonancia con el resto de los seres vivos aunque estos aún no fueron creados. Más bien la preeminencia del hombre está dada por la capacidad de labrar la tierra (2, 5) -es decir dominarla-, y luego de dar nombre a la creación, otro símbolo de poder sobre ella.

El hecho de que sea creado el varón en primer lugar indica que la narración está fuertemente marcada por la ideología de la sociedad patriarcal de aquel tiempo. El lugar social de la mujer era secundario y esto queda reflejado en la historia fundante que da sustento al modo de legalizar esta práctica y otorgarle la bendición de Dios. En este sentido debemos asumir estas limitaciones del texto -y tantas otras- como producto de la revelación contextual de Dios, las que por un lado en muchos casos fueron corregidas o matizadas en los textos mismos, o en otros es tarea del intérprete poner en su lugar histórico el pasaje y actualizarlo en base a una comprensión que tenga en cuenta la visión de otros textos bíblicos.

El texto presenta la creación de la mujer como respuesta a la necesidad de una ayuda para el hombre. Como viene sucediendo en este relato (2, 4-4, 26), este mito de origen describe la situación histórica dada y su sentido, y no una situación ideal a la cual se debe ajustar la conducta humana. En todo caso, eso puede valer para el Preámbulo (1, 1-2, 3), donde se presenta a Dios creando a su total arbitrio. Pero en este contexto la relación entre el texto y la experiencia histórica es más dinámica. Aquí encontramos que se describe el papel social accesorio al varón que la mujer tenía en aquella época. Si la mujer era un ser de segunda categoría esta es la explicación -y justificación- de tal situación, pero también se introducen ciertos elementos que van a matizar tal experiencia histórica.

La búsqueda de una ayuda comienza por los animales, los que son creados en forma veloz y casi sin atención: animales del campo y aves de una vez. Estos son llevados al varón para que los nombre y por lo tanto gobierne sobre ellos. Poner nombre es también conocerlos, darles un lugar en la historia y reconocerlos como parte de la creación de Dios. Ya notamos que son creados de la misma materia que el hombre (tierra, `adamah), pero en este caso no se dice que reciban el soplo vital característico del varón. Pero la intención última es la de encontrar una ayuda para él, y como esto no se lograba, entonces Dios duerme al varón y crea a la mujer de una costilla suya. Los símbolos presentes en este relato son profundos y por momentos contradictorios. Vamos a destacar tres elementos:

  • a) La mujer es creada por Dios de la misma sustancia que Adán, de su misma carne. Si el texto confirmaba la ideología de que la mujer era un ser accesorio al varón, esta afirmación la relativiza al darle a ella el mismo valor creacional afirmando la igualdad de sustancia. La carne de la mujer es la misma que la del varón, y no era necesario que se diga en este caso que ella recibe el soplo de vida, pues lo tiene por extensión. En este sentido es claro para el texto que ella es de distinta factura que los animales recientemente creados.
  • b) Adán la reconoce como de su misma carne y huesos. El texto entonces insiste en la diferencia con los animales presentados antes y entre los cuales no encontró uno que fuera de esta manera. Es claro que es Adán quien lo afirma, pero también la narración dice que fue Dios quien la creó independientemente de la voluntad de Adán, por lo cual no solo está implícito que este no podía desconocerla sino que la dignidad igualitaria es dada por la creación divina y no por decisión del varón.
  • c) Adán le da nombre, como ya lo hizo con los animales, y la llama mujer. Pero el nombre que le da es todavía un genérico y corresponde al femenino de varón (literalmente sería varona). Esta denominación vuelve a insistir sobre el carácter especial y diferenciado de la mujer respecto de los animales, y del vínculo biológico y afectivo con el varón. Por un lado nombrarla es gobernar sobre ella, por otro el nombre que le da la coloca a su mismo nivel, no por debajo suyo.

Es probable que este texto leído hoy nos parezca sumamente patriarcal y en un sentido lo fue en cuanto dio sustento a la realidad del carácter secundario de la mujer en la sociedad de su tiempo. Pero también puede entenderse que justamente en ese contexto esta narración llevó un poderoso mensaje de dignificación de la mujer en los términos que para la época eran comprensibles. Colocó una semilla de contradicción entre el machismo imperante e irreductible de la sociedad antigua y esta concepción creacional por la cual la mujer tenía un origen  propio junto al varón y un carácter singular que la hacía el vínculo obligatorio para él. El hombre no la elige entre otras criaturas, está allí al despertar y debe aceptarla.

 

LECTURA COMPLEMENTARIA

EVA: hecha a imagen de semejanza de dios.

Contexto histórico de los relatos:

Cualquier lector atento puede asumir el hecho de que existen dos relatos de “creación” del ser humano. Uno es el de Gén 1, 1-2, 4ª y el otro es el de 2, 4b-25. Vamos a situarnos en estos relatos de creación del hombre y la mujer y nos ubicaremos temporalmente en el contexto en el cual tuvieron origen.

El primero de los relatos tiene como origen la tradición sacerdotal (se utiliza la sigla P para nombrarla que resume el término alemán: priesterkodex: códice sacerdotal). Probablemente se escribió durante el cautiverio de Babilonia entre los años 580-538. Como vemos es un relato casi ritualizado que nos va llevando de modo ordenado desde el origen del universo (según las categorías mentales de la época, quien quiera hacer ciencia de investigación cosmológica o paleontológica con estos relatos caerá en un disparate. El autor inspirado explica con las categorías científicas de su época lo que nosotros explicaríamos con nuestras categorías científicas 2.500 años después). El relato es altamente optimista y nos lleva a ver al hombre como el “rey” de la creación. Un punto importante es que el relato muestra, en la distinción de cielo y tierra (v.1), a la “tierra” como “algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas” (v. 2), o sea, el origen del universo es acuático, por decirlo de algún modo.

En el primer relato, decíamos, es altamente optimista. Todo es “bueno” (Gén 1, 4. 10. 12. 18. 21. 25) y también “muy bueno” (Gén 1, 31). ¿Cuáles son las razones para este optimismo? ¿Será que el autor del relato no observa nada que sea malo, o torcido, en la creación? Es casi como que el autor Sacerdotal se negara a ver las contrariedades de la vida, se negara a detener su mirada sobre las cosas oscuras de la creación. Su relato exalta la acción de Dios mostrándola siempre como “buena” (6 veces) y al final, cuando crea a la humanidad, como “muy buena”. Nada más alejado de la realidad. El autor sacerdotal tiene muy presente el mal en el mundo y lo tiene tan presente que puede olerlo y hasta tocarlo. El autor sacerdotal está “desterrado” en babilonia, es cautivo de los babilonios con su amada patria destruida por las armas y el pillaje de los babilonios. La “situación de vida” es idéntica a la del autor del salmo 137 (136) que, motivado por los sentimientos de los que fueron deportados a Babilonia y ante la destrucción de su templo y de Jerusalén, dice:

1Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión.

2En los sauces de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras.

3Allí nuestros carceleros nos pedían cantos, y nuestros opresores, alegría: “¡Canten para nosotros un canto de Sión!”.

4¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor en tierra extranjera?

5Si me olvidara de ti, Jerusalén, que se paralice mi mano derecha;

6que la lengua se me pegue al paladar si no me acordara de ti, si no pusiera a Jerusalén por encima de todas mis alegrías.

7Recuerda, Señor, contra los edomitas, el día de Jerusalén, cuando ellos decían: “¡Arrásenla! ¡Arrasen hasta sus cimientos!”.

8¡Ciudad de Babilonia, la devastadora, feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste!

9¡Feliz el que tome a tus hijos y los estrelle contra las rocas!

La tristeza invade el corazón de aquellos que sobreviven. Todo se vuelve negro. Las burlas de los carceleros (Sal 187, 3-4) los irritan y generan odio. No tienen motivos para alegrarse, solo esperan la revancha y sueñan con la destrucción de los babilonios (v. 8).

En este contexto nace el relato primero de la creación y su mirada positiva es una respuesta inspirada a las quejas y lamentos de los expatriados. El autor se anima a decirle al pueblo “levanten la cabeza que ustedes son imagen del Dios vivo”, anima, con su relato, a los deprimidos; fortalece con la esperanza a los defraudados; alienta a los desanimados. Este relato es una provocación para todos aquellos que ven solo lo negativo de la vida, es una expresión de fe y esperanza aunque la situación sea negativa y estresante. El relato nos enseña que estamos llamados a la vida y que esta siempre comienza por un designio del creador. Nosotros somos los elegidos para transmitirla.

Según Martín Noth[1]:

“De acuerdo con Jer 46, 2 el faraón egipcio Nekoh fue vencido por el “rey” Nabucodonosor de Babilonia en el cuarto año del reinado del rey Joaquim de Judá (605 a.C.) … en aquel tiempo Nabucodonosor no era todavía rey; Nabopolasar, su padre, se hallaba enfermo y le había confiado el mando del ejército babilónico. En su condición de príncipe real alcanzó la victoria sobre Nekoh, que tanta importancia había de tener para la consolidación del imperio neobabilónico. Después de su triunfo se vio obligado a regresar precipitadamente a Babilonia para suceder a su padre, cuya muerte debió producirse poco después (604 a. C). (…) Lo más importante en este caso es el hecho de que, gracias a esta victoria, el poder sobre Siria-Palestina pasó de manos egipcias a neobabilonias. Esto es lo que se explica concretamente en 2Re 24, 7: El rey de Egipto no volvió a salir de su país, porque el rey de Babilonia se había apoderado de todo lo que pertenecía al rey de Egipto, desde el Torrente de Egipto hasta el río Eufrates. Una vez más Siria-Palestina había cambiado de dueño, al parecer sin ningún incidente, y si hubo alguno, lo desconocemos. Los reinos que todavía existían en el país, especialmente en el sur, y entre ellos el de Judá, se vieron obligados a reconocer a Nabucodonosor por nuevo soberano. (El rey Joaquín) fue lo bastante imprudente para tratar de eludir la soberanía babilónica. Según 2Re 24, 1, sólo fue fiel a Nabucodonosor durante tres años, y cuando se reveló, este envió tropas babilónicas contra el país, al mismo tiempo que daba orden a los ejércitos de los estados vecinos de “Edom”, Moab y `Ammon para que actuasen contra Joaquín. De acuerdo con  el período citado en 2Re 24, 1 debió ocurrir en el año 602 a. C. Es posible que Joaquín hubiese logrado resistir esta presión babilónica que no debió ser excesivamente enérgica, y cabe también que esta intervención le hubiese obligado a reconocer durante algún tiempo la soberanía babilónica, hasta transcurridos tres o cuatro años cuando se rebeló de nuevo. Sea lo que fuere, Nabucodonosor no se decidió a castigar severamente a Joaquín hasta el año 598 a. C., cuando asedió a Jerusalén. La verdad es que el castigo no afectó personalmente a Joaquín, que murió este mismo año, dejando a su hijo y sucesor Joaquín el reino de Judá y la capital de Jerusalén en una situación sumamente precaria. Joaquín solamente tenía entonces dieciocho años. Según 2Re 24, 8 sólo pudo reinar durante tres meses. Debió de subir al trono cuando Jerusalén estaba asediada, sin que pudiese sostenerse durante mucho tiempo. La ciudad fue tomada, y el rey, con su familia, su séquito y sus altos dignatarios fueron deportados a Babilonia. (…) Después de la conquista de Jerusalén, Nabucodonosor tuvo que ocuparse de la reorganización de Judá. Permitió que Judá subsistiese como estado vasallo regido por su propio rey, renunciando a convertirlo en una provincia babilónica. puso como rey a un tío de Joaquín, el hijo mas joven de Josías (cf. 1Cr 3, 15), llamado Mattanyah, cuyo nombre cambió por el de Sedecías (2Re 24, 17), quizás también para dejar sentado que tanto el monarca como el reino quedaban bajo su dominio. (…) en el reducido reino vasallo de Judá se hizo difícil adaptarse a la nueva situación; pero a pesar de las experiencias históricas que había sufrido durante cerca de un siglo y medio, todavía se elevaban voces entre ellos para anunciar un pronto restablecimiento de los beneficios que habían perdido (cf. Jer 28, 1-4). Estas voces tuvieron la virtud de hacerse oír, excitando al pueblo, y lograron influir sobre la indecisión y debilidad del rey Sedecías. (…) En cuanto al rey (…) finalmente se dejó influir por sus altos funcionarios y por la opinión pública, cometiendo la imprudencia de rebelarse contra el vasallaje de Nabucodonosor. En el noveno año de su reinado (589), un ejército babilónico hizo su aparición en el país (2Re 25, 1). (…) Todo hace suponer que Sedecías trató de establecer contacto con Egipto obteniendo, probablemente, una promesa de ayuda. En realidad, el reino de Judá tuvo que enfrentarse solo ante el ataque neo-babilonio, y de momento no recibió la menor ayuda de Egipto. (…) De hecho, en esta época se presentó en el país un ejercito egipcio que obligó a los babilonios a levantar por algún tiempo el asedio de Jerusalén (Jer 37, 5; cf. Jer 34, 21). En primer lugar, los babilonios tuvieron que responder al ataque egipcio, y todo hace suponer que lograron rechazarlo con cierta rapidez. Verdad es que el contingente egipcio no era muy considerable. (..) En 2Re cap. 25 se describe únicamente la suerte que corrió Jerusalén después de su caída, tomando como base a Jer cap. 39. De acuerdo con este texto, el asedio se prolongó desde el décimo día del décimo mes, del noveno año de Sedecías, hasta el noveno día del cuarto mes del onceavo año. La ciudad desafió al enemigo durante más de un año y medio, con un pequeño intervalo provocado por la intervención egipcia. Luego el hambre hizo su aparición el noveno día del mes cuarto, es decir, en agosto de 587 a. C., los atacantes lograron abrir una brecha en la muralla, introduciéndose en la ciudad. El rey Sedecías trató de escapar con su séquito huyendo hacia el este a través del “desierto de Judá”, para pasar a Transjordania; pero cuando iba a cruzar el valle del Jordán, junto a Jericó, fue detenido por los babilonios y llevado prisionero ante Nabucodonosor. (…) Fue en Riblah donde Sedecías compareció ante Nabucodonosor, obligándosele a soportar el horrible castigo de contemplar como sus hijos eran degollados, después de lo cual le fueron vaciados los ojos, siendo llevado a Babilonia cargado de cadenas, y muriendo poco después; nada más se volvió a saber de él. (…) Nabucodonosor había puesto fin a la independencia de Judá. (…) convirtió a Judá en provincia de su imperio, eliminando la monarquía davídica que había regido Jerusalén durante cerca de cuatro siglos. Siguiendo con la costumbre asiria, desterró del país a las clases dirigentes. (…) Y así como en el año 598 la clase aristocrática de Israel y la de Judá habían sido trasladadas, en esta ocasión se desterró de nuevo a toda la población de la ciudad, trasladándola probablemente a Babilonia.

El segundo de los relatos tiene como origen la tradición yavista (se utiliza la sigla J para nombrarla. Se llama así porque nombra a Dios como “Yahvé”. Aunque podría designársela también como “historia sagrada judía”). Se escribió en Jerusalén, probablemente en los años del reinado de Salomón (alrededor del 970-930 a. C.). El relato comienza mostrándonos una “tierra” que ya no es de agua, como en el anterior, sino que “aún no había ningún arbusto del campo sobre la tierra ni había brotado ninguna hierba, porque el Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra” (2, 5), la “tierra” es de “polvo“.

El contexto en que se escribe es cuando Salomón es rey de Israel. Veamos lo que nos dice Martín Noth sobre esa época[2]:

“Después de la muerte de David, Salomón sucedió a su padre sin dificultad ni incidente alguno, probablemente gracias al hecho de que el propio David le había ungido como rey. Sin embargo, había alcanzado este resultado como candidato de un determinado partido de la corte, aun cuando había existido un partido contrario favorable a Adonías, que era entonces el hijo mayor. Uno de los primeros actos de gobierno de Salomón fue eliminar en la forma más brutal a los cabecillas de esta oposición y entre ellos al propio Adonias; así aparece en la narración de la sucesión al trono de David, en 1Re 2, 13-44. 46, que da por sentado que “el reino se afirmó en manos de Salomón” (1Re 2, 46) (…) En manos de Salomón había una gran herencia. El prestigio que el poderoso imperio davídico había adquirido en el mundo de Siria y Palestina, e incluso en el antiguo Oriente, se conservó casi intacto con Salomón, aun cuando no ampliase la herencia paterna. La tradición no nos da cuenta de ninguna acción bélica por parte de Salomón y seguramente no intervino en guerra alguna. (…) Mientras en ciertas provincias limítrofes del reino se producían acontecimientos peligrosos, a los cuales Salomón no creyó necesario poner fin mediante la fuerza, se consagraba al desarrollo interior del reino y muy especialmente a la construcción de grandes edificios reales que, de manera muy especial, habían de contribuir a dar esplendor a su reinado. (…) Salomón se ocupó ante todo de la ciudad de Jerusalén. (…) Poco después de su ascensión al trono, empezó a ampliar Jerusalén, agregándole una nueva franja de terreno, donde construyó sus amplios palacios. (…) Salomón construyó sus edificios al norte de la ciudad de David, dando a Jerusalén una forma extraordinariamente alargada de norte a sur, sobre una franja sumamente estrecha por el este y el oeste. Los palacios de Salomón, rodeados de murallas, dominaban completamente la ciudad. El rey se ocupó durante mucho tiempo en esta obra gigantesca. El templo real fue construido en medio del conjunto de edificios y se convirtió en una de las más famosas construcciones: el Templo de Salomón. El edificio fue construido conforme las costumbres locales, es decir, cananeas, en cuanto a templos. Un templo era un santuario urbano y las tribus israelitas habían adoptado la civilización urbana de las poblaciones cananeas que las precedieron. Salomón empleó, además, obreros fenicios en sus construcciones (1Re 5, 32; 7, 13 y sigs.).

La actividad constructora de Salomón se extendió a otras ciudades, especialmente a las antiguas cananeas que David había incorporado a los reinos de Israel y de Judá, en las cuales el monarca, sucesor de los viejos señores feudales, era dueño absoluto. Según 1Re 9, 19, Salomón hizo construir ciudades para sus carros de combate y sus caballos, y en las poblaciones que existían hizo habilitar dependencias para este uso. Salomón mantenía una fuerza considerable de carros que repartiría entre varias guarniciones, imitando a los monarcas orientales de su época. David había tenido un ejercito permanente, con contingentes de mercenarios, además de las milicias tribales; pero éstos combatían de a pie. A Salomón no le bastaron los elementos de la época de David. No hizo guerra alguna y no tuvo ocasión de alinear sus carros de combate; los utilizó únicamente para aumentar su esplendor real. Además de las “ciudades de carros y caballerías” (1Re 9, 19), se mencionan también las “ciudades almacenes”, construidas asimismo por Salomón. Se trataba de almacenes reales instalados en poblaciones que servían de depósito para los tributos en especies destinados a la corte.

Las construcciones de Salomón precisaban de una considerable mano de obra que el país se veía obligado a facilitar, sobre todo en una época en que todos los trabajos principales se hacían a base de hombres. Salomón desarrolló extraordinariamente el sistema de trabajos forzosos u obligatorios; ignoramos cómo se seleccionaban los grupos de trabajadores y cuál era la duración de sus obligaciones. La tradición salomónica contiene dos textos contradictorios sobre el reclutamiento de trabajadores forzados. Según 1Re 5, 27 se reunían en “todo Israel”; según 1Re 9, 15. 20-22 solamente se utilizaba la población no israelita de las antiguas ciudades estado cananeas incorporadas a Judá e Israel. Es muy probable que los datos de 1Re 9, 15. 20-22 correspondan a la realidad, y que 1Re 5, 27 sólo exprese un punto de vista muy limitado de las cosas, utilizando fórmulas no apropiadas, puesto que, si los hombres libres de las tribus se hallaban sometidos al servicio militar, es evidente que no podrían efectuar una prestación de trabajo, y hubiera constituido un evidente y monstruoso abuso de poder el obligarles a ello. En cambio, entre los cananeos, el rey podía hallar individuos que no gozasen de libertad, por haber sido esclavizados anteriormente por sus amos y entonces debieron pasar al servicio del rey de Jerusalén (las quejas de las tribus israelitas, después de la muerte de Salomón (1Re 12, 4), se refieren, mas que a las “prestaciones de trabajo” en sí, a las demás obligaciones, tributos, etc.).

Los edificios salomónicos de Jerusalén eran el marco de una vida cortesana brillante y dispendiosa, que naturalmente tenía que sufragar el país. En 1Re 5, 2-3 se detallan las necesidades cotidianas de la corte en cuanto a cereales y carne. La división del país en distritos, según detalla 1Re 4, 8-19, se hizo para reglamentar estas prestaciones. Es probable que Salomón ampliase las propiedades de la corona y organizase su administración. En todo caso, entre sus más altos funcionarios había un “mayordomo de palacio” (1Re 4, 6), cargo que no existía en época de David y que indudablemente debía ocuparse de la administración de las propiedades reales, que no se limitaban a los palacios de la capital, sino también a toda clase de propiedades rurales. Estos dominios comprendían el patrimonio hereditario de la familia real, así como las propiedades de diferente género que de derecho correspondían al rey, como era el caso con las de los criminales condenados a muerte (tenemos un ejemplo de ello, en un período posterior, en 1Re cap. 21. el rey toma automáticamente posesión del viñedo que tanto codiciaba, después de que su propietario es condenado a muerte mediante falsas acusaciones). Estaban diseminadas por todo el país y en su mayor parte se componían de viñedos y huertas, de donde la corte obtenía el vino y el aceite para sus necesidades, que, según 1Re 5, 2-3, no quedaban completamente atendidas con las prestaciones de la población.

Si se juzga por ello, la preocupación principal de Salomón fue el desarrollo de las propiedades y del prestigio real, y como heredero del imperio de David trató de emular a los grandes monarcas orientales de Egipto y Mesopotamia. Por esta causa, había enormes gastos que difícilmente podía atender el Estado, cuyo territorio no estaba especialmente favorecido por la naturaleza, y ello motivó que Salomón emprendiese diversas actividades lucrativas con objeto de amontonar tesoros en Jerusalén. La tradición describe admirablemente la extraordinaria fastuosidad de Salomón (1Re 10, 14-22), y la posteridad nos habla de sus enormes riquezas y su “magnificencia” ( Mt 6, 29; Lc 12, 27).

Así, pues, Salomón mantenía amplias relaciones con todo el antiguo Oriente y su prestigio debió ser considerable. De su padre había heredado un imperio poderoso, y el esplendor de su reinado le había conquistado la admiración y el respeto de numerosos pueblos. Para darse cuenta de ello, basta pensar en las numerosas extranjeras que había en su harén. En 1Re 11, 1 y sigs., el Deuteronomista se lo reprocharía, afirmando que fueron estas mujeres quienes le obligaron a separarse de Dios, empujándole a la idolatría. Esta apreciación es muy propia del Deuteronomista, pero, desde luego, es cierta la importancia y el carácter cosmopolita de su harén. Lo que llama particularmente la atención es el hecho de que entre ellas hubiese una princesa egipcia (1Re 3, 1; 9, 16). Se trataba de una hija del harén de uno de los insignificantes faraones del la XXI dinastía egipcia. Este hecho, solamente puede explicarse por las relaciones muy íntimas que en aquel entonces existían con la corte de Egipto, aun cuando no tuviera consecuencias políticas.

Es comprensible que el esplendor de la monarquía de Salomón despertase admiración y quizás también orgullo, pero es evidente que el pueblo gemía bajo el peso de los impuestos que le abrumaban. No obstante, la conducta profana y su actividad política fue lo que provocó la sorpresa y el escándalo de las tribus israelitas, y los sentimientos que habían empezado a manifestarse en tiempos de David fueron exaltándose bajo Salomón. No es de extrañar que la repulsa básica de la monarquía tuviera por origen la concepción creada por la actuación histórica del reinado de Salomón (cf. ante todo, la formulación de la “ley real” en 1Sam 8, 11-18, obra del Deuteronomista). Éste representa el prototipo de hijo de familia que, habiendo heredado una gran fortuna, la administraba con un gran esplendor externo, pero que, en realidad, la malgastaba por no disponer de la inteligencia ni de la energía necesarias para hacer fructificar lo que había recibido de sus padres.”

 

Con respecto a Gén 1, 1-2, 4ª; nos dicen Mauricio Flick y Zoltan Alszeghy[3]:

“durante el destierro se fue elaborando aquella teología de la creación, cuyo fruto es el texto actual de Gén 1, 1-2,4. este texto enseña la universalidad y la exclusividad de la acción divina en la producción del mundo; en efecto, esta intención didáctica es la que se deduce: a) del hecho de que los autores sagrados eliminan intencionalmente los elementos míticos, conocidos también el Israel, de una lucha creadora del demiurgo contra cierta personificación del caos; b) la acción divina se realiza mediante la palabra, esto es, de la manera más lejana a la idea de emanación o del uso de elementos primordiales; c) la descripción simétrica de la obra de los seis días enseña que Dios no solamente llena, sino además pone los tres espacios primordiales de la concepción semita del diverso (abismo, tierra, firmamento). Con esta idea de la eficiencia exclusiva y universal divina en orden a la producción del mundo es inconciliable la existencia de un elemento pre-existente, independiente de Dios. Por consiguiente, en los primeros capítulos del Génesis está revelada virtualmente la creación de “la nada”.

La descripción que hace el Génesis de la creación está desde el principio orientada hacia el hombre. Toda la cosmogénesis tiene la función de preparar la narración de la historia humana. Además, el hombre no es considerado como arrojado en un universo que le fuera extraño, sino más bien como el vértice del universo creado por Dios, al que están ordenadas todas las demás cosas. Por eso, esta narración tiende a hacernos comprender que no solamente el cielo y la tierra, sino también los mismos hombres son obra de las manos de Dios, y que por ello tienen que abandonarse con confiada obediencia a un Dios poderoso y benévolo, que los destina y los llama a una alianza con él.”

Notamos, entonces, que las miradas del sacerdotal y el yavista son diferentes porque nacen en épocas y contextos diferentes. El primero sufre una situación de destierro y dolor, por eso su relato es altamente positivo…. Tratará de animar y levantar al pueblo para que conserve su mirada religiosa en un Dios que es bueno y que hace todo bien. El segundo, nace en un contexto de gran riqueza material, pero donde el pueblo sufre la opresión del gobernante… Salomón se desviará hacia el paganismo por culpa de las mujeres extranjeras que forman parte de su harén. Esta mezcla explosiva, opresión y paganismo, llevarán al autor del segundo relato a mirar de manera negativa la realidad humana… ¿cómo explicar la situación que vivimos? La desobediencia al designio divino es el centro de la reflexión. Pero no nos adelantemos, por ahora nos basta descubrir quién es la mujer nombrada como Eva. 

 

¿Qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?

El libro del Génesis nos comienza hablado de la creación de todas las cosas (Gén 1-2). Nos dice que Dios es el autor de todo lo que existe, de todo lo que tiene realidad en el universo, sea espiritual o material. En medio de toda esa sobreabundancia de cosas creadas se distinguen, sobresalen, los seres humanos. El ser humano, el hombre, es una criatura hecha, realizada, confeccionada por Dios; pero que, desde su comienzo en la vida del universo, tiene algo diferente a toda la creación: está hecho a la imagen de Dios y tiene poder sobre la naturaleza, sobre todos los vivientes:

26Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo”. 27Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. 28Y los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra”. 29Y continuó diciendo: “Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. (Gén 1, 26-29).

Notamos que la creación del hombre es en pareja: macho y hembra, varón y mujer. Esta condición de la vida humana le lleva a ser complementarios uno con el otro, dándose una unidad en la diversidad. Este complemento invita a la búsqueda, en el otro, de lo que falta en si mismo. El hombre necesita a la mujer y la mujer necesita al hombre. De allí la búsqueda del uno por el otro, la necesidad de hacer vida en común, el deseo de compartir cosas desde una mirada distinta que es plenamente enriquecedora. El amor entre ambos será la coronación de esa búsqueda incesante para hallar complemento, para encontrar ayuda mutua. Con ello tenemos la base de la sociedad: cada uno con sus dones ayuda al otro en sus necesidades, la reciprocidad constante mantendrá la unidad y el beneficio mutuo.

La intención divina se expresa con la frase “hagamos al hombre”, que recuerda la forma en que los dioses hablaban en sus asambleas. Según los testimonios literarios del Próximo Oriente antiguo, fueron los dioses quienes decidieron el destino de la humanidad. La Biblia acepta la imagen de la asamblea de los dioses, pero es únicamente Yahvé quien toma la decisión (Gn 11, 3.7; Dt 32, 8-9; 1Re 22, 19-22; Is 6; 40, 1-11; Job 1-2). El origen de los seres humanos no está en el agua o la tierra, como las plantas, los peces, las aves y los animales; su origen está en la decisión divina “a nuestra imagen, según nuestra semejanza”. El ser humano es una escultura de la divinidad, pero no estática, sino dinámica, cuya acción consistirá en dominar cuanto había sido creado (v. 26).[4]

Al ser escultura de la divinidad es un icono, una imagen que no solo debe representar a quien la realizó sino que también, y como consecuencia inmediata de esta representación, hacer lo que representa. Ser imagen de Dios trae efectos propios, no se trata de ser un cuadro, una pintura o una efigie de Dios, no es a eso a lo que se refiere el ser “imagen de semejanza”, se trata más bien de actuar como actúa Dios, de gobernar como el gobierna el mundo, de ser Dios en la tierra. Esa es la función del ser humano. El hecho de ser sexuado atestigua que desde el vamos que la humanidad fue creada para perdurar en la creación. “La diferencia sexual es la forma humana para continuar la vida[5]. De lo que deducimos que desde su creación el individuo humano está destinado a morir, por lo menos en esta forma de vida, pero llamado a perdurar, como los miembros de todas las especies vivientes, a través del ejercicio de la sexualidad, como “humanidad”. El individuo muere, pero la especie se mantiene por la vida que fluye, ya en ese fluir de vida se hace sentir, en germen, la llamada a la eternidad, la sed de vida infinita y perenne. Con la llegada de Jesucristo ese deseo de los corazones humanos se verá satisfecho de modo definitivo. Por nos dice Pierre Grelot[6]:

Entonces, por así decirlo, Dios se recoge (1, 26). Crea al hombre “a su imagen”, pero sexuado (1, 27), y le confía el gobierno del universo. El esfuerzo humano que pretende el conocimiento y el dominio de la tierra está inscrito exactamente en esta línea, con tal que se refiera al Dios creador que le ha confiado su cuidado a la humanidad. Y la sexualidad no es extraña a la imagen divina que la humanidad lleva consigo, con tal que se refiera a la palabra creadora y realice sus designios.

Pues entonces, el hombre, por el conocimiento y el dominio de todo lo creado, será el icono de Dios en la tierra y al mismo tiempo, en el ejercicio de la sexualidad, se volverá palabra creadora que busca realizar, en el tiempo, los designios divinos.

En el planteo bíblico de qué es el hombre, se desarrolla también, y como corresponde, qué es la mujer. Sin duda la pregunta apunta a dilucidar la esencia más íntima de la naturaleza humana, que sexuada, se transforma en varón y mujer. Ante esa pregunta del salmo vamos a responder: el hombre es imagen de semejanza divina (Gén 1, 26-27). Pero ¿qué significa que fue creado a “imagen de semejanza” con Dios? Veamos:

1.- “El hombre está en la cima del mundo material[7]. En efecto, la creación del hombre está colocada al final de la creación de mundo material; dado que las diversas etapas de la cosmogonía genesíaca presentan a seres cada vez más perfectos, el autor inspirado indica como imagen de Dios a lo que él considera como coronamiento de toda la obra creadora. Por eso mismo se cambia incluso la fórmula con la que Dios expresa su aprobación por las obras realizadas; el mundo, que antes de la aparición del hombre era solamente “bueno” (Gén 1, 25), inmediatamente después pasa a ser “muy bueno” (Gén 1, 31). La misma deliberación divina, que el autor pone como prólogo a la creación del hombre, sirve para subrayar la especial dignidad de la imagen de Dios (Gén 1, 26). En Gén 2 la superioridad del hombre se expresa con energía: Dios produce al hombre con una acción directa y especial: el soplo divino parece indicar una relación especial entre la vida divina y la humana (Gén 2, 7). La soledad del hombre entre los demás animales (Gén 2, 20=, que es superada por la formación de la mujer a partir del hombre (Gén 2, 21), demuestra igualmente la superioridad humana respecto a todas las demás criaturas corporales. La especial dignidad del hombre aparece además por la malicia especial del homicidio, que en Gén 9, 6 se deduce del hecho de que el hombre es imagen de Dios.

2.- en segundo lugar, el hombre es el único ser a quién Dios puede tratar de “tú”, darle preceptos, haciendo depender de su observancia la permanencia de la humanidad en el Edén, y cuya inobservancia es castigada. La imagen de Dios, por consiguiente, parece indicar a un ser capaz de dialogar con Dios, esto es, de entrar en relación “personal” con él, relación que supone escuchar una llamada y responder a ella por medio de un libre compromiso. Esto implica a su vez cierta constitución especial del hombre, relacionada con su modo de proceder de Dios. Lo mismo que Set fue engendrado según la imagen y semejanza de Adán, también Adán ha sido hecho a semejanza de Dios (Gén 5, 1-3). Algunos ven también el signo de una constitución dialogal del hombre en la vinculación de la imagen de Dios con la bisexualidad de la naturaleza humana (Gén 1, 27). (al ser la mujer tomada de Adán, esta también participa plenamente de la dignidad de la imagen de Dios. Sería imposible que Set mantuviera la imagen de Adán y la de Dios si su “madre” no fuera plenamente humana. Ambos textos, con formulaciones diferentes, el sacerdotal más claro y simple, el yavista más mítico y con cierto contenido “machista” -término propio de nuestra época pero que podría reemplazar al técnico “patriarcal”-, muestran a la mujer como perteneciente plenamente a la “imagen” de Dios aquí en la tierra. El primero de modo directo, macho y hembra, el segundo con una intermediación temporal y de acción… Dios crea a la mujer después de Adán, tomando como base su propia carne, haciéndola, en palabras del mismo Adán “carne de mi carne” es decir… semejante a él.

3.- finalmente, la imagen de Dios designa un papel especial de la humanidad en relación con el mundo material. El hombre ha sido colocado en el universo, como cooperador y lugarteniente de Dios. Todas las demás criaturas y los mismos astros (Gén 1, 14), están ordenados a él y sometidos a él (Gén 1, 28; cf. Gén 9, 1-7). El hombre tiene que trabajar, cooperando con Dios, para que la perfección del mundo se complete y sea custodiada (Gén 2, 4-6. 15). La entrega al hombre de la soberanía sobre las demás criaturas queda expresada con los medios estilísticos propios del mito, cuando se dice que Dios condujo a todos los animales hacia Adán para que les pusiera un nombre (Gén 2, 19).

 

Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer

En el día sexto de su creación, el relato sacerdotal nos muestra a Dios creando al ser humano… leamos en el comentario bíblico latinoamericano:

“este día continúa la creación de la pareja humana. Se anuncia la intención de crearla indicando que su función será la de dominar sobre los demás seres vivientes, tanto los peces como las aves y los animales hostiles del campo. El v. 26 comienza con un plural (”hagamos…”), una forma solemne también presente cuando habla Artajerjes en Esd 4, 18, o quizá un resabio del lenguaje afín al politeísmo  propio de las religiones circundantes (cf. Is 6, 8). En todo eso, la forma aporta una diferencia sustancial al texto aunque el contexto literario parece preferir la primera interpretación. Luego se narra que Dios crea al ser humano indicando dos características: que lo hace “a imagen suya” y que lo crea sexuado, varón y mujer. La imagen de Dios impresa en toda persona es una novedad teológica y una afirmación revolucionaria del autor. Con raras excepciones en el antiguo Oriente la imagen de Dios era una cualidad exclusiva del monarca y no podía ser invocada por nadie más. A la vez es colocada como constitutiva del ser humano y no como algo que se adquiere o se recibe en forma transitoria. Tampoco es producto de una vida particularmente religiosa ni de una búsqueda interior, ni es privativa de los sanos y fuertes como tampoco lo es de ricos y poderosos. El texto afirma que toda criatura humana lleva la imagen de Dios en sí misma. La pregunta por el sentido de esta expresión nos envía a indagar la imagen de Dios presente en la narración, la que se nos dice está también impresa en el ser humano. Son varias las características, pero la que más resalta es el carácter creador de Dios, su vocación de moldear la materia para hacer con ella algo mejor. En esta línea, el ser humano imagen de Dios nos habla sobre la capacidad humana de crear y recrear la materia. Esto tiene dos consecuencias teológicas: la primera es que se pone en relieve la cultura humana. Lo que el ser humano hace en su desarrollo creativo, su curiosidad, su constante sed de conocimiento, su búsqueda de combinar las cosas para dar en cosas nuevas (en ciencias, arte, pensamiento, etc.) es parte de su vocación primera por ser imagen de Dios. Lo segundo es que esa fuerza creativa e innovadora es genuina cuando está al servicio del plan de Dios para la humanidad, no cuando se le opone. Es la condición expresada en la frase repetida “y vió Dios que era bueno” lo que debe estar presente en la acción humana para hacer justicia a la imagen divina que cada persona lleva en sí misma.

A continuación Dios bendice a la pareja humana y les da dos mandatos: que se reproduzcan y crezcan, y que sometan la tierra y gobiernen sobre los peces, aves y todo ser viviente. El primer mandato es común al de los animales y peces (v. 22), y nos recuerda lo cercana que es la relación biológica en todo este relato entre el ser human y los animales. Hay una identidad creacional que no puede ocultarse, pero a la vez hay una distinción: mientras la bendición a los animales es impersonal, en el caso de la humanidad se dirige a ellos en forma directa “…les dijo: sean fecundos…” (v. 28). También el segundo mandato establece la diferencia entre el ser humano y el resto de las criaturas: este es convocado para someter la tierra y mandar sobre los demás seres creados. La vida humana es valorada por encima de todas las demás.

Esta diferencia entre la vida animal y el ser humano está también presente en las dietas que se detallan para cada uno. Mientras que al ser humano le es dada toda hierba de semilla y los árboles frutales, a los animales se les da solo la hierba. Esta distinción es simbólica porque muchos animales comen frutos o son carnívoros, pero el interés del texto es colocar a la pareja humana por encima de los animales. El carácter vegetariano del ser humano señala que la relación entre este y los animales era de armonía. No podía suponerse una creación donde desde un comienzo la humanidad tuviera que matar a quienes habían sido creados con ella. Es a continuación del diluvio (9, 3) cuando ya en una etapa posterior de la creación y a la luz de sucesivas violencias Dios da a los animales como alimento para el ser humano.

El v.31 cierra la creación con un superlativo señalando que lo hecho estaba “muy bien”.

 

El Señor Dios formó una mujer

Lo primero creado es el varón, incluso antes que Dios hiciera el huerto. Se nos dice que lo hizo de polvo del suelo y que le puso aliento para hacerlo un ser viviente. Hay un juego de palabras entre varón (`adam) y tierra (`adamah) que profundiza la relación ente el ser creado y la tierra misma. Estas dos características del varón son compartidas con el resto de los animales, aunque en este pasaje el aliento de vida lo reciba solo él. Su materia prima es la tierra, si signo vital es el aliento o soplo. Por este soplo se distinguía un cuerpo vivo de uno muerto. No hay razón en el texto para pensar que mientras el cuerpo es de polvo perecedero el aliento es de espíritu inmortal, como una lectura influida por el helenismo dio en interpretar. La imagen presentada es la de un ser en consonancia con el resto de los seres vivos aunque estos aún no fueron creados. Más bien la preeminencia del hombre está dada por la capacidad de labrar la tierra (2, 5) -es decir dominarla-, y luego de dar nombre a la creación, otro símbolo de poder sobre ella.

El hecho de que sea creado el varón en primer lugar indica que la narración está fuertemente marcada por la ideología de la sociedad patriarcal de aquel tiempo. El lugar social de la mujer era secundario y esto queda reflejado en la historia fundante que da sustento al modo de legalizar esta práctica y otorgarle la bendición de Dios. En este sentido debemos asumir estas limitaciones del texto -y tantas otras- como producto de la revelación contextual de Dios, las que por un lado en muchos casos fueron corregidas o matizadas en los textos mismos, o en otros es tarea del intérprete poner en su lugar histórico el pasaje y actualizarlo en base a una comprensión que tenga en cuenta la visión de otros textos bíblicos.

El texto presenta la creación de la mujer como respuesta a la necesidad de una ayuda para el hombre. Como viene sucediendo en este relato (2, 4-4, 26), este mito de origen describe la situación histórica dada y su sentido, y no una situación ideal a la cual se debe ajustar la conducta humana. En todo caso, eso puede valer para el Preámbulo (1, 1-2, 3), donde se presenta a Dios creando a su total arbitrio. Pero en este contexto la relación entre el texto y la experiencia histórica es más dinámica. Aquí encontramos que se describe el papel social accesorio al varón que la mujer tenía en aquella época. Si la mujer era un ser de segunda categoría esta es la explicación -y justificación- de tal situación, pero también se introducen ciertos elementos que van a matizar tal experiencia histórica.

La búsqueda de una ayuda comienza por los animales, los que son creados en forma veloz y casi sin atención: animales del campo y aves de una vez. Estos son llevados al varón para que los nombre y por lo tanto gobierne sobre ellos. Poner nombre es también conocerlos, darles un lugar en la historia y reconocerlos como parte de la creación de Dios. Ya notamos que son creados de la misma materia que el hombre (tierra, `adamah), pero en este caso no se dice que reciban el soplo vital característico del varón. Pero la intención última es la de encontrar una ayuda para él, y como esto no se lograba, entonces Dios duerme al varón y crea a la mujer de una costilla suya. Los símbolos presentes en este relato son profundos y por momentos contradictorios. Vamos a destacar tres elementos:

  • d) La mujer es creada por Dios de la misma sustancia que Adán, de su misma carne. Si el texto confirmaba la ideología de que la mujer era un ser accesorio al varón, esta afirmación la relativiza al darle a ella el mismo valor creacional afirmando la igualdad de sustancia. La carne de la mujer es la misma que la del varón, y no era necesario que se diga en este caso que ella recibe el soplo de vida, pues lo tiene por extensión. En este sentido es claro para el texto que ella es de distinta factura que los animales recientemente creados.
  • e) Adán la reconoce como de su misma carne y huesos. El texto entonces insiste en la diferencia con los animales presentados antes y entre los cuales no encontró uno que fuera de esta manera. Es claro que es Adán quien lo afirma, pero también la narración dice que fue Dios quien la creó independientemente de la voluntad de Adán, por lo cual no solo está implícito que este no podía desconocerla sino que la dignidad igualitaria es dada por la creación divina y no por decisión del varón.
  • f) Adán le da nombre, como ya lo hizo con los animales, y la llama mujer. Pero el nombre que le da es todavía un genérico y corresponde al femenino de varón (literalmente sería varona). Esta denominación vuelve a insistir sobre el carácter especial y diferenciado de la mujer respecto de los animales, y del vínculo biológico y afectivo con el varón. Por un lado nombrarla es gobernar sobre ella, por otro el nombre que le da la coloca a su mismo nivel, no por debajo suyo.

Es probable que este texto leído hoy nos parezca sumamente patriarcal y en un sentido lo fue en cuanto dio sustento a la realidad del carácter secundario de la mujer en la sociedad de su tiempo. Pero también puede entenderse que justamente en ese contexto esta narración llevó un poderoso mensaje de dignificación de la mujer en los términos que para la época eran comprensibles. Colocó una semilla de contradicción entre el machismo imperante e irreductible de la sociedad antigua y esta concepción creacional por la cual la mujer tenía un origen  propio junto al varón y un carácter singular que la hacía el vínculo obligatorio para él. El hombre no la elige entre otras criaturas, está allí al despertar y debe aceptarla.

El v. 24 da cuenta de otra experiencia: que varón y mujer buscan unirse sexualmente y forman un nuevo hogar abandonando el propio. Lo dice del varón, aunque era más bien la mujer la que abandonaba su casa paterna (ver Sal 45, 11).

El v. 25 vuelve al estado primordial al señalar que estaban desnudos y no se avergonzaban de ello. Es un anticipo que prepara la explicación del origen de ir vestido ocultando los genitales y otras partes eróticas del cuerpo (3, 7) a partir de la vergüenza adquirida como consecuencia de transgredir la norma impuesta por Dios.

El mensaje subyacente tras la segunda creación humana es que los seres humanos necesitan la comunidad humana. Estar solo no es bueno para los seres humanos. Dios crea a los animales y permite que el hombre les dé nombre y con ello entre en una relación viva con ellos que incluye el gobierno sobre ellos. Pero ninguno es “adecuado” para él. Necesita una verdadera compañía, y para conseguírsela realiza Dios otro acto más de creación. Al sumir al hombre en un letargo, Dios asegura a la mujer la misma autonomía que al hombre -su ser depende directamente de Dios-. El presente relato puede proceder de un antiguo relato popular que juega con la costilla y su cercanía al corazón. En la mentalidad antigua, el corazón es la fuente tanto del intelecto como de la voluntad, y así Dios hace a Eva tan plenamente humana como a Adán. La descripción juega también con la atracción amorosa que arrastra de forma recíproca a hombres y mujeres desde el corazón. La adecuada identidad de las dos criaturas humanas se completa en el pequeño poema del v. 23 -son lo mismo porque él es `ish y ella `isha, juego de palabras que equivale a decir “hombre y mujer” en español.

El Señor Dios formó una mujer

(Gén 2, 22)

 

  • & 2 ENCUENTRO: EVA, MUJER Y MADRE.

“Multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos; darás a luz a tus hijos con dolor. Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará”  

(Gén 3, 16)

 

  • & Texto de estudio: Gén 3, 1-24.

 

 

  • ü ¿Qué nos cuenta el relato?
  • ü ¿Cómo nos muestra a la serpiente, a la mujer y al hombre? ¿Cómo son cada uno de ellos?
  • ü ¿Cuál es la maldición que le da a la serpiente? ¿Por qué?
  • ü ¿Cómo es el castigo del hombre?
  • ü ¿Y el de la mujer?
  • ü Hoy en día: ¿Cuáles son las oportunidades y las amenazas que viven las mujeres? ¿Podríamos trazar un panorama real de la mujer en nuestro barrio o ciudad?
  • ü ¿Qué mensaje le daríamos a la mujer actual desde este texto bíblico? ¿Podemos ayudarla en algo? ¿Por qué?

 

 

 

  • ü Para reflexionar

“La mujer no sólo da principio a la vida de sociedad; es también la madre de todos los vivientes. Al paso que numerosas religiones asimilan fácilmente la mujer a la tierra, la Biblia la identifica más bien con la vida: la mujer es, según el sentido de su nombre de naturaleza, Eva “la viviente” (3, 20). Si por causa del pecado no transmite la vida sino a través del sufrimiento (3, 16), sin embargo, triunfa de la muerte facilitando la perpetuidad de la raza; y para mantenerse en esta esperanza sabe que un día su posteridad aplastará la cabeza de la serpiente, que es el enemigo hereditario (3, 15)”

 

 

 

 

LECTURA COMPLEMENTARIA

Si tenemos presente que este relato se escribió en Jerusalén cerca del año 1000 a.C. y en aquella época reinaba el rey Salomón, veremos, con claridad, que el yavista no solo está en diálogo con las actitudes del rey, sino que también, su mirada negativa, se centra en la imagen que él tiene de las esposas de Salomón y de su influencia sobre su conducta religiosa. Las mujeres extranjeras desviaron el corazón de Salomón hacia sus dioses (1Re 11, 1-8; Eclo 47, 12-21).

Sobre esta base construye el relato el autor yavista: Salomón abandonó al Dios verdadero y se fue entregó a las prácticas religiosas que sus esposas extranjeras traían de su patria. Imaginemos lo que puede significar para un israelita piadoso encontrarse con que su rey rinde culto a divinidades paganas, no solo es una traición a la fe verdadera, sino que es una muestra de la falta de inteligencia del hombre poderoso que ahora es rey. Salomón es Adán, las mujeres de Salomón son Eva, y la serpiente representa a las imágenes de los dioses paganos que, en cultos de fertilidad -probablemente-, eran utilizadas por los sacerdotes y sacerdotisas extranjeras. Por eso el relato muestra a una mujer locuaz con la serpiente, y a un hombre que confiadamente se deja arrastrar hacia la perdición de obedecer a la serpiente. Se dejan de lado las normas y preceptos divinos para buscar la sabiduría “humana” (Salomón era un hombre “lleno de saber” según Eclo 47, 12). El hombre “sabio” se deja engañar por la astucia de los dioses paganos y la complicidad de la mujer. Tengamos cuidado que la mujer no es presentada como tonta o ingenua, sino al revés: es vista como totalmente consciente de las normas (vers 2-3) y capaz de discernir lo que es bueno para ella (vers 6). Aquí no se trata de “perder inocencia“, se trata de optar por “ser como dioses“. No es la imagen de una pareja inocente e ingenua, es la imagen de dos que deciden su propio camino conociendo plenamente los límites y optando por contradecirlos. Es decir, el autor muestra a la mujer como plenamente inteligente y consciente de lo que está por hacer. Las vestiduras indican la gran magnificencia que tenían las ropas en la corte salomónica. Ya decía Jesús: “Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos” (Mt 5, 28-29). Esas ropas, tan magnificas y notorias, son taparrabos en la mente del Yavista. Solo sirven para tapar la impudicia del rey y sus mujeres. Así logran ocultar la pequeñez de su corazón, lo corto de sus razonamientos, el deseo de ser como Dios. Ellos se ocultan y tapan porque están haciendo algo malo… sus taparrabos (ropas reales) son la muestra de que no todo lo que brilla es oro.

La presencia divina, mostrada antropomorficamente, revela que Dios sigue estando presente, actuante en el mundo. La imagen de un Dios que pasea para tomar aire puro nos devuelve la figura de Dios como padre venerable, no es el Dios de la ira, o del enojo, es Dios bueno que pasea y descansa con su amada criatura. La inocencia divina se contrapone a la incapacidad de mostrarse libremente de Adán y Eva. Dios no sabe que pecaron, Dios aparece “compartiendo” cuando ellos se esconden “mezquinando”. ¿Quiere decirnos esto que Salomón hacía las cosas de modo oculto? ¿Qué tenía dos caras? Tal vez quiere decirnos que cuando el ser humano se aparta del camino recto necesita ocultarse, entrar en sombras, seguir el camino  del esconder… ya que su palabra dice una cosa pero sus actos otra. Adán y Eva empiezan a vivir una doble vida. Dios no busca castigar (todavía no “sabe” que Adán y Eva violaron sus reglas) sino que quiere compartir. “Busca” al que se deja encontrar… El Dios del yavista es un Dios confiable, cariñoso, que busca compartir con su criatura todo lo que hizo. La desobediencia al designio divino solo trae problemas de relación con el creador. Varón y mujer son ahora esclavos de su pecado y necesitan ocultarse para que no se note su incapacidad. Dios seguirá buscándonos, a pesar de nosotros mismos, a lo largo de toda la historia. Será Jesucristo el que vuelva a decirnos “¿Dónde estás?” vinculando a la divinidad con la humanidad para siempre. Ante la evidencia de su falta el hombre asume por vez primera una actitud responsable. Decide empezar a decir la verdad. “Esta es mi situación, por eso estoy escondido”. La desnudez humana, en la mentalidad del ser pecador, debe ocultarse… porque sino todos miran mis intenciones torcidas. No se trata del “pudor”, se trata de que los “taparrabos” (las vestiduras del rey Salomón), por más bien hechos que estén, no pueden nunca tapar la podredumbre interna. El hombre, aunque lo disimule, siempre está desnudo delante de Dios. Dios se da cuenta de todo. Ahora sabe muy bien que su ley ha sido violada. E que el hombre ya no es, ni volverá a ser el mismo que él ha creado. El conocimiento de las cosas y su utilización sin responsabilidad solo lleva a perder la identidad, a necesitar esconderse. Aquí comienza la cadena de “favores”. Del hombre a la mujer, de la mujer a la serpiente… la culpa se remonta rió arriba buscando alguien que se quede con ella… imaginemos a la serpiente mirando para ambos lados buscando a quién culpar y darse cuenta que, en la cadena, ya no queda nadie. El autor yavista muestra hasta que punto nuestra psicología no ha cambiado para nada.

Esta condenación a la serpiente es solo una búsqueda de explicar “etiológicamente” la situación actual del reptil. Muchos dicen que las serpientes tenían alas antes de la caída original (contrariando la evolución biológica: de nuevo hay que decirlo: el relato no puede concordarse con la ciencia… este relato es “religioso” y no “científico”). Maurice de Concagnac nos dice: “La antigua iconografía de Oriente revela la existencia de seres compuestos, que poseen un cuerpo de serpiente y están dotados de alas. (Cf. Is 6, 2)”. No es difícil de imaginar que entre tanta iconografía de serpientes aladas (en el actual México está la representación de quetzacoatl, una serpiente alada) el yavista observara que las imágenes mostraban no solo la representación de otras religiones, probablemente muchas de ellas traídas por las mujeres de Salomón, sino que también mostraban algo que no ocurría en la realidad: las serpientes no tienen alas. Entonces la pregunta: ¿si las religiones paganas dicen que las serpientes tiene alas por qué nunca vemos una serpiente con alas (salvo en sus esculturas)? La respuesta: Por el pecado en el origen de los tiempos las serpientes perdieron su capacidad de volar (que es lo mismo que decir que perdieron capacidad de relacionarse con las cosas altas y divinas) para ser solamente seres que se arrastran por el suelo. Vemos como se quita contenido “mitológico” a estos animales porque se nos sitúan, en primer lugar, como animales comunes y silvestres y, en segundo lugar, se los muestra como desposeídos de sus atributos espirituales. La lucha final es una constatación de la vida diaria: las serpientes muerden los talones de los desprevenidos caminantes y la gente, por miedo, las mata pegándoles e la cabeza. Esta parte final nos muestra, también, la situación de la mujer en la vida cotidiana de Israel… el autor no legitimiza que la mujer sea considerada como objeto, o sea dominada. Solamente constata esta realidad y la explica por esta falta original de los comienzos. “Son las consecuencias del pecado”, pareciera decir.

 

LECTURA COMPLEMENTARIA

Gén 3, 1-24

1La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: “¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?”.

La serpiente es un animal simbólico que a veces expresa la vida -por su aspecto fálico- pero en otras representa la muerte debido a su mortal mordedura. En este relato nos inclinamos por lo segundo, ratificado en el v.15. Lo que propone la serpiente a la mujer es que serán como dioses al desobedecer a Dios.[8]

En gén 3, la serpiente simboliza al mal con el que ha de enfrentarse el hombre. En las mitologías del próximo oriente antiguo, la serpiente encerraba varios simbolismos diferentes. Por ejemplo: la representación de las fuerzas subterráneas a las que rendían culto los cananeos (algo de ello queda también en el caduceo -una especie de vara como un bastón corto- de los griegos, atributo de mercurio); el Uraeus egipcio, cobra que representa el fuego sobre las coronas divinas y reales; los monstruos creados por Tiamat en el mito babilónico de la creación; el animal raptor de la planta de la vida en la epopeya de Gilgamesh… símbolo de divinidades cananeas, de potencias malvadas entre los mesopotámicos: es fácil de comprender que la serpiente haya podido personificar en Gén 3 a una potencia mala, “astuta”, enemiga del hombre y, a través de él, hostil al plan de Dios.

El Apocalipsis recogerá este mismo símbolo: la humanidad nueva, madre de Jesucristo, está en el corazón de una lucha sobrehumana en la que Miguel y sus ángeles se enfrentarán con “la gran serpiente, la serpiente antigua, el llamado diablo y Satanás” (12, 9). Pero aquí hay otras imágenes que se sobreponen a las del Génesis: las de los Apocalipsis judíos. Los poetas de Israel utilizaban estas imágenes para presentar la creación como una victoria de Dios sobre los monstruos del caos (Sal 74, 13-14; 89, 11; Job 7, 12), o su victoria final al cabo de la historia (Is 27, 1; cf. 51, 9) . se puede hablar de una desmitización de estos símbolos, ya que no representan en esta ocasión a unas potencias divinas, sino solamente a unos seres inferiores cuya actividad se desarrolla en el interior de la creación y dentro de los límites compatibles con la omnipotencia del creador. Pero el modo de expresión empleado proviene del lenguaje mítico.

En tiempos de Jesús, la representación de las fuerzas del mal era muy diversa; Satanás (=el acusador), a quién Jesús llama “el príncipe de este mundo”, estaba rodeado de demonios en abundancia. Desde el punto de vista de las representaciones y del lenguaje, Jesús y sus apóstoles no modificaron en nada los hábitos de sus contemporáneos; no es allí donde se situaba el objeto de la revelación.

¿Se sigue de aquí que es posible “reducir” las figuras bíblicas de Satanás a una simple “forma de hablar”? Sería ir demasiado aprisa en este caso. Porque Jesús, cuya experiencia sigue siendo la regla de la nuestra, comprendió con el mayor realismo su combate contra las fuerzas del mal. El mal no es para él una abstracción, una simple manifestación de la finitud y de los límites del hombre. El vio en el mal una fuerza misteriosa con la que tenía que medirse para poner fin al dominio que ejerce en este mundo. El carácter imaginario de este “lenguaje mítico” es una cosa; el realismo de la experiencia interior que traduce es otra. La realidad del combate espiritual pertenece al terreno de nuestra experiencia cotidiana (cf. Ef 8, 10-13). Gén 3 abre la historia del plan de Dios evocando el comienzo de este enfrentamiento, que se lleva a cabo día tras día para todos nosotros, pero en el que Jesús ha introducido el principio de una victoria y de una liberación.[9]

2La mujer le respondió: “Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. 3Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte”». 4La serpiente dijo a la mujer: “No, no morirán. 5Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal”. 6Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. 7Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.

Estos versículos muestran que hay un Dios providente que cuida a los humanos pero que les impone sus propias normas. El ser humano como criatura hecha por Dios tiene límites, y esos límites, cuando se mantienen perfectamente permiten que la relación perdure. La humanidad debe “comer” para vivir, por eso pueden comer “de todos los árboles del jardín”. Hay uno de entre todos del cual no pueden comer: del “que está en medio”. ¿De qué se trata el fruto que tiene este árbol? En el versículo 22 nos dice: “El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del mal”, con lo cual podemos concluir que el “árbol” de cual comieron sus frutos es un árbol que hace conocer lo que está bien o mal, o también un árbol que aporta sabiduría o, lo que es peor, el fruto del árbol “del bien y del mal” es una metáfora para explicarnos que ahora el ser humano puede decidir “qué está bien y qué está mal”. Los límites divinos quedan violados, ahora el hombre no solo conoce que es lo malo y lo bueno, sino que ahora él decide que es bueno y que es malo. El hombre se convierte en “hacedor” de leyes, sus decisiones son las que marcaran la esencia del bien o la esencia del mal.

La imagen mítica de la adquisición de conocimientos, una fruta, es bastante gestual porque nos muestra la toma de conciencia como algo que hay que digerir, algo que hay que “masticar”. No le pertenece al hombre de por sí, por ser tan material como los demás seres vivientes, pero la asimila, la “mastica”, la “come”, como adquisición casi alimentaria. La sabiduría no viene con el ser humano, de fábrica, se adquiere con el esfuerzo de “masticar” y “rumiar” la vida y sus enseñanzas.

La desmesura de Adán y Eva (3, 1-7)[10]

Esto significa que, en oposición a la creación del ser humano, quien recibe posibilidades pero también limitaciones propias de su condición, la tentación consiste en no estar atados a esas limitaciones humanas e ir en búsquedas de las propiedades reservadas solo a los dioses. Estas son el poder supremo sobre toda criatura, el dominio del tiempo, el de que los seres humanos trabajen para él, la ausencia de sufrimiento y dolor, la eternidad. Esto es clave para entender luego la reacción de Dios en 8-19. Es sorprendente que, siendo la mujer desvalorizada en el texto anterior, en este relato tenga un papel más activo  e inteligente que el varón. Conversa con la serpiente, analiza, evalúa y decide comer. Luego le da al varón y este acepta sin más. A partir de allí saben que están desnudos y se visten, dando lugar al origen del acto de cubrirse el cuerpo por pudor. De hecho la propuesta de la serpiente se reveló falsa, pues no se transformaron en dioses sino que adquirieron vergüenza de ellos mismos, la que es expresada en sus cuerpos que representan todo lo que es la persona en su exterior e interior. Contra la interpretación tradicional y popular, es necesario enfatizar que no es la sexualidad lo que caracteriza esta primera trasgresión, sino la desmesura de querer ser como dioses rechazando el carácter humano dado por Dios a la pareja.

La historia del primer pecado[11]

Este drama breve es una lección fundamental acerca de la naturaleza del pecado humano. El núcleo del pecado es el intento de sustituir a Dios como definidor de la moralidad. La serpiente representa las fascinaciones y racionalizaciones torcidas y perniciosas que usamos al quebrantar los límites morales para obtener poder o fines deseables para nosotros mismos. En el pensamiento antiguo, las serpientes tenían muchas conexiones con los poderes misteriosos del mundo inferior y representan un símbolo adecuado del poder del mal en la vida humana -¡incluso en momentos de bendición!-. aunque la serpiente la engaña, Eva había entendido el mandato de Dios de forma suficientemente clara. Pero tanto ella como su marido desean ser como Dios y están de acuerdo en el pecado. Cuando se encuentran desnudos, se dan cuenta inmediatamente de su inocencia perdida y de la nueva fuerza de las pasiones sexuales de su vida. Ahora, en efecto, son más entendidos de lo que eran en 2, 25, pero lo son en el conocimiento “práctico” de los efectos del pecado y de su poder sobre las acciones humanas.    

La serpiente y la mujer

La serpiente era para las antiguas tradiciones un ser misterioso. Este carácter sobrenatural puede convertirla en una divinidad o en un demonio. La serpiente, naga, es, en la India, un ser semidivino, mientras que la serpiente Dahaka es, en Persia, la encarnación de un espíritu malo.

Por estar dotada de veneno, la serpiente es maestra de los mismos. En nuestros días, los dos reptiles del caduceo enroscados en un bastón siguen siendo el emblema de los médicos, mientras que la serpiente erguida sobre una copa representa a los farmacéuticos.

De la serpiente del Génesis se dice que era “la más astuta”, porque parece conocer el efecto tóxico del fruto prohibido. Abre los ojos para hacer que el espíritu viaje a una región de una lucidez peligrosa. Al tentar a la mujer, instila en el corazón humano el otro veneno: el de la desobediencia. A Eva, que recuerda la prohibición divina de comer el fruto y la pena de muerte que le sigue, le responde la serpiente: “No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal” (Gén 3, 4-5).

Los ojos del hombre y de la mujer se van a abrir para descubrir su desnudez, su radical fragilidad. Los sexos, puntos frágiles por excelencia, van a ser disimulados: la transparencia natural de la primera pareja queda ocultada por el miedo.

El castigo de la serpiente es completo. El Maligno será vencido: morderá el polvo eternamente (Mi 7, 17), humillado para siempre por aquella a quien arrastró hacia el camino de la muerte (Gén 3, 14-15)[12].

El presente relato en la mente del Yavista:

Si tenemos presente que este relato se escribió en Jerusalén cerca del año 1000 a.C. y en aquella época reinaba el rey Salomón[13], veremos, con claridad, que el yavista no solo está en diálogo con las actitudes del rey, sino que también, su mirada negativa, se centra en la imagen que él tiene de las esposas de Salomón y de su influencia sobre su conducta religiosa. Las mujeres extranjeras desviaron el corazón de Salomón hacia sus dioses:

“1El rey Salomón amó a muchas mujeres, además de la hija del Faraón: mujeres moabitas, amonitas, edomitas, sidonias e hititas, 2es decir, de esas naciones de las que el Señor había dicho a los israelitas: “No se unan a ellas, y que ellas no se unan a ustedes; seguramente les desviarán el corazón hacia otros dioses”. Pero Salomón se enamoró de ellas. 3Tuvo setecientas mujeres con rango de princesas y trescientas concubinas, y sus mujeres le pervirtieron el corazón. 4Así, en la vejez de Salomón, sus mujeres les desviaron el corazón hacia otros dioses, y su corazón ya no perteneció íntegramente al Señor, su Dios, como el de su padre David. 5Salomón fue detrás de Astarté, la diosa de los sidonios, y detrás de Milcóm, el abominable ídolo de los amonitas. 6El hizo lo que es malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como lo había hecho su  padre David. 7Fue entonces cuando Salomón erigió, sobre la montaña que está al este de Jerusalén, un lugar alto dedicado a Quemós, el abominable ídolo de Moab, y a Milcóm, el ídolo de los amonitas. 8Y lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses” (1Re 11, 1-8) 

12Después de él surgió un hijo lleno de saber que, gracias a David, vivió desahogadamente. 13Salomón reinó en tiempos de paz y Dios le concedió tranquilidad en sus fronteras, a fin de que edificara una Casa a su Nombre y erigiera un Santuario eterno. 14¡Qué sabio eras en tu juventud, desbordabas de inteligencia como un río! 15Tu reputación cubrió la tierra, la llenaste de sentencias enigmáticas; 16tu renombre llegó hasta las costas lejanas y fuiste amado por haber afianzado la paz. 17Por tus cantos, tus proverbios y tus sentencias, y por tus interpretaciones, fuiste la admiración del mundo. 18En nombre del Señor Dios, de aquel que es llamado Dios de Israel, amontonaste el oro como estaño, y como plomo acumulaste la plata. 19Pero tuviste debilidad por las mujeres y dejaste que dominaran tu cuerpo. 20Pusiste una mancha sobre tu gloria y profanaste tu estirpe, atrayendo la ira sobre tus hijos, y haciéndoles deplorar tu locura: 21así la realeza se dividió en dos, y de Efraím surgió un reino rebelde. (Eclo 47, 12-21)

Sobre esta base construye el relato el autor yavista: Salomón abandonó al Dios verdadero y se fue entregó a las prácticas religiosas que sus esposas extranjeras traían de su patria. Imaginemos lo que puede significar para un israelita piadoso encontrarse con que su rey rinde culto a divinidades paganas, no solo es una traición a la fe verdadera, sino que es una muestra de la falta de inteligencia del hombre poderoso que ahora es rey. Salomón es Adán; las mujeres de Salomón son Eva y la serpiente representa a las imágenes de los dioses paganos que, incultos de fertilidad -probablemente-, eran utilizadas por los sacerdotes y sacerdotisas extranjeras. Por eso el relato muestra a una mujer locuaz con la serpiente, y a un hombre que confiada mente se deja arrastrar hacia la perdición de obedecer a la serpiente. Se dejan de lado las normas y preceptos divinos para buscar la sabiduría “humana” (Salomón era un hombre “lleno de saber” según Eclo 47, 12). El hombre “sabio” se deja engañar por la astucia de los dioses paganos y la complicidad de la mujer. Tengamos cuidado que la mujer no es presentada como tonta o ingenua, sino al revés: es vista como totalmente consciente de las normas (vers 2-3) y capaz de discernir lo que es bueno para ella (vers 6). Aquí no se trata de “perder inocencia”, se trata de optar por “ser como dioses”. No es la imagen de una pareja inocente e ingenua, es la imagen de dos que deciden su propio camino conociendo plenamente los límites y optando por contradecirlos. Es decir, el autor muestra a la mujer como plenamente inteligente y consciente de lo que está por hacer.

Las vestiduras indican la gran magnificencia que tenían las ropas en la corte salomónica. Ya decía Jesús: “Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos” (Mt 5, 28-29). Esas ropas, tan magnificas y notorias, son taparrabos en la mente del Yavista. Solo sirven para tapar la impudicia del rey y sus mujeres. Así logran ocultar la pequeñez de su corazón, lo corto de sus razonamientos, el deseo de ser como Dios. Ellos se ocultan y tapan porque están haciendo algo malo… sus taparrabos (ropas reales) son la muestra de que no todo lo que brilla es oro.

8Al oír la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín, a la hora en que sopla la brisa, se ocultaron de él, entre los árboles del jardín.

La presencia divina, mostrada antropomorficamente, revela que Dios sigue estando presente, actuante en el mundo. La imagen de un Dios que pasea para tomar aire puro nos devuelve la figura de Dios como padre venerable, no es el Dios de la ira, o del enojo, es Dios bueno que pasea y descansa con su amada criatura. La inocencia divina se contrapone a la incapacidad de mostrarse libremente de Adán y Eva. Dios no sabe que pecaron, Dios aparece “compartiendo” cuando ellos se esconden “mezquinando”. ¿Quiere decirnos esto que Salomón hacía las cosas de modo oculto? ¿Qué tenía dos caras? Tal lo que más quiere decirnos es que cuando el ser humano se aparta del camino recto necesita ocultarse, entrar en sombras, seguir el camino  del esconder… ya que su palabra dice una cosa pero sus actos otra. Adán y Eva empiezan a querer vivir una doble vida.

9Pero el Señor Dios llamó al hombre y le dijo: “¿Dónde estás?”.

Dios no busca castigar (todavía no “sabe” que Adán y Eva violaron sus reglas) sino que quiere compartir. “Busca” al que se deja encontrar… El Dios del yavista es un Dios confiable, cariñoso, que busca compartir con su criatura todo lo que hizo. La desobediencia al designio divino solo trae problemas de relación con el creador. Varón y mujer son ahora esclavos de su pecado y necesitan ocultarse para que no se note su incapacidad. Dios seguirá buscándonos, a pesar de nosotros mismos, a lo largo de toda la historia. Será Jesucristo el que vuelva a decirnos “¿Dónde estás?” vinculando a la divinidad con la humanidad para siempre.

10“Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí”.

Ante la evidencia de su falta el hombre asume por vez primera una actitud responsable. Decide empezar a decir la verdad. “Esta es mi situación, por eso estoy escondido”. La desnudez humana, en la mentalidad del ser pecador, debe ocultarse… porque sino todos miran mis intenciones torcidas. No se trata del “pudor”, se trata de que los “taparrabos” (las vestiduras del rey Salomón), por más bien hechos que estén, no pueden nunca tapar la podredumbre interna. El hombre, aunque lo disimule, siempre está desnudo delante de Dios.

11El replicó: “¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?”.

Dios se da cuenta de todo. Ahora sabe muy bien que su ley ha sido violada. Es que el hombre ya no es, ni volverá a ser el mismo que él ha creado. El conocimiento de las cosas y su utilización sin responsabilidad solo lleva a perder la identidad, a necesitar escondernos.

12El hombre respondió: “La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él”. 13El Señor Dios dijo a la mujer: “¿Cómo hiciste semejante cosa?”. La mujer respondió: “La serpiente me sedujo y comí”.

Aquí comienza la cadena de “favores”. Cuando no hacemos las cosas bien empezamos a mirar para todos lados y así echarle la culpa a los demás. Si un joven tiene buena nota en un examen dice: “me saqué un diez”. Si tiene mala nota dice: “me pusieron un uno”. Cuando las cosas van bien somos nosotros, y nadie más que nosotros, los que hicimos correctamente todo. Cuando las cosas nos van mal, son los demás los culpables de esa maldad. Del hombre a la mujer, de la mujer a la serpiente… la culpa se remonta rió arriba buscando alguien que se quede con ella… imaginemos a la serpiente mirando para ambos lados buscando a quién culpar y darse cuenta que, en la cadena, ya no queda nadie. El autor yavista muestra hasta que punto nuestra psicología no ha cambiado para nada.

14Y el Señor Dios dijo a la serpiente: “Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. 15Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. El te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón”.

Esta condenación a la serpiente es solo una búsqueda de explicar “etiológicamente” la situación actual del reptil. Muchos dicen que las serpientes tenían alas antes de la caída original (contrariando la evolución biológica: de nuevo hay que decirlo: el relato no puede concordarse con la ciencia… este relato es “religioso” y no “científico”). Maurice de Concagnac[14] nos dice:

La antigua iconografía de Oriente revela la existencia de seres compuestos, que poseen un cuerpo de serpiente y están dotados de alas. (Cf. Is 6, 2)

Un ejemplo en Egipto[15]:

 

No es difícil de imaginar que entre tanta iconografía de serpientes aladas (en el actual México está la representación de quetzacoatl, una serpiente alada) el yavista observara que las imágenes mostraban no solo la representación de otras religiones, probablemente muchas de ellas traídas por las mujeres de Salomón, sino que también mostraban algo que no ocurría en la realidad: las serpientes no tienen alas. Entonces la pregunta: ¿si las religiones paganas dicen que las serpientes tiene alas por qué nunca vemos una serpiente con alas (salvo en sus esculturas)? La respuesta: Por el pecado en el origen de los tiempos las serpientes perdieron su capacidad de volar (que es lo mismo que decir que perdieron capacidad de relacionarse con las cosas altas y divinas) para ser solamente seres que se arrastran por el suelo. Vemos como se quita contenido “mitológico” a estos animales porque se nos sitúan, en primer lugar, como animales comunes y silvestres y, en segundo lugar, se los muestra como desposeídos de sus atributos espirituales.

La lucha final es una constatación de la vida diaria: las serpientes muerden los talones de los desprevenidos caminantes y la gente, por miedo, las mata pegándoles e la cabeza.

16Y el Señor Dios dijo a la mujer: “Multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos; darás a luz a tus hijos con dolor. Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará”. 17Y dijo al hombre: “Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida. 18El te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo. 19Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!”. 20El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes. 21El Señor Dios hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de pieles y los vistió. 22Después el Señor Dios dijo: “El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que ahora extienda su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre”. 23Entonces expulsó al hombre del jardín de Edén, para que trabajara la tierra de la que había sido sacado. 24Y después de expulsar al hombre, puso al oriente del jardín de Edén a los querubines y la llama de la espada zigzagueante, para custodiar el acceso al árbol de la vida.

Esta parte final nos muestra, también, la situación de la mujer en la vida cotidiana de Israel… el autor no legitimiza que la mujer sea considerada como objeto, o sea dominada. Solamente constata esta realidad y la explica por esta falta original de los comienzos. “Son las consecuencias del pecado”, pareciera decir.

 

El Vocabulario de teología bíblica (Ed. X. Léon-Dufour), Herder, Barcelona 198513 nos habla de Eva, de la fecundidad en la mujer y de la imagen de la mujer en el AT, leamos:

Los tres primeros capítulos del Génesis constituyen como un prólogo al conjunto del Pentateuco. Pero no tienen una sola procedencia; fueron escritos en dos tiempos y por dos redactores sucesivos, el yahvista (Gén 2-3) y el sacerdotal (Gén 1). Por otra parte sorprende bastante comprobar que no dejaron la menor huella en la literatura hasta el siglo II antes de J.C. entonces, como causa de la muerte del hombre, el Eclesiástico denuncia a la mujer (Eclo 25, 24), y la Sabiduría, al diablo (Sap 2, 24). Sin embargo, estos mismos relatos condensan una experiencia secular, lentamente elaborada, algunos de cuyos elementos se pueden descubrir en la tradición profética y sapiencial. (Pág. 46).

En 1Cor 15, 54-49 opone Pablo vivamente los dos tipos según los cuales estamos constituidos; el primer hombre, Adán, fue hecho alma viva, terrena, psíquica; “el último Adán es un espíritu que da la vida”, pues es celestial, espiritual. Al cuadro de los orígenes corresponde el del fin de los tiempos, pero un abismo separa la segunda creación de la primera, lo espiritual de lo carnal, lo celestial de lo terrenal.

En Rm 5, 12-21, dice Pablo explícitamente que Adán era “la figura del que debía venir”. Apoyándose en la convicción de que el acto del primer Adán tuvo un efecto universal, la muerte (cf. 1Cor 15, 21s), afirma asimismo la acción redentora de Cristo, segundo Adán. Pero marca netamente las diferencias: en Adán, la desobediencia, la condenación y la muerte; en Jesucristo, la obediencia, la justificación y la vida. Además, por Adán entró el pecado en el mundo; por Cristo, sobreabundó la gracia, cuya fuente es él mismo.

Finalmente, la unión fecunda de Adán y Eva, anunciaba la unión de Cristo y de la Iglesia; ésta, a su vez, viene a ser el misterio en que se funda el matrimonio cristiano (Ef 5, 25-33; cf. 1Cor 6, 16).  (Pág. 47).

II. LAS PERVERSIONES DEL DESEO. El deseo, por ser algo esencial y que no se puede desarraigar, puede ser para el hombre una tentación permanente y peligrosa. Si Eva pecó, fue por dejarse seducir por el árbol prohibido, que era “bueno para comerse, hermoso a la vista” (Gén 3, 6). La mujer, por haber así cedido a su deseo, en adelante será víctima del deseo que la impulsa hacia su marido y sufrirá la ley del hombre (3, 16). En la humanidad es el pecado como un deseo selvático pronto a saltar y que hay que tener a raya con la fuerza (4, 7). Este deseo desencadenado es la apetencia o concupiscencia, “concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos, soberbia de la riqueza” (1Jn 2, 16; cf. Sant 1, 14s) y su reino en la humanidad es el mundo, reino de Satán.

La Biblia, historia del hombre, está llena de estos deseos que arrastran al hombre; como palabra de Dios describe sus funestas consecuencias. En el desierto, Israel, que sufría de hambre, en lugar de alimentarse de la fe en la Palabra de Dios (Dt 8, 1-5), no piensa sino en llorar por las carnes de Egipto y en echarse sobre las codornices, y los culpables perecen, víctimas de su concupiscencia (Núm 11, 4. 34). David, cediendo a su deseo, se apodera de Betsabé (2 Sam 11, 2ss), desencadenando una serie de ruinas y de pecados. Ajab, por haber seguido el consejo de Jezabel y cedido así a su deseo despojando a Nabot de su viña, condena a muerte a su dinastía (1 Re 21), los dos ancianos desean a Susana “hasta perder la cabeza” (Dan 13, 8. 20) y pagan con su vida este pecado.

La ley, todavía más categóricamente, apuntando al corazón, fuente de pecado, prohíbe el deseo culpable: “No codiciarás la casa… la mujer… de tu prójimo” (Éx 20, 17). Jesús no creará esta exigencia, sino que revelará su alcance (Mt 5, 28). (Pág 224-225)

FECUNDIDAD 

Dios, cuya plenitud sobreabundante es fecundidad por encima de toda medida, creó a Adán a su imagen, a la imagen del Hijo único que por sí solo agota la fecundidad divina y eterna.

Para realizar este misterio el hombre, al transmitir la vida comunica al curso del tiempo su propia imagen, sobreviviendo así en las generaciones.

  • I. EL LLAMAMIENTO A LA FECUNDIDAD. En el fondo de las edades resuena sin cesar el llamamiento de Dios: “¡Crezcan y multiplíquense!”, y la criatura va llenando la tierra.
  • 1. La orden y la bendición. Dios, al llamar da la forma de responder. Tal es el sentido de la bendición que, después de haber invadido la tierra, las plantas y los animales, da a l hombre y a la mujer el encargo de “crear” seres a su propia imagen. Gozo de la fecundidad que se expresa por Eva, la madre de los vivientes, en el momento de su primer parto: “He obtenido un hijo de Yahvé” (Gén 4, 1). El libro del Génesis es la historia de las generaciones del hombre: genealogías, anécdotas, nacimientos deseados, difíciles, imposibles, proyectos de matrimonio, una verdadera carrera en la procreación. Es como una sinfonía desarrollando el acorde fundamental fijado por el Señor al alborear los tiempos… el Señor va marcando esta historia con bendiciones que, además de la tierra prometida, anuncian una “posteridad tan numerosa como las estrellas del cielo y como las arenas a orillas del mar” (Gén 22, 17). Lo mismo sucedería a la Jerusalén de después del exilio, que ve a sus hijos venir hacia ella desde lejos (Is 49, 21; 54, 1ss; 60,15; 62, 4). (Pág. 334-335)

 

MADRE

La madre, dando la vida, ocupa un puesto distinguido en la existencia ordinaria de los hombres y también en la historia de salvación.

I. LA MADRE DE LOS HUMANOS. La que da la vida debe ser amada, pero el amor que se le tiene debe también transfigurarse, a veces hasta el sacrificio, a ejemplo de Jesús.

1. El llamamiento a la fecundidad. Adán, al llamar a su mujer “Eva” significa su vocación de “madre de los vivientes” (Gén 3, 20). El Génesis narra cómo se realizó esta vocación a pesar de las más desfavorables circunstancias. Así Sara recurre a una estratagema (16, 1s), las hijas de Lot a un incesto (19, 30-38), Raquel a un chantaje: “Dame hijos, porque si no, me muero”, grita a su marido; pero Jacob confiesa que no puede ponerse en el puesto de Dios (30, 1s). En efecto, sólo Dios que puso en el corazón de la mujer el deseo imperioso de ser madre, es el que abre y cierra el seno materno: sólo él puede triunfar de la esterilidad (1Sa 1, 2-2, 5).

2. La madre en el hogar. La mujer, una vez madre, salta de júbilo. Así Eva en su primer parto: “Por Yahvé he adquirido un hombre” (Gén 4, 1), júbilo que se perpetuará en el nombre de Caín (de la raíz hebrea “adquirir”). Asimismo “Isaac” evoca la risa de Sara en la ocasión de este nacimiento (Gén 21, 6), y “José” la esperanza que abriga Raquel de tener todavía otro hijo (30, 24). Por su maternidad no sólo entra en la historia de la vida, sino que inspira a su esposo un afecto más estrecho (Gén 29, 34). Finalmente como lo proclama el decálogo, debe ser respetada por sus hijos al igual que el padre (Éx 20, 12): las faltas para con ella merecen el mismo castigo (Éx 21, 17; Lev 20, 9; Dt 21, 18-21). Los Sapienciales insisten a su vez en el deber del respeto para con  la madre (Prov 19, 26; 20, 20; 23, 22; Ecllo 3, 1-16), añadiendo que se la debe escuchar y que se deben seguir sus instrucciones (Prov 1, 8).

3. La reina madre. Una misión particular parece incumbir a la madre del rey, única que, a diferencia de la esposa, goza de un honor particular cerca del príncipe reinante. Se la llama la “gran señora”: así a Betsabé (1Re 2, 19; cf. 1Re 15, 31; 2Par 15, 16) o Atalia (2Re 11, 1s). este uso podría esclarecer la aparición de la maternidad en el marco del mesianismo regio; no carece de interés señalar la misión de la madre de Jesús, que ha venido a ser para la piedad “nuestra Señora”.

4. El sentido profundo de la maternidad. Con la venida de Cristo no se suprime el deber de piedad filial, sino que se le da cumplimiento: la catequesis apostólica lo mantiene claramente (Col 3, 20s; Ef 6, 1-4); Jesús truena contra los fariseos que lo eluden con vanos pretextos culturales (Mt 15, 4-9p). sin embargo, desde ahora, por amor a Jesús hay que saber rebasar la piedad filial coronándola con la piedad para con Dios mismo. Cristo vino a “separar a la hija de la madre” (Mt 10, 35) y promete el céntuplo a quien deje por él a su padre o a su madre (Mt 19, 29). Para ser digno de él hay que ser capaz de “odiar a su padre y a su madre” (Lc 14, 26), es decir, de amar a Jesús más que a los propios padres (Mt 10, 37).

Jesús mismo dio ejemplo de este sacrificio de los vínculos maternos. De 12 años, en el templo, reivindica frente a su madre el derecho a entregarse a los asuntos de su Padre (Lc 2, 49s). en Caná  si bien otorga finalmente lo que le pide su madre, le da, sin embargo, a entender que no tiene ya por qué intervenir cerca de él, sea porque no ha sonado todavía la hora de su ministerio público, sea porque no ha llegado aún la hora de la cruz (Jn 2, 4). Pero si Jesús se distancia así de su madre, no es porque desconozca su verdadera grandeza; por el contrario, la revela en la fe de María. “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”, y señala con la mano a sus discípulos (Mt 12, 48ss); a la mujer que admiraba la maternidad carnal de María le insinúa incluso que ella misma es la fiel por excelencia, escuchando la Palabra de Dios y poniéndola en práctica (Lc 11, 27s). Jesús extiende esta maternidad de orden espiritual a todos sus discípulos cuando desde lo alto de la cruz dice al discípulo amado: “He ahí a tu madre” (Jn 19, 26s).

II. LA MADRE EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN. Las características de la madre se descubren, traducidas metafóricamente, ya para expresar una actitud divina, ya en el orden mesiánico, o para expresar la fecundidad de la Iglesia.

1. Ternura y sabiduría divina. Hay en Dios tal plenitud de vida que Israel le da los nombres de padre y de madre. Para expresar la misericordiosa ternura de Dios, rahamim designa las entrañas maternas y evoca la emoción visceral que experimenta la madre para con sus hijos (Sal 25, 6; 116, 5). Dios nos consuela como una madre (Is 66, 13), y si una madre fuera capaz de olvidar al hijo de sus entrañas, él no olvidará jamás a Israel (49, 15): Así Jesús que quiere reunir a los hijos de Jerusalén (Lc 13, 34).

La sabiduría, que es la palabra de Dios encargada de realizar sus designios (Sab 18, 14s) saliendo de su misma boca (Eclo 24, 3), se dirige a sus hijos como una madre (Prov 8-9), recomendándoles sus instrucciones, alimentándolos con el pan de la inteligencia, dándoles a beber su agua  (Eclo 15, 2s), reconociendo en Jesús al que desempeña su papel: “Quién viene a mí no tendrá jamás hambre, quién creyere en mí no tendrá jamás sed” (Jn 6, 35; cf. 8, 47).

2. La madre del Mesías. El protoevangelio anuncia ya que es madre la mujer cuya prosperidad aplantará la cabeza de la serpiente (Gén 3, 15). Luego, en los relatos de esterilidad hecha fecunda por Dios, las mujeres que dieron posteridad a los patriarcas prefiguran remotamente a la virgen madre. Esta concepción virginal se insinúa en las profecías del Emmanuel (Is 7, 14) y de la que debe dar a luz (Miq 5, 2); en todo caso los evangelistas reconocieron aquí la profecía cumplida en Jesucristo (Mt 1, 23; Lc 1, 35s).

3. La madre de los pueblos. Jerusalén es la ciudad madre por excelencia (cf. 2Sam 20, 19), de la que los habitantes obtiene alimento y protección. De ella sobre todo derivan la justicia y el conocimiento de Yahvé. Como Rebeca, a quién se desea se multiplique en miles de miríadas (Gén 24, 60), vendrá a ser madre de todos los pueblos: “A Sión dicen todos: ´Madre`, pues todos han nacido en ella” (Sal 87, 5), ya sean de Israel o de las naciones. Después del castigo que la ha alejado de su esposo la vemos de nuevo colmada: “Lanza gritos de alegría estéril, la sin hijos…, porque los hijos de la abandonada son más numerosos que los hijos de la que tiene esposo” (Is 54, 1; Gál 4, 22-30). Hacia ella se lanzan “como palomas hacia el palomar” todos los pueblos de la tierra (Is 2, 1-5; 60, 1-8).

Pero Jerusalén, replegándose sobre sí misa, desechando a Cristo, fue infiel a esa maternidad espiritual (Lc 19, 41-44), y sus hijos podrán volverse contra ella para reprochárselo (cf. Os 2, 4). Por eso será suplantada por otra Jerusalén, la de lo alto, que es verdaderamente nuestra madre (Gál 4, 26), que desciende del cielo, de junto a Dios (Ap 21, 2). Esta ciudad  nueva es la Iglesia, que engendra a sus hijos para la vida de hijos de Dios; es también cada comunidad cristiana en particular (2Jn 1). Está destinada a dar a Cristo la plenitud de su cuerpo y a reunir a todos los pueblos en el Israel espiritual (Ef 4, 13).

Loa apóstoles, participando de esta maternidad, son instrumentos de esta fecundidad, gozosa a través del dolor (cf. Jn 16, 20ss). Pablo dice a sus queridos gálatas que los engendra hasta que Cristo esté formado en ellos (Gál 4, 19), y recuerda a los tesalonicenses que los ha rodeado de cuidados como una madre que alimenta a sus hijos (1Tes 2, 7s). pero esta maternidad no vale sino por la de la mujer que vive sin cesar en los dolores y en el gozo del parto, figura tras la cual se perfilan todas las madres desde Eva, madre de los vivientes, hasta la Iglesia, madre de los creyentes, pasando por la madre de Jesús, María, nuestra madre (Ap 12). (Pág. 497-99).

 

V. MARÍA Y LA IGLESIA. Los datos precedentes se pueden reunir y prolongar en una breve síntesis de teología bíblica.

1. La Virgen. María, creyente tipo, llamada a la salvación en la fe por la gracia de Dios, rescatada por el sacrificio de su hijo como todos los miembros de nuestra raza, ocupa, sin embargo, un puesto aparte en la Iglesia. En ella vemos el misterio de la Iglesia vivido en su plenitud por un alma que acoge la palabra divina con toda su fe. La Iglesia es la esposa de Cristo (Ef 5, 32), una esposa virgen (cf. Ap 21, 2, a la que Cristo mismo santificó purificándola (Ef 5, 25ss). Toda alma cristiana, participando en esta vocación, “se desposa con Cristo como una virgen pura” (2Cor 11, 2). Ahora bien, la fidelidad de la Iglesia a este llamamiento divino se transparenta primeramente en María., y esto en la forma más perfecta. Es todo el sentido de la virginidad, a la que Dios la ha invitado y que su maternidad no ha disminuido, sino consagrado. En ella se revela así al nivel de la historia, la existencia de esta Iglesia Virgen, que con su actitud adopta la posición opuesta a la de Eva (cf. 2Cor 11, 3).

2. La Madre. Además, respecto a Jesús se halla María en una situación especial que no pertenece a ningún otro miembro de la Iglesia. Es la madre; es el punto de la humanidad en que se realiza el parto del Hijo de Dios. Esta función es la que permite asimilarla a la hija de Sión (Sof 3, 14; Lc 1, 28), a la nueva Jerusalén, en su función materna. Si la nueva humanidad es comparable a la mujer, cuyo primogénito es Cristo cabeza (Ap 12, 5), ¿se podrá que tal misterio se cumplió concretamente en María, que esta mujer y esta madre no es un puro símbolo, sino que gracias a María ha tenido una existencia personal? Todavía en este punto, el nexo de María y de la Iglesia se afirma con tal fuerza que, tras la mujer arrebatada por Dios a los ataques de la serpiente (Ap 12, 13-16), contrapartida de Eva engañada por la misma serpiente (2Cor 11, 3; Gén 3, 13), se perfila María al mismo tiempo que la Iglesia, puesto que tal fue su misión en el designio de la salvación. Por eso la tradición ha visto con toda razón en María y en la Iglesia, conjuntamente, a la “nueva Eva”, así como Jesús es el “nuevo Adán”. (Pág 512-513).

 

MUJER

En los códigos de Israel, como en los del antiguo Oriente Medio, la condición de la mujer sigue siendo la de una menor de edad: su influencia queda vinculada a su función maternal. Pero Israel se distingue por su fe en Dios creador, que afirma la igualdad fundamental de los dos sexos. Sin embargo, la verdadera situación de la mujer sólo fue revelada con la venida de Cristo; en efecto, si según el orden de la nueva creación puede también realizarse por la virginidad.

AT. ESPOSA Y MADRE.

1. En el paraíso terrenal. Los sexos son un dato fundamental de la naturaleza humana: “el hombre fue creado como varón y hembra” (Gén 1, 27). Esta fórmula abreviada del redactor sacerdotal supone el relato yahvista, en el que se expone la doble misión de la mujer con relación al hombre.

La mujer, a diferencia de los animales, tomada de lo más íntimo de Adán, tiene la misma naturaleza que él: tal es la comprobación del hombre delante de la criatura que Dios le presenta. Además, Adán, respondiendo al designio divino de darle “una ayuda semejante a él” (2, 18), se reconoce en ella; al nombrarla se da un nombre a sí mismo: ante ella, él no es sencillamente Adán: él es ish, y ella, isshah. En el plano de la creación, la mujer completa al hombre, haciéndolo su esposo. Esta relación hubiera debido mantenerse perfectamente igual en la diferencia, pero el pecado la desnaturalizó sometiendo la esposa a su marido (3, 16).

La mujer no sólo da principio a la vida de sociedad; es también la madre de todos los vivientes. Al paso que numerosas religiones asimilan fácilmente la mujer a la tierra, la Biblia la identifica más bien con la vida: la mujer es, según el sentido de su nombre de naturaleza, Eva “la viviente” (3, 20). Si por causa del pecado no transmite la vida sino a través del sufrimiento (3, 16), sin embargo, triunfa de la muerte facilitando la perpetuidad de la raza; y para mantenerse en esta esperanza sabe que un día su posteridad aplastará la cabeza de la serpiente, que es el enemigo hereditario (3, 15).

2. En la historia sagrada. Mientras llega este día bendito, la misión de la mujer queda limitada. Desde luego, en casa sus derechos parecen igualar a los del hombre, por lo menos respecto a los hijos, a los que ella educa; pero la ley la mantiene en segundo rango. La mujer no participa oficialmente del culto; aunque también pueda regocijarse públicamente durante las fiestas (Éx 15, 20s; Dt 12, 12; Jue 21, 21; 2Sam 6), sin embargo, no ejerce función sacerdotal; las peregrinaciones prescritas sólo obligan a los hombres (Éx 23, 17); la esposa está incluso autorizada a dedicarse a las ocupaciones domésticas el día sábado (Éx 20, 10). Fuera del culto pone la ley mucho empeño en proteger a la mujer, sobre todo en su esfera propia, la vida; ¿no es ella misma la presencia de la vida fecunda acá abajo (p. e., Dt 25, 5-10? El hombre debe respetarla en su ritmo de existencia (Lev 20, 18); hasta tal punto la respeta que le exige un ideal de fidelidad en el matrimonio, al que él mismo no se sujeta.

En el transcurso de la historia de la alianza, ciertas mujeres desempeñaron una misión importante, tanto para el bien como para el mal. Las mujeres extranjeras desviaron el corazón de Salomón hacia sus dioses (1Re 11, 1-8; cf. Eclo 7, 26; Eclo 47, 19); Jezabel revela el poder de una mujer sobre la religión y la moral de su esposo (1Re 18, 13; 19, 1s; 21, 25s); se da el caso de niños que conocen la lengua de su madre y “ya no saben hablar judío” (Neh 13, 23s). la mujer parece disponer a su arbitrio de la vida religiosa que ella no ejerce oficialmente en el culto. Al revés al lado de estos ejemplos nos hallamos con las mujeres de los patriarcas que muestran su laudable entusiasmo por la fecundidad. Tenemos también a las heroínas: mientras les está vedado el acceso al culto, el espíritu de Yahvé invade a algunas de ellas, transformándolas al igual que a los hombres en profetisas, mostrando que sus exo no es un obstáculo para la irrupción del Espíritu: así Miriam (Éx 15, 20s), Débora y Yael (Jue 4, 4-5. 31), Hulda (2Re 22, 14-20).

3. En la reflexión de los sabios. Raras, pero no menos tiernas, son las máximas sobre las mujeres atribuidas a mujeres (Prov 31, 1-9); el retrato bíblico de la mujer está firmado por hombres; si no es siempre halagüeño, no se puede decir que sus autores sean misóginos. La severidad del hombre para con la mujer es el precio de la necesidad que tiene de ella. Así describe su sueño: “hallar una mujer es hallar la felicidad” (Prov 18, 22; cf. 5, 15-18), es tener “una ayuda semejante a sí mismo”, un apoyo sólido, una cerca para sus posesiones, un nido contra la invitación al extravío (Eclo 36, 24-27); es hallar, además de la fuerza masculina que le hace orgulloso, la gracia personificada (Prov 11, 16); pero ¿qué decir si tal mujer es además valiente (Prov 12, 4; 31, 10-31)? Basta recordar la descripción de la esposa en el Cantar de los cantares (Cant 4, 1-5; 7, 2-10).

Más el hombre que tiene experiencia teme la fragilidad esencial de su compañera. La belleza no basta (Prov 11, 22); es incluso peligrosa cuando se une con la astucia de una Dalila (Jue 14, 15ss; 16, 4-21), cuando seduce al hombre sencillo (Eclo 9, 1-9; cf. Gén 3, 6). Las hijas no dan pocas preocupaciones a sus padres (Eclo 42, 9ss); el hombre que se permite no pocas libertades fuera de la mujer de sus años jóvenes (cf. Prov 5, 15-20), teme la versatilidad de la mujer, su propensión al adulterio (Eclo 25, 13-26, 18); deplora que la mujer se muestre vanidosa (Is 3, 16-24), “loca” (Prov 9, 13-18; 19, 14; 11, 22), pendenciera, desapacible y mohína (Prov 19, 13; 21, 9. 19; 27, 15s).

No habría que limitar a estos cuadros de costumbre la inteligencia que los sabios tenían de la mujer. Ésta es, en efecto, figura de la sabiduría divina (Prov 8, 22-31); manifiesta además la fuerza de Dios, que se sirve de instrumentos débiles para procurar su gloria. Ya Ana magnificaba al Señor de los humildes (1Sam 2); Judit muestra, como profetisa en funciones, que todos pueden contar con la protección de Dios; su belleza, su prudencia, su habilidad, su valor y su castidad en la viudez hacen de ella un tipo cabal de la mujer según el designio de Dios en el AT. (Pág. 568-70).

 

(Para saber más sobre el pecado original)

 

Textos del Catecismo y del Papa Benedicto XVI sobre el pecado original:

Precisamente  en  la  fiesta  de  la  Inmaculada Concepción brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca para nada, en el fondo es aburrida; que le falta algo en su vida:  la dimensión dramática de ser autónomos; que la libertad de decir no, el bajar a las tinieblas del pecado y querer actuar por sí mismos forma parte del verdadero hecho de ser hombres; que sólo entonces se puede disfrutar a fondo de toda la amplitud y la profundidad del hecho de ser hombres, de ser verdaderamente nosotros mismos; que debemos poner a prueba esta libertad, incluso contra Dios, para llegar a ser realmente nosotros mismos. En una palabra, pensamos que en el fondo el mal es bueno, que lo necesitamos, al menos un poco, para experimentar la plenitud del ser.

Pensamos que Mefistófeles -el tentador- tiene razón cuando dice que es la fuerza “que siempre quiere el mal y siempre obra el bien” (Johann Wolfgang von Goethe, Fausto I, 3). Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, e incluso que es necesario.

Pero al mirar el mundo que nos rodea, podemos ver que no es así, es decir, que el mal envenena siempre, no eleva al hombre, sino que lo envilece y lo humilla; no lo hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo empequeñece. En el día de la Inmaculada debemos aprender más bien esto: el hombre que se abandona totalmente en las manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la amplitud grande y creativa de la libertad del bien. El hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace grande, se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. El hombre que se pone en manos de Dios no se aleja de los demás, retirándose a su salvación privada; al contrario, sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y él se transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta.

Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Lo vemos en María. El hecho de que está totalmente en Dios es la razón por la que está también tan cerca de los hombres. Por eso puede ser la Madre de todo consuelo y de toda ayuda, una Madre a la que todos, en cualquier necesidad, pueden osar dirigirse en su debilidad y en su pecado, porque ella lo comprende todo y es para todos la fuerza abierta de la bondad creativa.

En ella Dios graba su propia imagen, la imagen de Aquel que sigue la oveja perdida hasta las montañas y hasta los espinos y abrojos de los pecados de este mundo, dejándose herir por la corona de espinas de estos pecados, para tomar la oveja sobre sus hombros y llevarla a casa.

Como Madre que se compadece, María es la figura anticipada y el retrato permanente del Hijo. Y así vemos que también la imagen de la Dolorosa, de la Madre que comparte el sufrimiento y el amor, es una verdadera imagen de la Inmaculada. Su corazón, mediante el ser y el sentir con Dios, se ensanchó. En ella, la bondad de Dios se acercó y se acerca mucho a nosotros. Así, María está ante nosotros como signo de consuelo, de aliento y de esperanza. Se dirige a nosotros, diciendo: ”Ten la valentía de osar con Dios. Prueba. No tengas miedo de él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la bondad. Ten la valentía de arriesgar con el corazón puro. Comprométete con Dios; y entonces verás que precisamente así tu vida se ensancha y se ilumina, y no resulta aburrida, sino llena de infinitas sorpresas, porque la bondad infinita de Dios no se agota jamás”.

En este día de fiesta queremos dar gracias al Señor por el gran signo de su bondad que nos dio en María, su Madre y Madre de la Iglesia. Queremos implorarle que ponga a María en nuestro camino como luz que nos ayude a convertirnos también nosotros en luz y a llevar esta luz en las noches de la historia. Amén.[16]

Catecismo de la Iglesia Católica:

385 Dios es infinitamente bueno y todas sus obras son buenas. Sin embargo, nadie escapa a la experiencia del sufrimiento, de los males en la naturaleza -que aparecen como ligados a los límites propios de las criaturas-, y sobre todo a la cuestión del mal moral. ¿De dónde viene el mal? “Quaerebam unde malum et non erat exitus” (”Buscaba el origen del mal y no encontraba solución”) dice S. Agustín (conf. 7,7.11), y su propia búsqueda dolorosa sólo encontrará salida en su conversión al Dios vivo. Porque “el misterio de la iniquidad” (2 Ts 2,7) sólo se esclarece a la luz del “Misterio de la piedad” (1 Tm 3,16). La revelación del amor divino en Cristo ha manifestado a la vez la extensión del mal y la sobreabundancia de la gracia (cf. Rm 5,20). Debemos, por tanto, examinar la cuestión del origen del mal fijando la mirada de nuestra fe en el que es su único Vencedor (cf. Lc 11,21-22; Jn 16,11; 1 Jn 3,8).

I Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

La realidad del pecado

386 El pecado está presente en la historia del hombre: sería vano intentar ignorarlo o dar a esta oscura realidad otros nombres. Para intentar comprender lo que es el pecado, es preciso en primer lugar reconocer el vínculo profundo del hombre con Dios, porque fuera de esta relación, el mal del pecado no es desenmascarado en su verdadera identidad de rechazo y oposición a Dios, aunque continúe pesando sobre la vida del hombre y sobre la historia.

387 La realidad del pecado, y más particularmente del pecado de los orígenes, sólo se esclarece a la luz de la Revelación divina. Sin el conocimiento que ésta nos da de Dios no se puede reconocer claramente el pecado, y se siente la tentación de explicarlo únicamente como un defecto de crecimiento, como una debilidad sicológica, un error, la consecuencia necesaria de una estructura social inadecuada, etc. Sólo en el conocimiento del designio de Dios sobre el hombre se comprende que el pecado es un abuso de la libertad que Dios da a las personas creadas para que puedan amarle y amarse mutuamente.

El pecado original: una verdad esencial de la fe

388 Con el desarrollo de la Revelación se va iluminando también la realidad del pecado. Aunque el Pueblo de Dios del Antiguo Testamento conoció de alguna manera la condición humana a la luz de la historia de la caída narrada en el Génesis, no podía alcanzar el significado último de esta historia que sólo se manifiesta a la luz de la Muerte y de la Resurrección de Jesucristo (cf. Rm 5,12-21). Es preciso conocer a Cristo como fuente de la gracia para conocer a Adán como fuente del pecado. El Espíritu-Paráclito, enviado por Cristo resucitado, es quien vino “a convencer al mundo en lo referente al pecado” (Jn 16,8) revelando al que es su Redentor.

389 La doctrina del pecado original es, por así decirlo, “el reverso” de la Buena Nueva de que Jesús es el Salvador de todos los hombres, que todos necesitan salvación y que la salvación es ofrecida a todos gracias a Cristo. La Iglesia, que tiene el sentido de Cristo (cf. 1 Cor 2,16) sabe bien que no se puede lesionar la revelación del pecado original sin atentar contra el Misterio de Cristo.

Para leer el relato de la caída

390 El relato de la caída (Gn 3) utiliza un lenguaje hecho de imágenes, pero afirma un acontecimiento primordial, un hecho que tuvo lugar al comienzo de la historia del hombre (cf. GS 13,1). La Revelación nos da la certeza de fe de que toda la historia humana está marcada por el pecado original libremente cometido por nuestros primeros padres (cf. Cc. de Trento: DS 1513; Pío XII: DS 3897; Pablo VI, discurso 11 Julio 1966).